lunes, 31 de marzo de 2008

Requiem de Verdi en les Arts

Por fin pude entrar en el Auditorio del Palau de les Arts, situado en el decimoprimer piso del edificio. Una sala de gran capacidad y estéticamente muy llamativa, parece que uno esté en el interior del monstruo Leviatán. Desgraciadamente, el sonido no es nada bueno, al menos en la última fila que es donde yo estaba. Quizá sea la reverberación a causa del panel cerámico que Calatrava puso en el fondo, quizá sea simplemente que está mal construído, el caso es que cuando orquesta y coro subían el volumen el sonido llegaba de forma poco nítida. Era un sonido borroso, si se me permite la sinestesia. Además, en uno de los silencios escuché la sirena de una ambulancia en el exterior. Otro punto negativo es que sobre la orquesta hay una serie de paneles de cristal, supongo que tendrán una utilidad desde el punto de vista de la sonoridad, pero el caso es que me taparon totalmente al coro, excepto a la primera fila de sopranos. Y es que el coro está situado en las alturas, muy alejado de la orquesta.


Pero vamos a lo realmente importante, la música. El Requiem de Verdi es una obra grandiosa, en la tradición de Berlioz, aunque sin la exageración en los medios del francés. Aunque es falso que sea una ópera disfrazada de música religiosa, como tantas veces se ha dicho, conociendo algo sobre la vida del autor sí podemos decir que su intención a la hora de componer la obra no era la de crear música litúrgica, de hecho él mismo no era un hombre religioso y parece que hay motivos para pensar que ni siquiera era creyente, por lo que su Requiem sería más un lamento ante la muerte que una muestra de confianza en la salvación y la vida eterna. Hay varias razones para pensar así. Una de ellas es el tremendo Dies Irae, en el que se enfatiza lo terrible del día del juicio final con una música que no deja ni un rincón para la esperanza. Además, durante la obra, y saltándose la ortodoxia de la liturgia, Verdi hace regresar varias veces el tema del Dies Irae como queriendo remarcar que por mucho que las voces solistas en sus intervenciones supliquen clemencia el destino es inmutable. Otra de las razones para creer en la visión pesimista de la obra es el desasosegante final, con la soprano susurrando Libera me mientras la música se va apagando hasta desaparecer.

Lorin Maazel, con el que he sido bastante crítico comentando su dirección de orquesta en varias óperas, estuvo ayer impecable. Desde el principio del Requiem aeternam, con las cuerdas graves murmurando en el silencio y creciendo gradualmente, estaba claro que íbamos a presenciar todo un acontecimiento orquestal y así fue. En el Dies irae dió rienda suelta a su lado más dramático, consiguiendo un resultado óptimo. La orquesta y el coro estuvieron en su nivel de excelencia habitual, ya parece un tópico pero es lo que hay, son muy buenos y bien que lo disfrutamos los que podemos escucharlos.

Los solistas estuvieron todos muy bien, lo cual me sorprendió gratamente porque no las tenía todas conmigo. La soprano Micaela Carosi, reciente Aida en el Liceu, estuvo correcta, quizá algo mecánica en ciertas partes pero desde luego no en sus momentos más complicados, que resolvió con arrojo. Elena Maximova, la mezzosoprano, empezó algo dubitativa pero acabó gustándome. Su voz es muy bonita y muy rica en armónicos, lo que le permitió colorear sus frases con gran belleza. Al que más temía después de escuchar su reciente y deficiente Rinuccio en el Gianni Schicchi de La Scala era al tenor Vittorio Grigolo, y ciertamente fue el solista más heterogéneo del grupo, aunque finalmente acabó resolviendo bien su parte. Pecó quizá de un exceso de dramatismo, tanto en sus gestos como en su canto, así como de cierta linealidad, moviéndose todo el rato entre el forte y el fortissimo, algo que quedaba aún más patente por la comparación con el fraseo meticuloso y sosegado de Pape. En el aspecto positivo hay que destacar un timbre de gran belleza, joven, sano y con un brillo solar. Su entrega excesiva contrastaba con la sobriedad del bajo René Pape, estrella principal del cartel. Hay que destacar su inteligencia musical, su amplia gama de matices y su dominio del instrumento, una voz que aún en los momentos más exaltados conserva una textura suave y acariciadora.

