domingo, 14 de diciembre de 2008

Espectacular Iphigénie en Tauride


Qué gusto da ir a la ópera cuando todo encaja: los cantantes, el coro, la orquesta, la puesta en escena... Eso es lo que pasó ayer en el Palau de les Arts con Iphigénie en Tauride, una injústamente olvidada obra de Christoph Willibald Gluck que tiene una gran importancia en la historia de la ópera por suponer el cierre de su reforma, lo que se nota en la brevedad de los recitativos, siempre acompañados, la práctica desaparición de escenas de baile y la integración de todos los números en la trama argumental, algo que rompe con la ópera barroca y supone un cambio fundamental que afectó a todos los compositores que sucedieron a Gluck.

Hubo ayer dos cambios fundamentales respecto a lo que llevamos de temporada: la presencia de Patrick Fournillier en el podio y el Cor de Cambra Amalthea en sustitución del habitual Cor de la Generalitat Valenciana. Founillier mimó a los cantantes y supo manejar a la orquesta, que respondió de forma excelente, exhibiendo una amplia gama de dinámicas y un gusto por los tempi rápidos, siempre dentro de la corrección. Una gran labor la suya.

El Cor de Cambra Amalthea estuvo también muy bien, quizá sin la rotundidad a la que nos tiene acostumbrados nuestro coro titular, pero lo cierto es que no se puede encontrar pegas en su actuación. Especialmente destacable me pareció el coro de sacerdotisas del primer acto.

Entre los solistas, hay que destacar a Violeta Urmana como Iphigénie. Sobrada de voz, pero a la vez capaz de controlarla y no caer nunca en excesos dramáticos que no tienen cabida en esta ópera, supo cantar Ô malheurese Iphigénie con todo el lirismo que se requiere pero sin dejar caer en ningún momento el pulso dramático. Además, su actuación sobre las tablas fue muy convincente, sobre todo en el primer acto cuando lidera a las sacerdotisas en sus plegarias. Un auténtico lujo poder ver a una cantante de este nivel, no puedo dejar de lamentar no haber podido asisitir a ninguna de las funciones de Parsifal en las que cantó el papel de Kundry.


También muy bien, aunque sin llegar al nivel de excelencia de Urmana, estuvieron los tenores Plácido Domingo e Ismael Jordi como Oreste y Pylade. Domingo no cantó la versión para barítono de la obra, sino la versión vienesa que el propio Gluck arregló para ser interpretada por un tenor. Hizo bien, pues en sus incursiones en papeles baritonales ha dejado claro que es un tenor y no un barítono. Con graves, sí; con tinte baritonal, de acuerdo, pero tenor al fin y al cabo. No hace falta decir que su voz exhibe una salud infrecuente en cantantes de su edad, probablemente ni él mismo sepa por qué, pero mientras la tenga podremos disfrutarla. Tampoco vamos a exagerar y a decir que su voz parece la de un treintañero porque no es así, la simple comparación con la voz de Ismael Jordi en los dúos lo dejaba claro, pero sí es cierto que su voz no se corresponde en ningún momento con su edad real y que otros cantantes más jóvenes dan muestras de un deterioro vocal que en la voz de Domingo no es posible hallar. Interpretativamente Domingo fue Domingo, porque Domingo siempre es Domingo. El problema está en que hay papeles que no se pueden interpretar siendo Domingo, como nos demostró el año pasado cuando cantó Tamerlano de Haendel. ¿Y el papel de Oreste? Pues sí, Oreste admite una interpretación "alla Domingo". Es más, le viene como un guante, pues sólo hubo un momento en el que unas agilidades se le atragantaron, el resto, con una tesitura central que es idónea para sus actuales medios, lo bordó.


Ismael Jordi mostró una voz sana, jóven y muy bien utilizada. Estilísticamente impecable, el estar junto a dos monstruos de la escena no le echó para atrás, sino todo lo contrario, se puso a su nivel y gracias a ello disfrutamos de una escena a trío en el tercer acto realmente memorable. Al final el público se lo agradeció con una ovación tan grande como las que recibieron Domingo y Urmana, lo que supongo que será toda un satisfacción para un cantante de su edad.

En el resto de papeles hubo una corrección que no desentonó con las grandes actuaciones que hemos comentado hasta ahora. Riccardo Zanellato cantó un Thoas regio y temible sin caer en excesos, Amparo Navarro una Diana imponente pese a la brevedad de su intervención y Rocío Martínez, Carmen Romeu y Ventseslav Anastasov estuvieron muy bien en sus cortísimas apariciones.

Por último, es destacable la puesta en escena de Stephen Wadsworth (en esta ocasión dirigida por Sarah Schinasi y Daniel Pelzig), que necesita de muy pocos elementos escénicos para funcionar a la perfección. El escenario está dividido en tres partes: el templo de Diana, una cámara interna del propio templo y el exterior, apenas una franja a la izquierda del escenario por la que suelen deambular dos soldados haciendo guardia. Pues bien, con esa misma escena en toda la obra y gracias a una inteligente dirección de actores y a un uso de la iluminación magistral, la acción resulta creíble y no hay nada que nos distraiga la atención. Belleza y funcionalidad, no se puede pedir más, y ambas se encontraban en esta puesta en escena estrenada el año pasado en el Metropolitan de Nueva York.

