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miércoles, 30 de mayo de 2012

Rompiendo cadenas con Beethoven


Hace poco, los amigos José Luis y Kalamar tuvieron a bien acordarse de este blog a la hora de concederle el premio Liebster blog. Dicho premio funciona como una cadena, cada uno de los premiados debe a su vez premiar a otros cinco blogs. Un premio siempre es algo agradable, pero el tema de las cadenas es algo que ya probé una vez y no me atrae, así que decidí no seguirla. Sin embargo, los blogueros del vecindario internáutico-musical han tenido la feliz idea de acompañar sus entradas con un vídeo musical que ilustrase algún aspecto relativo a los premios en cuestión, y eso sí que no voy a dejar de hacerlo. Por eso vamos a dejar que sea Christa Ludwig quien rompa la cadena, en su caso la que retenía a James King en este Fidelio de 1963 dirigido por Arthur Rother. Espero que Kalamar, José Luis y todos los demás disfrutéis con este coro final de la maravillosa ópera de Beethoven, que es una auténtica inyección de ganas de vivir.


Vídeo de 1964fidelio

sábado, 8 de octubre de 2011

Klemperer, Mendelssohn y Beethoven

A principios de los años 50, el famoso director Otto Klemperer firmó un contrato con la discográfica británica Vox para grabar, entre otras obras, la quinta sinfonía de Beethoven. El fundador de dicha discográfica era George Mendelssohn-Bartholdy, descendiente de la familia a la que perteneció el famoso compositor Felix Mendelssohn (y otros muchos personajes célebres: el filósofo Moses Mendelssohn, el químico y fundador de AGFA Paul Mendelssohn, el magnate de la construcción alemán Heinrich Mendelssohn...).

Klemperer fue un día a entrevistarse con George Mendelssohn con la intención de mostrarle su enfado por la deficiente labor de distribución de sus discos. Para convencerle de que esto era así, fueron juntos a una tienda de discos londinense a intentar comprar la grabación de la quinta de Beethoven que acababan de publicar. El dependiente que les atendió, dándole la razón a Klemperer en sus protestas, les dijo que no tenía ese disco, pero que tenía otras versiones dirigidas por Toscanini y por Ormandy. Ante la insistencia de los clientes preguntando por la versión de Klemperer, el dependiente preguntó -¿Y por qué la quieren dirigida por Klemperer?- a lo que el aludido contestó -Porque yo soy Klemperer. 
-Sí, claro- dijo el vendedor con sarcasmo-, y supongo que su amigo será Beethoven.
-¡No! -replicó Klemperer -¡Es Mendelssohn!.

Escuchemos la grabación que motivó esta anécdota. En su día fue criticada por su mal sonido (Vox era una compañía de bajo presupuesto y posiblemente el prensado de sus discos dejase mucho que desear), pero el genio de Klemperer está ahí. Algo lento y excesivamente cuadriculado para mi gusto, pero de una calidad indudable.


Vídeo de otterhouse

jueves, 23 de junio de 2011

Jonas Kaufmann canta Fidelio en Les Arts


Antes que nada, quiero agradecer su generosidad a José Luis pues gracias a él pude asistir a la función de Fidelio de ayer en el Palau de les Arts, aprovechando su entrada ya que él no pudo hacerlo.

La función de ayer me dejó mejor sabor de boca que la que ya comenté hace dos semanas porque a una orquesta y un coro excelentes se unió una ligera mejoría en la actuación de Yevgueni Nikitin como Pizarro y una más notable en Jennifer Wilson como Leonore/Fidelio. Aunque sigo creyendo que este papel no es adecuado para las características de la soprano norteamericana y que haría bien si lo eliminara de su repertorio, he de decir que ayer estuvo mucho mejor que el pasado día 11 y que, a pesar de que siguió sufriendo con las agilidades y llegando apurada a los agudos, consiguió salvarlos sin caer en el grito como desgraciadamente hizo entonces.

Zubin Mehta dirigió tan bien como en mi anterior visita a Les Arts, y la orquesta y el coro volvieron a demostrar su excelencia, especialmente al final de la ópera, donde ambas formaciones tienen ocasión de lucirse con una espectacular obertura Leonora III y con el coro final.

Pero si había ayer algo que llamase la atención en el reparto era la aparición, sólamente para esta función, del tenor más mediático de la actualidad, Jonas Kaufmann, que se encargó del difícil pero breve papel de Florestan. A pesar de la poca publicidad que se hizo de su presencia, lo cual resulta sorprendente, gran parte del público de ayer (que no llenó el teatro, aunque faltó poco) venía de otras ciudades sólo para ver a la estrella alemana. Algunos, incluso, para escucharlo. Bueno, esto último es una maldad, pero es que yo soy así, malvado. Mwahahaha!!!

Todo hacía presagiar un éxito: Kaufmann venía de triunfar con un excelente Siegmund en el Met, canta una obra que conoce a la perfección y con la que ya ha obtenido grandes éxitos, en alemán (lo cual es importante no sólo por la dicción y la prosodia propias de un nativo, sino también porque su particular emisión suena más natural cuando canta en su propia lengua que cuando lo hace en francés o italiano). Además, se trata de un cantante que suele ser bastante regular, para lo bueno y para lo malo, así que todos estábamos convencidos de que la cosa iría bien y así fue. Pero independientemente de la crónica de un éxito anunciado, muchos teníamos curiosidad por escuchar en vivo esa voz tan peculiar, o mejor dicho, esa voz emitida de forma tan peculiar, para ver si la cosa funcionaba o no. Vamos a tratar de analizar sus características, siempre desde la profunda ignorancia y el atrevimiento que caracteriza estos apuntes.