Vamos a escuchar a René Pape cantando el Confutatis del Requiem de Verdi en el año 2001. Éste es uno de esos momentos que comentaba más arriba en el que Verdi hace volver el desesperanzador tema del Dies Irae respondiendo a la petición de clemencia del solista (gere curam mei finis, hazte cargo de mi destino).



Vídeo de Gabba02

19 comentarios:

Teresa dijo...

En Barcelona también tendremos un Requiem de Verdi este año, el 22/10 , dentro de la programación del Liceu, pero en el Palau de la Música:

Angela Brown, Luciana d'Intino, Josep Bros, René Pape.
Orquestra Simfònica i Cor del Gran Teatre del Liceu
Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana
Director d'orquestra
Bruno Bartoletti

Me encanta tener a Papé, pero preferiria tener en el lote también a Grigolo...

Papagena dijo...

Adoro el Réquiem de Verdi. La primera vez que lo escuché me cortó la respiración... No sé si tanto como una ópera disfrazada, pero bastante operístico sí es. Fíjate que a mí me resulta más desolador el de Brahms, con una mezcla de tristeza y resignación profundas. El de Verdi es de una emoción desbordante y triste, como debe ser un Réquiem, pero nunca lo había visto tan excesivamente pesimista.

Y lo que me parece alucinante es que ese auditorio tan espectacular no tenga una buena acústica. Pero ¿cómo es posible? Lo de Les Arts es que es surrealista. Eso sí, en la foto que has puesto parece muy bonito, algo es algo :-)

Besos verdianos

Titus dijo...

Teresa, a priori entre Bros y Grigolo, hoy por hoy, me quedo con Bros. Veremos como evoluciona Grigolo, pero aún no está al nivel de Bros, y eso que Bros a mí nunca me ha llamado excesivamente la atención.

Papagena, en el Requiem de Brahms si hay una puerta abierta a la esperanza, a la creencia en la salvación. El de Verdi, en cambio, hace volver contínuamente el Dies Irae. Además, lo hace de una forma tan tremenda que ningún otro autor se ha atrevido a incluir el Dies Irae en un requiem desde entonces. Para mí el requiem de Verdi es el más pesimista que hay, más aún que el de Mozart. El de Brahms lo situaría, junto con el de Fauré, entre los que creen en la vida eterna.

Papagena dijo...

Quéeeeeeeeee????????

A ver, a ver. No te hablo de los textos sino de la música,Titus. Los textos van por un lado y sí, mencionan la vida eterna,(me encanta lo de "muerte, dónde está tu victoria?") pero la música... pero si es el Réquiem más agnóstico que conozco!

Mañana te explico por qué lo veo así, que ahora no tengo tiempo.

Titus dijo...

No creo que ni Verdi ni Brahms quisiesen llevarle la contraria a lo que dicen los textos. En todo caso se puede matizar lo que dicen, una petición de misericordia se puede enfocar desde la confianza en que será atendida o desde la seguridad de que es inútil (o desde muchas otras posturas, por supuesto), pero al final el texto es el texto y dice lo que dice.

Papagena dijo...

"...al final el texto es el texto y dice lo que dice"

Siempre tan prosaico. ¿No eras tú el que hablaba de sexo explícito en el segundo acto del Tristán? ¿Y dónde lo dice el texto?
Pues la música de Brahms a mí no me habla de salvación ni de vida eterna, sino de la tranquilidad melancólica que da tener la certeza de que, algún día, también nosotros estaremos del otro lado. Siempre he pensado que es un Réquiem para los vivos, que habla constantemente de la muerte pero de la que tú y yo conocemos, no la de Rouco y compañía. Y de las sensaciones que nos produce, siempre ahí, y de lo que sentimos cuando se lleva a alguien querido. ¿Tú crees que en el último fragmento que añadió, el de "como consuela una madre a su hijo, así os consolaré" (no recuerdo las palabras exactas), crees que Brahms puso música a las palabras divinas o al infinito dolor por la reciente muerte de su madre?

Titus dijo...

A ver, el texto del Tristán no habla de sexo, pero tampoco lo niega. Y el matiz elegido por el compositor ahí es el de la sensualidad, no veo que esté reñido con el texto, más bien lo complementa y explicita lo que el texto, por razones obvias teniendo en cuenta la época, no podía explicitar.

