lunes, 1 de febrero de 2010

Lucia di Lammermoor, el belcanto llega a Les Arts a lo grande

La cuarta función de Lucia di Lammermoor llegaba al Palau de les Arts precedida por las excelentes críticas que merecieron las tres funciones anteriores. No sé si la de ayer fue mejor o peor que las que la precedieron, pero desde luego no decepcionó a ninguno de los presentes. Este está siendo el primer título estrictamente belcantista que se representa en la sala principal del Palau de les Arts. Alguien debería avisar a quienes criticaron la ausencia de belcanto en las primeras temporadas del teatro, pues la afluencia de público no está siendo superior a la de otros títulos supuestamente impopulares (siempre según la peculiar vara de medir de quienes clamaban contra unas temporadas "demasiado germanófilas").

Empezaremos hablando de una puesta en escena, obra de Graham Vick, neutra, correcta y tan conocida ya que poco se puede decir sobre ella. Vestuario de época, paneles móviles, un árbol de cartón piedra y una luna sobredimensionada, nada que destacar ni que criticar.

En lo musical, tenía curiosidad por escuchar la dirección de Karel Mark Chichon, cuya contratación algunos han considerado el pago necesario para poder contar con la Carmen de su esposa, Elina Garanca, en el próximo Festival del Mediterrani. Pues bien, es innegable que Chichon sabe lo que es el belcantismo y cómo debe sonar una orquesta en Donizetti, esto es, siempre por debajo de los cantantes, nunca tapando sus voces, ni siquiera compartiendo el protagonismo. La orquesta, como es habitual, sonó estupendamente, pero con un volumen mucho más moderado de lo habitual. Mención especial merecen los solistas de arpa y flauta. Sin embargo, se echó en falta más variedad en el manejo de la dinámica, lo que provocó cierta linealidad, evidente sobre todo en el sexteto y en la escena final de Edgardo, fragmentos muy conocidos que hemos escuchado en mil versiones y sabemos que pueden y suelen sonar con más vida.

También el coro cantó en todas sus intervenciones tan maravillosamente como suelen hacerlo.

Ya que Chichon tuvo el acierto de ceder el protagonismo a los cantantes, es evidente que en ellos recae el mérito del gran éxito obtenido ayer. Nadie destacó en lo negativo, pues el nivel medio fue bueno en los papeles de menor importancia como Arturo (Angelo Antonio Poli), Alisa (Natalia Lunar) y Normanno (Enrico Cosutta).

Diógenes Randes, de quien sólo había escuchado sus Wagners en Bayreuth por la radio, me convenció como Raimondo, plegando su cálida voz, más de barítono que de bajo, a las exigencias de la partitura. También Vladimir Stoyanov estuvo correcto como Enrico, aunque tanto él como Randes, cantando bien como cantaron, juegan en una categoría inferior a la de los dos protagonistas.

Francesco Meli fue como Edgardo, para mi gusto, el mejor cantante de cuantos se subieron ayer al escenario de Les Arts. Con una voz agradable pero no especialmente destacable frente a las de otros representantes de su cuerda, es en su habilidad para el fraseo y en su inteligencia a la hora de gestionar los recursos de que dispone donde este joven tenor guarda sus bazas. Aún recuerdo su Don Ottavio en el Don Giovanni del pasado 2007 como un prodigio de delicadeza, con un dalla sua pace cantado en un elegante falsete al más puro estilo de la vieja escuela. Ayer combinó el falsete con el que coronó Verrano a te su ll'aure con los ataques a plena voz (espectacular su agudo en el dúo con Enrico del tercer acto), siempre con gran musicalidad y con un excelente y variado fraseo. Arrancó merecidísimos bravos del público al final de su estremecedora aria, a pesar de un agudo un tanto inseguro.