14 comentarios:

BENIGNO dijo...

Noche memorable,en efecto,y espléndido Palau de les Arts.Hermosa Valencia reencontrada en una breve pero intensa visita después de -me avergüenzo de confesarlo- veinticinco años de ausencia.Cita obligada desde este momento -¡la de equilibrios que tendré que hacer para organizar ocasionales escapaditas!-para disfrutar de una ciudad en la que sólo la belleza del paisanaje supera la del paisaje.Léase:acogida entrañable en todos los frentes.No es que Valencia esté en el mapa,como ayer me comentaba irónicamente otro espectador:es que se sale.

assai dijo...

Titus, como siempre, una estupenda crónica, un lujo.

Cuánto disfruté ayer, estaba emocionada todavía cuando llegué a casa y me costó conciliar el sueño. Nunca entenderé la frialdad del público de Les Arts; por qué no se aplaudió en ningún momento, yo lo hubiera necesitado en más de una ocasión.

Estoy muy de acuerdo en lo que dices, Domingo sigue siendo un tenor y su voz conserva la belleza todavia, lo que es un auténtico milagro. Si elige papeles adecuados como el de ayer, no se le puede poner ni un solo pero.

Violeta Urmana es una fuera de serie, llegó a emocionarme, a conmoverme con su "malhereuse Iphigénie" cantada con una perfección y un gusto increíble.

Ismael Jordi estuvo a la altura de las circunstancias, si sigue así tiene un futuro muy prometedor.

Patrick Fournillier acertó con la dirección, con el tempo, y como tú muy bien dices mimó la voces; impecable, me encantó.

La puesta en escena es un ejemplo de elegancia y de síntesis. Se puede innovar siendo sencillamente correcto y no excesivo, qué acierto.

Es una obra para repetir y no tengo todavía claro que no lo haga, si los dioses me son propicios esta semana.

Muchas gracias por esta estupenda crónica y feliz domingo!

Titus dijo...

Bienvenido al blog, Benigno. Me alegro de que disfrutases tanto como yo con Iphigénie.

Assai, ya se te notaba que lo estabas pasando bien. Si pudiese, yo también repetiría, pero entre Kiri el viernes y L'arbore di Diana el domingo ya tengo la agenda completa.

alfredo dijo...

...que pesado se me ve a hacer, después de leer y releer vuestras crónicas, a mi, me toca el Domingo próximo, ya os contaré.
Saludos

Alvaro dijo...

Me alegro que disfrutárais tanto, yo al final ayer no pude ir (mis famosos cursos de fin de semana tienen la culpa) pero ya estuve escuchándola el pasado martes(localidad sin visión)y también salí maravillado, así que he vuelto a comprar entradas para mañana y para el jueves (todas sin visión). Si alguno repetís, nos veremos por allí.

Joaquim dijo...

Titus que buena crónica y que envidia.
Cuando en la ópera se obtienen resultados redondos, no hay nada que se le iguale.

maac dijo...

Envidia cochina es lo que dais, pero ya me queda poco.

Mimenor dijo...

Bravo Titus. Cuando he leído tu crónica me he quedado sin letras en el teclado porque no sabía qué escribir. Coincido en todo lo que has comentado, hasta en el lamento por no haber podido escuchar a Urmana en Parsifal, y aunque mi grado de euforia es menor que el de Carmen, jejeje, salí absolutamente satisfecha del evento y felicitándome por los espectáculos que podemos disfrutar, con excepciones, últimamente. Sólo añadiría que la orquesta volvió a sonarme a CD de regalo, nada más atacar el primer acorde. Parece que al maestro Fournillier le va el repertorio francés y consigue transmitirlo. Ismael Jordi llamó mi atención mucho más de lo que esperaba. Me pareció que tiene una voz muy bien apoyada y una técnica que le puede ayudar, aparte de un volumen considerable para su cuerda. Ojalá siga por este camino. Gluck, entre otras cosas, rescata los coros que yacían olvidados y así sirve de hilo que entrelaza la historia. Me gustó mucho el tema del último coro de mujeres, muy bien interpretado. De Urmana y Domingo todo está dicho. Larga vida a ambos.
Sólo una nota negra. No me resultó muy adecuado el primer ballet; no entiendo nada de ésto, pero había gestos que me sobraban.
¡Qué buena noche pasamos!

Mei dijo...

Me alegro de que todo fuera tan bien... La voz de la Urmana es de esas voces grandes que no te despeinan...

Lo de Domingo es inexplicable, hay que disfrutar de sus apariciones antes de que se nos acabe, siempre que cante cosas adecuadas, más Tamerlano no, por favor...

músicaesmúsica dijo...

