sábado, 28 de febrero de 2009

Casualidades de la vida: el día de Adolphe Nourrit


Resulta que tal día como hoy en 1828 se estrenó en la Ópera de París La Muette de Portici, de Daniel François Esprit Auber. Resulta que nunca hasta ahora había escuchado nada de esta obra, o si lo había hecho debo reconocer que lo he olvidado, y para suplir nuestras carencias como operófilos tenemos a nuestra disposición el youtube. Resulta que leo por ahí que lo más destacable de esta ópera es el aria Du pauvre seul ami fidéle, que fue interpretada por el legendario tenor Adolphe Nourrit en el estreno de la obra. Resulta que la escucho cantada por William Mateuzzi y me parece una maravilla y decido que esto tengo que traerlo por el blog para que lo podáis escuchar.


Vídeo de Meyerbeer1

Resulta que también tal día como hoy, aunque unos años más tarde, en 1836, se estrenó Les Huguenots, de Giacomo Meyerbeer. Resulta que en aquel estreno, cantando el papel de Raoul de Nangis estaba también Adolphe Nourrit. Resulta que tampoco he escuchado nunca Les Huguenots, aunque de esta sí he escuchado fragmentos muchas veces. Resulta que decido volver a usar el youtube para tratar de paliar mi ignorancia y me encuentro con Nicolai Gedda y Rita Shane cantando el dúo Beauté divine enchanteresse así de bien y pienso: otro vídeo para compartir en el blog.


Vídeo de gruberovito

Resulta que hoy también hay otro aniversario, el del nacimiento de Gioachino Rossini en 1792. Resulta que muchos de los papeles de tenor de las óperas francesas de Rossini fueron estrenados por Adolphe Nourrit: el Néocles de Le siège de Corinthe, el Aménophis de Moïse et Pharaon, el papel titular de Le comte Ory y el Arnold de Guillaume Tell, cuya aria Asile hereditaire vamos a escuchar interpretada, no sin notorias dificultades, por el valiente Marcello Giordani, un tenor que ha aparecido un par de veces en los carteles del Palau de les Arts pero ninguna en el escenario.


Vídeo de Arsace86

miércoles, 25 de febrero de 2009

20th Century Classics


Así se llama una serie de discos que ha lanzado EMI a un precio suculento (7,99 euros el pack de dos CDs, o al menos eso es lo que yo he pagado). Cada disco, o mejor dicho, cada par de discos está dedicado a un autor del siglo XX, del que se han seleccionado una serie de obras -no temáis, no hay highlights, las obras aparecen siempre completas. Las versiones elegidas corren a cargo de grandes directores (Rattle, Mackerras, Karajan, Sawalisch...) y cuentan con solistas solventes, tanto en las piezas instrumentales como en las cantadas. Una gran oportunidad para acercarse a un repertorio poco frecuentado y al que hay que perderle el miedo.

Por el momento, en la megatienda donde he estado esta tarde he visto los discos dedicados a Falla, Rodrigo, Tavener, Pärt, Henze y Janácek. Los tres últimos ya están en mi poder, y por lo que he podido escuchar ha sido una muy buena compra.

En el disco dedicado a Henze encontramos dos sinfonías (la 7ª en versión Rattle/City of Birmingham Symphony Orchestra y la 9ª en versión Metzmacher/Berliner Philarmoniker), la Barcarola (Rattle/Birmingham) y las Tres Canciones con textos de Auden cantadas por Ian Bostridge con Julius Drake al piano. Escuchemos la primera de estas canciones, In Memoriam L.K.A.


Vídeo de nickthetoast

Tanto Rattle como Bostridge también aparecen en el disco dedicado a Janácek, el primero dirigiendo la Sinfonietta (Philarmonia Orchestra) y la Misa Glagolítica (Birmingham) y el segundo cantando el Diario de un desaparecido. Junto a estas piezas podemos encontrar el Concertino (Mackerras/Rudy/Solistas de la Opéra National de Paris), la Sonata para violín (Amoyal/Rudy), el Capriccio (Rudy/Mackerras) y una serie de piezas para piano a cargo de Thomas Adès. Escuchemos ahora el primer movimiento de la Sinfonietta.


Vídeo de kaiserkill

El disco dedicado a Pärt está compuesto por multitud de piezas cortas (entre ellas el De Profundis que ya escuchamos hace un tiempo en otra entrada), destacando entre ellas su Stabat Mater (Taverner Consort/Fretwork/Parrott), la Missa Syllabica (Kaljuste/Orquesta Sinfónica Estonia) y dos obras instrumentales, Nekrolog y su 1ª Sinfonía (Järvi/Real Filarmónica de Estocolmo). Escuchemos una de las piezas que también aparecen en el disco, O Weisheit', una de las siete antífonas de su Magnificat.


