domingo, 27 de julio de 2008

Il dissoluto punito, de Ramón Carnicer

No sé si por una relación de ideas ante las crónicas que he leído estos días del Don Giovanni del Liceu o por pura casualidad, hace poco decidí darle una oportunidad a un DVD que había comprado unos meses atrás y que aún no había tenido tiempo de ver. Me refiero a Il dissoluto punito, ossia Don Giovanni Tenorio, de Ramón Carnicer, una grabación de una de las funciones que tuvieron lugar en La Coruña en junio del 2006. Lo compré por dos razones, curiosidad y precio, pues tuve suerte y lo encontré muy rebajado. También me llamó la atención la puesta en escena, o lo que se intuía de ella por las fotos que venían en la contraportada del estuche, me resultó muy atractiva visualmente y decidí que estaría bien verlo.

La ópera de Carnicer se mueve entre las citas del Don Giovanni de Mozart, conocido por el autor pero no por el público español (se estrenó en España con posterioridad a este Dissoluto) y el lenguaje de inspiración rossiniana habitual en este compositor. El libretto, de autor desconocido, copia fragmentos del de Da Ponte, como el aria del catálogo, aunque hay diferencias: desaparecen Zerlina y Masetto, el comendador muere al final del primer acto, y el personaje de Don Giovanni es más humano, se llega a enamorar de Donna Anna y siente miedo en la escena del cementerio. He encontrado un artículo bastante ilustrativo que comenta el CD que se editó a partir de estas mismas funciones y que podéis ver AQUÍ.

Mientras veía el DVD no podía dejar de comparar la magnífica puesta en escena de Damiano Michieletto con lo que hizo Bieito para el Don Giovanni de Mozart en el Liceu, son dos caras de una misma moneda. Frente al abigarramiento de Bieto, la sobriedad de Michieletto; frente a la visceralidad, la contención; frente al feísmo, una estética cuidadísima en la que sólo hay tres colores, rojo, blanco y negro.

Todas las escenas tienen lugar en una cocina de un blanco aséptico, en la que un coro de cocineros prepara el banquete para la boda de Don Ottavio y Donna Anna. Con muy pocos elementos en juego, la escenografía se presta a mutar dependiendo de lo que se esté cantando en ese momento, sin ir nunca en contra del libreto sino más bien complementándolo y sirviendo de apoyo a la música.

Algo que me resultó muy curioso fue la presencia de escenas de contenido sexual (un desnudo, un grupo de figurantes, sirvientes de Don Giovanni, contoneándose lascivamente, la escena de la violación de Donna Anna...) sin llegar nunca a resultar desagradables, como siempre resulta el sexo en las puestas en escena de Bieito. Al final del segundo acto, la escena de la cena (cacofónica frase) a la que Don Giovanni invita al comendador, es sustituida por una especie de orgía en la que las sirvientes de Don Giovanni son los platos, algo que aporta una nueva dimensión al diálogo entre el burlador y su criado pero que en nigún momento desvirtua la obra, sino todo lo contrario.

Lamento no poder ofreceros ningún fragmento de esta obra. Eso sí, os recomiendo su adquisición, ya sea en cualquier tienda o mediante métodos más económicos y que están a tan solo un mail de distancia.