En el caso de Brahms, como tú dices, habla de la muerte desde un punto de vista humano pero con, uso tus palabras, tranquilidad melancólica. Verdi en cambio no transmite tranquilidad en ningún momento, más bien lo contrario, deseperación. Si lo que quieres decir es que Brahms no hizo música estrictamente religiosa sino humana, en eso estoy de acuerdo, nunca he dicho lo contrario, pero no creo que su enfoque sea más desolador que el de Verdi ni que el de Mozart, que lo que transmiten es horror ante la muerte.

maac dijo...

Yo tengo dos lecturas del Requiem de Verdi y no sé cuál es la correcta.
En la primera el Réquiem de Verdi sería una dramatización de un texto, QUE NO SE PODÍA CAMBIAR EN AQUELLA ÉPOCA, y por lo tanto sería algo convencional. Partiendo del texto Verdi lo dramatiza y nos muestra un Dios que oprime y castiga sin piedad, ese es el Dios de todo Réquiem si atendemos al texto, sin embargo Verdi se aferra a la vida y termina con el Libera me y su lucha consiste en liberarse de ese Dios que le oprime. No sé si Verdi era o no religioso, depende lo que entendamos por religioso. Se puede ser religioso y tu creencia estar al margen de toda religión.
La segunda sería una visión religiosa y creyente, y la verdad es que cuadra menos, no sé si será así o no.
¿Es pesimista el Réquiem de Verdi? No lo creo, lo que muestra es un Dios que no conoce la piedad, que al fin y al cabo es la visión que de él estuvo fomentando la iglesia católica durante mucho tiempo y que, aunque con el tiempo cambió el mensaje, perduró en los textos. En este sentido conviene no olvidar que el texto del Requiem no pertenece al siglo XIX para no distorsionar su lectura.
Resumiendo, que la obra está abierta a múltiples lecturas y no sabemos cuál puede ser la correcta.

¿Por qué escribió Verdi un Réquiem? Porque podría no haberlo compuesto. La explicación parece sencilla, si quieres homenajear a un muerto nada mejor que un Réquiem, independientemente de si se es o no religioso. Esto que digo es muy simple pero creo que es la razón por la que lo compuso, no para hablarnos de la muerte desde una perspectiva cristiana sino para lamentar la muerte de un ser humano, como homenaje a él. Primero fue Rossini, después Manzoni.
Más o menos es lo que pienso, sin haber reflexionado mucho sobre ello.

Kenderina dijo...

Un Requiem es una misa de difuntos, con todas sus partes conocidas y yo no conozco ninguna que no sea triste ;). Y en darle dramatismo al asunto , Verdi es un maestro. Y mas si pienso que por primera vez se toca en un funeral de Estado con toda la pompa y la solemnidad de un acto así.
A lo mejor, si lo hubiera escrito para un amigo o familiar, su visión hubiera sido algo diferente.

Barbebleue dijo...

Un buen Requiem debe transmitir el desasosiego ante lo desconocido, la muerte. Pero no necesariamente espanto o terror, y mucho menos de carácter religioso. Es una visión eminentemente musical: música programática.

Yo disfruto con ellos, incluso con el introvertido y lírico de Fauré.

Lo que me agobia es un auditorio con sonidos externos.

Mimenor dijo...

Probando, probando. el otro día se me borró un largo comentario en el blog de Maac sobre la SobreUrmana...

Mimenor dijo...

Ok. Me viene al pelo vuestros comentarios sobre los requiem que nos rodean. Más habiendo superado con éxito esta mezcla de fallas con la semana santa interpretando los responsorios de Victoria en la Catedral. El lunes no pude entrar en Santa CAtalina al Requiem de Brahms, por falta de aforo. Pero oía su proyección desde fuera, en la plaza. El domingo nos vimos los amigos en el que estáis comentando. Y, casualmente, me encuentro preparando el de Fauré que pronto interpretaremos bajo la dirección de Michel Plasson, y al que os animo que os acerquéis. Estamos preparando éste último desde la introspección y el recogimiento. Al leer vuestros comentarios no he podido menos que coger las partituras y comprobar que el de Verdi acaba en un terrible do menor: la tonalidad más triste sobre la que componen los músicos. Brahms finaliza en una brillante tonalidad mayor, símbolo de la esperanza. Y el recogido Fauré en un ppp sobre re mayor. La humanidad del Alemán siempre me ha sobrecogido. Verdi me llega a resultar "cargante", me provoca ansiedad... quizás por demasiado oído ha perdido interés... en todo caso todos ellos son estremecedores cada uno en su forma.