Vídeo de gppkoq

lunes, 23 de febrero de 2009

Ay pena, penita, pena



Decía yo, en mi ingenuidad, que intentaría volver a ver Das Rheingold o Die Walküre cuando el Palau de les Arts nos ofreciese los dos ciclos completos del anillo wagneriano en el Festival del Mediterráneo de este año. Decía yo que intentaría ir a Die Walküre el día que cantase Torsten Kerl, pues es un tenor que me interesa muchísimo, aunque tampoco me importaría asistir a la de Plácido Domingo, que aún es capaz de ofrecer noches memorables como ya nos demostró con Iphigénie en Tauride. Decía yo que ya veríamos, que alguna caería en fin de semana, que aún no sabía nada.

Pues va a ser que no.

Ya me he comprado entradas para un Götterdammerung, al menos podré cerrar el ciclo que se inició hace dos veranos y podré decir que he visto un anillo completo, con grandes cantantes (unos más que otros, desde luego, pero con un nivel general que no tiene nada que envidiar a ningún teatro), con un gran director (aunque no todos pensemos igual, pero para mí su Wagner lírico y preciosista es un lujo), con una gran orquesta, con una puesta en escena increíble... Pero siempre me quedará la pena por perderme una oportunidad única de ver el anillo entero en una semana, el sueño de tantos wagnerianos, y encima no podré intentar calmar esa pena ni con una mísera repetición del prólogo o la primera jornada. En fin, las cosas vienen como vienen y a mí me han venido así.

Para rebozarme en el fango de mi tristeza y aprovechando que hace unos días escuchamos unas piezas de Korngold, vamos a escuchar ahora a Torsten Kerl, el Siegmund al que no podré aplaudir, cantando el aria final de la ópera Die Tote Stadt. Una música triste pero de una belleza sublime.


Vídeo de schischka

viernes, 20 de febrero de 2009

Anne Sofie von Otter canta Korngold+Shakespeare

Anne Sofie von Otter canta Cuatro canciones sobre textos de Shakespeare, Op.31 de Erich Wolfgang Korngold. La acompaña al piano Bengt Forsberg.


Video de franz39

miércoles, 18 de febrero de 2009

Una rareza: Kraus canta Hasse


Igual a algún historicista le da un yuyu, pero es lo que hay. Alfredo Kraus canta el aria Ritornerai fra poco procedente de la cantata L'Inciampo, también llamada Orgoglioso fiumicello, con texto de Pietro Metastasio y música de Johann Adolf Hasse. Según la información adjunta al vídeo en youtube, no existe ninguna versión grabada de la cantata, por lo que este heterodoxo acercamiento es lo máximo que vamos a poder escuchar.




Como esto ha quedado cortito, vamos a escuchar otra pieza de Hasse. En esta ocasión lo haremos con una versión que no hará a los historicistas llevarse las manos a la cabeza. El contratenor Andreas Scholl, a quien escuchamos hace poco cantando Haendel, interpreta el aria Pallido il sole, de la ópera Artaserse.


Vídeos de civileso


domingo, 15 de febrero de 2009

Faust en el Palau de les Arts

Qué suerte tenemos de tener una orquesta y un coro tan buenos en el Palau de les Arts. El Faust de ayer, con unos cantantes que se movieron entre lo correcto y lo fallido (estando Voulgaridou por ahí no podía ser de otra forma) habría pasado sin pena ni gloria en otros teatros cuyos cuerpos estables no tuviesen el nivel suficiente como para levantar por sí solos una función, pero lo que escuchamos ayer en les Arts fue mucho más que eso, fue una gran noche de ópera. También ayudó la excelente puesta en escena de David McVicar, que ya lleva años funcionando pero no acusa el paso del tiempo.

Ya sabemos que Maazel abandonó el proyecto del Faust antes de que empezaran los ensayos debido a una enfermedad (o eso se anunció, porque a estas alturas las cancelaciones en Les Arts son tan habituales que uno ya no sabe cuando le dicen la verdad y cuando le están tomando el pelo). Su sustituto ha sido el director francés Frédéric Chaslin, que ha obtenido un resultado excelente y que ha dirigido, además, de una forma muy maazeliana, remarcando el contraste de volúmenes de la orquesta, regalándonos momentos de efusividad explosiva y otros de acariciante suavidad, amparado siempre por el colchón de las cuerdas que ayer estuvieron espléndidas. A diferencia de lo que ha hecho Maazel en otras ocasiones, Chaslin ha tratado con cuidado a los cantantes y no les ha hecho luchar contra el volumen orquestal en ninguna ocasión, quizá perdiendo algo de espectacularidad pero ganando homogeneidad por la correcta integración de las voces en el conjunto.