Un saludo a todos. Tuve el placer de acudir a la última representación de esta maravilla de la Historia de la Música (con mayúsculas) el pasado día 18. Lo que escuché fue realmente estupendo. Soy bastante amante de los estilos o mejor, de las interpretaciones estilísticamente correctas o dicho de otro modo: sin ser un integral, me molesta mucho un Orlando haendeliano con el piano como instrumento para los "secco" (exagero, aunque lo he visto...), me entendéis... así que acudí bastante incrédulo al Palau de Les Arts aún a sabiendas que esta Ifigenia en Táuride (como la otra en Áulide?) soporta bien una interpretación pasada de kilos (¡cúanto aprendieron Mozart y Berlioz y hasta-valga la licencia-Wagner del señor Gluck!). Y así fue. Sin desmerecer nada ni a nadie, la versión estaba clara desde los créditos: Fourniller, Urmana, Domingo...y fue maravillosamente dramática, intensa, lírica..pura ópera, además de las “clásicas”( fuegos, diosas descendentes, puertas secretas, puñales...). Ya digo, bravo el elenco, bien la orquesta, aunque poco sutil a pesar de su excelencia. Mas la sorpresa, a mi juicio me la proporcionó el coro, especialmente la sección de las mujeres. Ese era exactamente el color, el empaste (es una ópera muy “coral”) y la articulación que deseaba escuchar (aunque he de admitir que estaba ligeramente adaptada a las necesidades musicales generales, he aquí que se pueda echar de menos más “peso” en los hombres que dejaron las sutilezas francesas en pos de un peso lírico-dramático ¿exigido?, aunque no pondría peros). Abogo por las cosas bien hechas, pues el coro es vital en esta ópera maravillosa y única. Por ejemplo, la pronunciación, el ataque y el final de cada intervención era exquisita. Al fin y al cabo es lo que tiene que ser, ¿no? ¿no creéis que nos hemos acostumbrado a cierto descuido tanto en orquesta, solistas como coros? Supongo que la propia naturaleza del coro (coro de cámara...¡¡qué osados, el Palau!!) conllevaba esas sutilezas. En fin...dejo ahí un tema abierto, por si a alguien le interesa. Acabo: sí a Domingo (qué leyenda y sigue...), a Urmana (qué grande) a Jordi (qué futuro) a una orquesta que forzosamente ha de ser buena (se puede hacer mejor) pero, ¿de dónde sale un coro tan excelente y apropiado? Significa eso que hay futuro y talento fuera de los nombres...señores..¡búsquenlos! Gracias, Titus por tu blog. Es necesario. Y...¡larga vida a Gluck!

Titus dijo...

Músicaesmúsica, gracias por tu comentario, espero que haya más porque lo que dices me ha resultado muy interesante. Yo también creo que el coro Amalthea estuvo muy bien, puede que más sutil que el habitual Cor de la Generalitat Valenciana, aunque también es cierto que a estos últimos les he escuchado unos pianísimos (recuerdo aún el Fidelio de hace dos años) que eran una gozada. No sé, no me atrevo a compararlos porque ambos me parecen excelentes. Te doy la razón en que hay que buscar talento fuera de los nombres más conocidos, pongo como ejemplo en solistas al bajo Stephen Milling, quien nos dejó un Gurnemanz de categoría y que es un desconocido para gran parte del público.

musicaesmusica dijo...

Absolutamente cierto. Estoy de acuerdo tanto con Milling, como con la imposibilidad de comparación. El Cor de la Generalitat se ha convertido en uno de los grandes coros de ópera de España además, en mi opinión tiene algunas facultades que lo hacen excelente y es precisamente la cualidad "coral" ya que nació siendo un coro sinfónico. Es por eso que no sólo cantan bien y tienen voces increíbles, si no que además son capaces de hacer pianísimos espectaculares. Fidelio fue el ejemplo, sin duda. Sonrío, mientras escribo al saber que hay talento y grandes profesionales en Valencia para que continuemos disfrutando de la buena música. Buen día y felices fiestas a todos!

Gustavo dijo...

He disfrutado leyendo vuestros acertadísimos comentarios sobre Ifigenia y quiero unirme a los elogios que se hacen del coro Amalthea.

No se trata de comparaciones, que siempre fueron odiosas, sino de la posibilidad que Musicaesmusica plantea. Hay vida más allá del Coro de la Generalitat. Si la calidad del coro titular del Palau no es discutida, sí que lo han sido algunos de sus comportamientos. ¿Porqué sino, se tuvo que requerir a otro coro para cantar esa producción? ¿Acaso se contrata otra orquesta? Son reconocidas las exigencias del coro, que llevan de cabeza a la producción del Palau de les Arts.

Así pues, nos congratulamos de saber que Valencia seguirá teniendo ópera sin tener que estar maniatado por los intereses particulares de un colectivo, al que considero bastante privilegiado por poder vivir más que dignamente. Los salarios de los cantantes son generosos, a pesar de que sus miembros no han tenido el mismo tipo de selección que los profesores de la orquesta, ni están condicionados como éstos a que un día el director musical pueda no renovarles.

Titus dijo...

Gustavo, gracias por tu comentario. La verdad es que no sé nada acerca de las exigencias del coro titular, ni sé por qué se escogió al coro Amalthea para esta producción, así que poco puedo aportar aparte de agradecerte tu mensaje y pedirte que dejes tus comentarios siempre que lo creas oportuno.