Titus dijo...

Pues conociendo los detalles de las tonalidades no iba tan equivocado en mi análisis. Gracias por el comentario, Mi.

Mimenor dijo...

Olvidaba que el de Mozart está escrito en re menor.

Sobre lo dicho por Titus del concierto, añadiría que el requiem fue decrescendo. Empezó muy emotivo, pero fue perdiendo intensidad. Comentaban los amigos que el Maestro Maazel estuvo sublime el viernes, pero el domingo, al repetir, no pareció tan interesado. Me resultó tan genial como casi toda la temporada anterior. Incluso mucho mejor con los tempi, ya que en alguna ocasión nos asustó con su tempo interno. En cuanto a los intérpretes, lo habéis dicho casi todo. Añadiría que Pape me decepcíonó un poco, ya que acababa de oírlo en el Tristán de Madrid donde estuvo espléndido. Aquí me pareció demasiado comedido e incluso reservón. Me temo que la sala suena con demasiadas diferencias según donde te ubiques. En mi caso, de la mitad adelante, el coro sonó empastadísimo; los solistas, al contrario, algo desparramados, y no tuve una buena recepción del tutti de la orquesta. Mi hermana, en sitio de honor, salió entusiasmada. Titus, ya véis, ... Hoy Brotons, en sus siempre alternativos comentarios, refiere que "los 77 primeros compases (ni uno más ni uno menos, vamos, toda la introducción del coro), resultaron muy útiles para entender la deficiencias acústicas del auditorio... para empezar la sala es muy fría y difícilmente dejará de serlo. Pero por mejorar la nitidez sonora a lo mejor sí se puede hacer algo..."
A mi me gusta el sonido brillante que tanto esta sala como la principal, han conseguido. Si hay desequilibrios, habrá que solucionarlo como sea.
Y lo dejamos aquí.
Saludos a todos. Me cuesta escribir, pero leeros, lo hago siempre que puedo.

Mimenor dijo...

Bueno, Titus, en el Conservatorio siempre se ha estudiado el Requiem Alemán como el de la esperanza,y yo, como tú, lo comparto plenamente.
El texto lo seleccíonó Brahms de entre pasajes bíblicos de meditación y consuelo en alemás, alejándose de la liturgia latina. Creo que utilizó magistralmente la música para darle el sentido final. La obra empieza, sobre los golpes de la percusión, que representan los pasos del hombre o los latidos de su corazón... me parece genial.
Curioseando he comprobado que Brahms se adelantó en seis años a Verdi en la composición de la obra.

Ejem... ¿encontrastéis el bar? jejeje.

Titus dijo...

Sí, sí, lo encontramos. Tras dos intentos fallidos acabamos en el mismo bar al que fuimos hace un par de años tras el Fidelio, "María de la O" se llama. La próxima vez ya vamos directamente allí, y sin perderte a ti por el camino, jejeje.

maac dijo...

Además está más cerca. Brotons está haciendo unas críticas muy extrañas últimamente, se centra tanto en algunos detalles que para hacerlas bien tendría que necesitar dos o tres páginas del Levante, como no tiene tanto espacio hay muchas cosas que pasa por alto. En esta concreta del Requiem dedica la mitad a la acústica y sugiere que se escalone a la orquesta, no sé si se ha planteado que el bombo y los platillos quizás sobresaldrían más, luego se queja de los portazos...

maac dijo...

Se me ha planteado una duda en relación con lo dicho por lo Barbebleue: ¿Se puede hablar de música programática cuando la música tiene un texto cantado? Es que tengo la sensación de que es contradictorio.

Titus dijo...

Yo también creo que es contradictorio. Por eso decía en esta misma cadena que el texto es el texto y que dice lo que dice. La música lo matiza, pero no lo niega ni mucho menos lo ignora.