La otra gran triunfadora fue Nino Machaidze en el papel principal. La soprano georgiana está convirtiéndose en un nombre destacado en la lírica actual a pasos agigantados, lo cual está plenamente justificado gracias a funciones como la de ayer. Tanto vocal como dramáticamente, Machaidze estuvo muy bien. Bella voz, técnica resuelta, agilidades nítidas y agudos escrupulosamente afinados, nada se puede echar en falta en su actuación. Su escena de la locura fue muy efectiva, cargando de intención todas su frases, incluso en el dúo apócrifo con la flauta que tanto rechazo causa entre los puristas del belcanto pero que a mí, particularmente, me gusta. Desgraciadamente no dio los sobreagudos, también apócrifos y que tampoco gustan a los puristas, pero que habrían puesto la guinda a su actuación.

No sé cuál será la media de edad de todo el reparto, pero no creo que sea muy superior a los treinta años. Gran noticia para quienes se preocupan por el futuro de la ópera: hay cantantes, y en algunos casos muy buenos. Ahora sólo falta que ocupen el lugar que les corresponde y que muchas veces está ocupado por camelos mediáticos, cuando no fenómenos de feria vocales.

11 comentarios:

alfredo dijo...

Sigo acumulando espectativas, en esta ocasión me lo vais a dar todo hecho, menos la representación del 9, que esa es mía, sólo mía (jaja)

Me ha gustado la crítica, razonable, constructiva, seguro que lo merecía.

Saludos

assai dijo...

Titus, estupenda crónica, no dejas nada por decir. Coincido en tu apreciación, me parece que estamos
ante una Lucia de sobresaliente,
que todo el que no la haya visto a estas alturas debería de animarse a hacerlo.

Mimenor dijo...

Fue de esas noches en las que todos salimos satisfechos y con la alegría de comprobar, como bien dices, que hay relevo generacional. Suscribo casi todo lo dicho con puntualizaciones. La soso-escena me pareció casposa del todo. Esa luna tipo Walt Disney, ese árbol que en cuanto Lucia lo abraza se estremece al compás del canto, es cuanto menos, hilarante. Pero lo mejor, es cuando al final de la primera escena todos salen del bosque ¡por una puerta! En fin, prefiero las escenografías algo más arriesgads y que hagan propuestas interesantes, pero ésto es muy personal. Sólo me gustaría señalar que la voz de Meli sí me resulta especialmente atractiva en cuanto al timbre y que sale absolutamente beneficiada en este papel por el carácter que le imprime. Me pareció soberbio. No tanto en el D. Ottavio, aunque también demostró una estupenda técnica en el canto más relajado.
Creo que Nino tiene cualidades más que suficientes para afrontar los sobreagudos, lo demuestra en toda la representación con las notas de paso. Supongo que será una cuestión de seguridad que se anime a atacarlos o no. No obstante ayer no estuvo tan brillante como en la segunda y aún así resolvió el papel muy convincentemente. En fin, unas representaciones para no olvidar. Gracias Titus por los comentarios.

maac dijo...

Me uno a las felicitaciones por la crónica. Lo que no entiendo de Machaidze es que unos sobreagudos no escritos los da -los previos a la escena de la locura- y otros no los da, y es una pena porque hay que ver cómo los da. No sé si será una imposición de Chichon, una inseguridad de la cantante o el hecho de que alguien en Youtube se haya cachondeado del sobreagudo que dio en Bruselas.
Respecto a Meli, su timbre me parece bellísimo. Me encanta.

Titus dijo...

Alfredo, te va a encantar, ya lo verás.

Assai, yo lo dejaría en un notable alto. El director y algunos de los cantantes no pasan de ahí, que ya es bastante para lo que se oye por ahí. Meli y Machaidze sí que pasan, incluso merecen matrícula de honor.

Mi, de acuerdo en lo de la puesta en escena, pero digamos que a mí no llegó a molestarme, simplemente me pareció neutra. Si hubiesen puesto un telón pintado, como hace años, me habría dado igual. Desde luego, yo también prefiero otro tipo de puestas en escena. Como se nota que no somos puristas afrancesados.

Maac, es cierto que da los sobreagudos durante toda la obra, incluso en el primer acto, y no los da en la escena de la locura, no sé por qué lo hará así.

Sobre la voz de Meli, a mí también me parece que su timbre es muy bello, pero no tanto como para destacar por encima de otros tenores sólo por eso. Grigolo, por ejemplo, tiene un timbre incluso más llamativo, más solar, como el de Pavarotti. Sin embargo, los oyes cantar y no hay color, Meli es infinitamente mejor.

