jueves, 4 de diciembre de 2008

Orfeo camerístico: prima la musica


La Capella de Ministrers nos dejó ayer un Orfeo deliciosamente camerístico, excelente en su parte instrumental y menos en la vocal, pero ampliamente disfrutable en su conjunto.

El auditorio de Castellón estaba medio lleno, o medio vacío, como queráis. Normal, lo estuvo en el excelente Giulio Cesare de Jacobs la temporada pasada, cómo no lo iba a estar ayer, entre semana y con un cartel menos atractivo. No me extraña, la ópera es algo minoritario y Monteverdi es minoritario dentro de la ópera, pero luego el Teatro Principal se llena con cualquier producción de calidad muy menor (no quiero ni recordar aquel Barbiere terrorífico de hace unos años) y uno se hace cruces.

Ya puestos, voy a acabar de desahogarme. ¿Cómo puede ser que los nombres de los cantantes no se hiciesen públicos? Ni la web de la gestora Castelló Cultural, ni la de Servientrada daban ninguna información sobre ellos. La única forma de hacerse una idea era consultando la página de la Capella de Ministrers, donde los nombres que aparecen tampoco se corresponden en su totalidad con la realidad. Yo fui convencido de que iba a escuchar a Josep Miquel Ramon y resulta que ni estaba ni se le esperaba. Lo peor es que cuando han venido cantantes de renombre internacional (Kobie van Rensburg, Sandrine Piau, Philippe Jaroussky, Nathalie Stutzmann...) ha pasado lo mismo, nos hemos enterado siempre por terceros. Me parece una falta de respeto hacia el espectador muy grande, no sé si es que piensan que al público de abono tanto le da un cantante que otro o qué. Me choca especialmente de una institución que se ha caracterizado siempre por una oferta musical excelente para una ciudad como Castellón. No sé, preocuparse en traer grandes músicos y luego no hacer públicos sus nombres me parece que no tiene demasiado sentido.

Cumplida ya mi labor como pitufo gruñón, volvamos a lo estrictamente musical. La obra se ofreció, lógicamente tratándose del recinto que se trata, en versión concierto. Nunca es preferible a la representación en teatro, pero en este caso concreto, con una formación de instrumentos originales, fue una delicia poder ver a los intérpretes en primer plano y centrarse en sus movimientos y en sus instrumentos mientras los cantantes, todos muy discretos (con la notable excepción del bajo Daniele Carnovich en los papeles de Caronte y Plutone) deambulaban por la tarima posterior.

Comparando esta versión con las de Savall, Harnoncourt, Marcon o Jacobs que repasábamos días atrás, llama la atención los pocos medios con los que Carles Magraner y su formación, la Capella de Ministrers, se enfrentan a la obra. Sólo dos violines, por ejemplo. Lejos de restar empaque al conjunto, tal parquedad permite reconocer el sonido de todos y cada uno de los instrumentos, incluso de aquellos que suelen quedar tapados por la masa orquestal como la tiorba o el chitarrone. El resultado es una versión de una delicadeza camerística donde el oído se deleita con los múltiples adornos con los que los instrumentistas embellecen el discurso musical. Los cantantes (citaremos a Mario Cecchetti como Orfeo, Elisa Franzetti como Euridice / Musica y Jennifer Lane como Messagiera / Speranza, además del ya mencionado Carnovich) quedaron en un segundo plano, y es una lástima porque el gran avance de Monteverdi y sus contemporáneos fue colocar prima la parola. Ayer escuchamos prima la musica, poi le parole.

Os dejo con un vídeo en el que podemos ver fragmentos de un Orfeo con Magraner, la Capella de Ministrers y un reparto muy parecido al de ayer:


Vídeo de SandraLCN

3 comentarios:

pilar dijo...

Titus una falta de respeto a los espectadores y desde luego a los artistas que participan en la obra ¿no?

Titus dijo...

Sí, y una pésima forma de publicitar un acto por parte del organismo que se ha preocupado en programarlo.

Barbebleue dijo...

Un mal muy extendido en pequeñas ciudades y en pequeñas compañías, promovidas por entidades que tienen que cumplir con sus obligadas cuotas de inversión cultural, y que tienen al frente de su programación personas que no saben ni que ópera lleva tilde.

A veces lo único que consta es el título de la obra e incluso éste mal escrito: recuerdo una "Madame La Boheme"

Ciudadanía en italiano, ya !!!