El Cor de la Generalitat Valenciana estuvo sencillamente espectacular en todas sus intervenciones, destacando especialmente en la famosa página Gloire immortelle de nos aïeux, que sobrepasó a todas las arias de los solistas en emoción y se convirtió en lo mejor de la noche. Afortunadamente, la puesta en escena les permitió cantarla en la boca del escenario y sin tener que preocuparse por coreografías extrañas o movimientos que distrajeran su atención y la de los oyentes, como ha pasado en otras producciones.

Pasemos a los solistas. Confiaba bastante en la calidad de Erwin Schrott, a quien ya había escuchado en les Arts como Don Giovanni, algo menos en Vittorio Grigolo, que cantó en el Requiem de Verdi hace un año y nada en la soprano griega y plaga bíblica con la que Dios y Helga azotan al público valenciano Alexia Voulgaridou. En el entreacto pensé que me había equivocado en los tres casos, aunque al final las cosas volvieron a su sitio. Vayamos uno por uno:

Erwin Schrott y Vittorio Grigolo ensayando el primer acto de Faust.

Erwin Schrott, que está debutando el papel de Méphistophélès en Valencia, no tiene la voz de bajo profundo que solemos asociar a este papel, sino la de bajo-barítono para la que fue creado. No se queda corto en el registro grave, a pesar de carecer de la rotundidad de un Ghiaurov o un Christoff, y va sobrado en el centro y el agudo. Su voz es amplia y maleable, y cuenta con un timbre aterciopelado que la hace muy agradable al oído. Sin embargo, sus primeros tres actos fueron decepcionantes, tanto vocalmente, pues no parecía sacar todo el rendimiento que puede a su voz, como actoralmente. Esta falta de implicación hizo que su intervención en el primer acto pasara sin pena ni gloria, y en el segundo acto su himno Le veau d'or, que en mi opinión enfocó desde una perspectiva demasiado efectista y sin que la voz le acompañara en el alarde, no recibió ningún aplauso, sino un silencio tenso que supongo no agradaría mucho al artista. Sin embargo, todo cambió tras el entreacto. Su escena de la iglesia con Marguerite fue muy buena, exhibió una amplia gama de matices y supo llenar el escenario con su presencia. Su excelente serenata del cuarto acto le sirvió para desquitarse por el fracaso de Le Veau d'or y finalmente fue aplaudido y braveado por el público.

Vittorio Grigolo, de quien esperaba muy poco, acabó convirtiéndose en el otro triunfador de la función. Su Faust no destaca por la delicadeza ni por los matices, cierto, pero sería injusto negarle el esfuerzo y la intención. Empezó ofreciéndonos una versión caricaturesca del viejo Faust para, tras su transformación, jugar su principal baza: una voz sana y potente, con un timbre mediterráneo muy bello y una subida al agudo sin dificultad. Sin embargo, en su virtud está implícito su vicio, pues su ascenso al agudo se basa más en la fuerza física que en la técnica, por lo que sus agudos suenan indefectiblemente abiertos y en forte o fortissimo, perdiendo toda capacidad para el matiz en cuanto la partitura le obliga a cantar notas altas. Es un cantante jóven y no sabemos como va a evolucionar. Si se preocupa por enfocar bien su carrera, cuenta con un material que le permitirá obtener grandes éxitos. Si sigue confiando en su fuerza muscular, en cuanto el cuerpo le falle, algo que a todo el mundo le pasa a no ser que uno se llame Plácido Domingo, tendremos un nuevo caso de tenor echado a perder prematuramente.

Alexia Voulgaridou, nuestra Alexia Voulgaridou, la soprano con la que un Dios terrible y cruel castiga a la audiencia valenciana (a la madrileña lo hace con María Bayo y a la barcelonesa, según comentaban ayer unos amigos, con Michaels-Moore) acabó apareciendo en el reparto hace unos meses como sustituta de Cristina Gallardo-Domâs. Tras la tremenda desfachatez de su Luisa Miller, uno se esperaba lo peor, pero lo cierto es que Voulgaridou fue astuta y evitó riesgos. Su aria de las joyas resultó tramposa pero correcta. No me parece bien que los cantantes se coman agilidades, trinos o adornos cuando les suponen dificultades, pero si hay que elegir entre eso y lo que nos hizo en Luisa Miller hemos de pensar que hizo bien yendo a lo seguro. En el dúo con Faust aguantó el tipo, pero en la escena de la iglesia con Méphistophélès ya estuvo calante y gritona, y el terceto final, donde debería haber brillado por encima de Grigolo y Schrott, fue decepcionante.