Por cierto, estoy buscando información sobre Meli por ahí y encuentro opiniones devastadoras sobre él. Yo no sé si el mundo está lleno de sordos o es que sólo canta bien cuando viene a Valencia. Si es así, propongo que le hagan un contrato indefinido en Les Arts, todos saldríamos ganando.

maac dijo...

En Madrid todavía echan pestes del Rigoletto de Vick. Su Lucia tiene ya trece años y, no siendo nada del otro mundo, hace que la ópera transcurra con absoluta normalidad escénica, esto vale tanto para señalar su defecto como su virtud. En muchos aspectos, el tratamiento de la luz y los espacios exteriores sobre todo, me recordó al Don Carlos que también visitó Les Arts y tanto me gustó. Si me dan a elegir yo también prefiero propuestas más arriesgadas.

Atticus dijo...

Felicitaciones maestro por tu crónica de esta excelente función que tuvimos el placer de vivir en asientos contiguos, y se nota la coincidencia.

A pesar de ser purista afrancesado declarado, yo no estoy en contra del riesgo en la puesta en escena, pero sí de la tomadura de pelo. Esta en concreto me parece eficaz y normalita. Sería preferible algo más innovador, pero si la innovación va a ser hacer un Trovatore liceísta o un Tristán londinense, prefiero mil veces a Vick (spray nasal).

La voz de Meli a mí si me pareció especialmente bella, pero entiendo tu razonamiento. Desde luego yo también le prefiero a Grigolo y hago votos contigo para que le hagan aquí un contrato "alla Voulgaridou". Las opiniones negativas que se lean por ahí
me importan menos que la lencería de Helga, lo importante es que le hayamos escuchado brillar como lo está haciendo estos días aquí.

Lo de los sobreagudos de Nino es un misterio porque durante la primera parte los suelta a cascoporro. No descarto que el cachondeíto de la Monnaie que comenta maac pueda tener algo que ver.

¡Anímate el sábado!

Joaquim dijo...

Me alegro especialmente por Meli, al que sigo y disfruto desde hace tiempo.
No siendo una ópera que me chifle, con las crónicas que habéis dejado, dan ganas de euromedear.
No será posible por razones ajenas a la empresa.

Titus dijo...

Es verdad, maac, la escena recuerda a la de Don Carlo, aunque en aquella ocasión, con sus más y sus menos, me gustó más el trabajo de Vick.

Atticus, habrá que sentarse separados o escribir nuestras crónicas juntos, para ahorrar tiempo. Bueno, el último acto lo vimos separados y también coincidimos. Sobre lo de Meli, yo también doy más credibilidad a mis oídos que a lo que se lee por ahí, pero es que me extraña mucho tal ensañamiento con alguien que canta tan bien cuando hay cada uno por ahí que da miedo escucharlo. De todas formas, también hay críticas positivas. Creo que fue Gonzalo Alonso quien tituló su crónica de esta Lucia "Habemus tenor".

Joaquim, qué lástima que no puedas euromedear, te lo pasarías bomba aun sin ser este título uno de tus preferidos (ni de los míos).

GLÒRIA dijo...

Tampoc és una de les meves òperes tot i ser d'una enorme bellesa i exigència. Com sempre has escrit una crònica excel·lent. Entre tú, l'Atticus i en Maac (ordre alfabètic) conseguireu que li acabi trobant més valors a la Lucia. Quant als intèrprets, també em toca escoltar-los de nou i creure'm que són tan bons com dieu.
Una abraçada!

Titus dijo...

Sí que ho són, sí. Machaidze, de seguir així, acabarà fent-se lloc ràpidament entre les més grans de l'actualitat i si és intel·ligent, per davant de més d'una d'elles. I Merli, un tenor dels que semblava que ja no en quedaven, de la vella escola i a més a més amb una veu bonica i potent. Tant de bo els espectacles de Les Arts es pugueren escoltar per ràdio com els del Liceu i el Real, segur que t'agradaria.