El resto de cantantes apenas pudieron destacar debido a la brevedad de sus intervenciones. Gabriele Viviani (Valentin), aquejado por una repentina enfermedad, según se informó por megafonía, cantó bastante bien su aria del segundo acto, aunque pasó apuros en los extremos agudo y grave, algo bastante habitual en un aria mucho más complicada de lo que aparenta. Tanto Ekaterina Gubanova (Siebel) como Annie Vavrille (Marthe) estuvieron correctas, así como Vittorio Prato (Wagner).

Una característica común a todos los cantantes fue su deficiente pronunciación del idioma francés. Si hubiese sido sólo un cantante diríamos que debería haberse preparado mejor para el papel, pero siendo todos casi que diremos que la culpa es de los franceses por tener un idioma tan difícil de pronunciar. En el caso de Voulgaridou podemos decir que su pronunciación es como su afinación, se parece a lo que debe ser, pero no lo es.

La puesta en escena de David McVicar me pareció un acierto absoluto. Durante toda la representación hay dos elementos fijos, un palco de la Ópera Garnier a la izquierda que representa el mundo del pecado y un órgano de iglesia a la derecha que representa la salvación. Estos dos elementos se integran con un fondo de escenario que cambia en innumerables ocasiones y que nos lleva a diferentes localizaciones del París de finales del XIX, incluyendo la propia Ópera Garnier o un cabaret (Cabaret L'Enfer, muy apropiado) enmarcado por el arco de la Torre Eiffel. Tanto el número de ballet cuando Faust y Méphistophélès visitan el cabaret como el de la noche de Walpurgis, que acaba en una orgía bastante explícita, estuvieron muy logrados y se integraron perfectamente en la trama de la ópera. Los que solemos tener dificultades con los típicos ballets de la ópera francesa, que en muchos casos no dejan de ser un pegote, ayer estábamos encantados con lo que vimos. De los muchísimos elementos simbólicos que aparecen en la obra, los hay que tienen sentido, aunque puede que a algunos les parezcan en exceso provocadores (el Cristo que se cae de la cruz, por ejemplo) y otros, como la drogadicción de Faust o el travestismo de Méphistophélès, parecen distraer más de lo que aportan, aunque tampoco desentonen. Mención especial merece la iluminación, a cargo de Paule Constable, que juega con las sombras y los claroscuros consiguiendo efectos de gran plasticidad.

Nota de prensa rosa operística: Ayer asistió a la función la afamada soprano rusa Anna Netrebko, pareja de Erwin Schrott, a la que pudimos ver en el entreacto montada en unos tacones de palmo y medio. A ver si Helga aprovecha la ocasión para pedirle que se cante algo por aquí.

jueves, 12 de febrero de 2009

¡Que viene Chailly!


Como ya nos adelantaban Zerlina y Atticus, el director italiano Riccardo Chailly ha sido el elegido para tomar el relevo de Lorin Maazel al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, titular del Palau de les Arts. Riccardo Muti y Essa-Pekka Salonen quedan, por tanto, definitivamente descartados. Particularmente los tres nombres me merecen el máximo respeto y me alegro mucho de que el recambio de Maazel sea un director de reconocido prestigio, pero tampoco voy a negar que tenía mis esperanzas puestas en la improbable elección de Riccardo Muti. Pekka-Salonen, a pesar de no estar especializado en la dirección de ópera, seguramente habría supuesto la elección de un repertorio que me habría gustado más que el que previsiblemente nos va a traer Chailly. Pero, repito, los tres nombres merecen mis respetos, son grandísimos profesionales y me alegro de que uno de los valores seguros de les Arts, su orquesta, caiga en buenas manos. Además, el fantasma del mortecino López-Cobos se desvanece y muchos suspiramos aliviados.

Pinchad AQUÍ para leer la noticia en el Levante.

Para que nos vayamos acostumbrando a lo que nos espera, aquí tenemos a Riccardo Chailly dirigiendo la obertura de La Cenerentola en un vídeo que ya tiene unos añitos. Rossinianos, estáis de enhorabuena.


Vídeo de Fuiga