Para empezar, ayer Kaufmann estuvo muy bien. Su voz es más grande de lo que pensaba, pero también más opaca, lo que le resta presencia en los números de conjunto. Mientras que cuando cantaba solo su voz llenaba el teatro, si lo hacía junto a Wilson o Nikitin había que hacer un esfuerzo para distinguirla. Su zona alta siempre me ha parecido lo mejor de este tenor y así fue, no sólo porque es la única que está liberada y tiene cierto squillo, sino porque además la alcanza con aparente facilidad y eficiencia. Por contra, su zona media suena gutural, lo que da a su voz ese tono oscuro que tanto gusta a algunos pero que a mi se me atraganta, no sólo porque lo encuentro poco tenoril, sino porque además suena a oscurecimiento artificial. Pues bien, en vivo la sensación de artificialidad disminuye notablemente y aunque la emisión sigue siendo extraña, el centro parece más integrado con el agudo. El timbre resulta más aterciopelado que en las grabaciones, donde muchas veces se da un sonido que algunos llaman "viril" y otros "orco de Mordor", y aunque no es de una belleza arrebatadora, tampoco está desprovisto de atractivo. Estaríamos pues ante un cantante al que no le sienta bien el micrófono, que pone al descubierto irregularidades que quedan camufladas en el teatro. Un caso raro, pues la mayoría de cantantes actuales suelen quedar muy resultones en estudio pero pocas veces dan la talla en directo.

Más allá del análisis de su voz, una de las principales características de su canto es su cuidado de los matices, las dinámicas y la línea de canto. No defraudó en esta faceta, donde hay que destacar, además, su dominio del legato, su fraseo incisivo y su adecuación estilítica, también en lo actoral, donde se implicó mucho. Sólo hubo un exceso, para mi gusto, y este fue el inicio de su escena del segundo acto con la palabra Gott! iniciada en pianissimo y progresando hasta el forte. Aparte de un efecto de dudoso gusto, el sonido en pianissimo fue ciertamente feo y débil, totalmente descolgado del resto del aria, que cantó estupendamente.

Por último, una vez escuchados dos de los tenores que cantan el papel de Florestan en esta producción (falta Lance Ryan, al que no podré escuchar), debo decir que si tuviese que elegir, a pesar de estar ambos muy bien, me quedaría con Peter Seiffert. Otra opinión, probablemente, tendría si ambos hubieran venido a cantar el Siegmund de Die Walküre, pues la juventud y la resistencia de Kaufmann le harían ganar muchos enteros frente al veterano Seiffert, pero hoy por hoy, el maillot amarillo de los Florestanes lo sigue vistiendo Seiffert. Afortunadamente, no hay por qué elegir y podemos escuchar a ambos, incluso a Ryan, al que deseo lo mejor en su próxima actuación.

domingo, 12 de junio de 2011

Fidelio vuelve a Les Arts


Fidelio es una ópera a la que tengo mucho cariño desde siempre. Ese cariño incrementó cuando fue la elegida para inaugurar el Palau de les Arts en el 2005, con una serie de funciones que alcanzaron un nivel elevadísimo. Ahora, seis años después, Fidelio vuelve a Les Arts y aunque mi cariño hacia este título sigue siendo el mismo o mayor, hay que analizar los cambios que ha sufrido el reparto, a priori de inferior categoría, para ver si el nivel se ha mantenido.

Para empezar, si en la inauguración del Palau todos quedamos sorprendidos con la excepcional calidad de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat Valenciana, ayer demostraron que en estos años esa calidad no ha hecho más que ir en aumento. Pocos pueden dudar de que estas formaciones, hoy por hoy, estén al nivel de otras de mucho más renombre y de mayor tradición en el continente europeo. Y seguramente, quienes lo duden tendrán motivos que poco tienen que ver con lo musical. Desgraciadamente, ya se oyen voces que anuncian la marcha de parte de los miembros de la orquesta debido a la mala gestión de la misma. Ojalá no sea así, porque uno de los principales motivos para acudir a Les Arts cada vez que se programa una ópera, aunque sea un título poco interesante y el reparto sea mediocre, es la calidad asegurada de sus cuerpos estables.

Zubin Mehta volvió a demostrar que le tiene cogido el pulso a Fidelio y a la orquesta. Se le suele acusar de ser un director superficial, efectista y de abusar del volumen orquestal sin tener en cuenta a los cantantes, pero ayer, tal y como pasó hace seis años, no hubo nada de eso. La música de Beethoven sonó a Beethoven del bueno, del de la vieja escuela, con tensión de principio a fin, sin desparrames ni explosiones orquestales de dudoso gusto. Salvo en desajustes puntuales durante la obertura de la ópera, la orquesta respondió a sus exigencias con precisión y con un sonido espectacular. Como ya se ha comentado en blogs, foros y prensa, la obertura Leonora III que se interpreta en el segundo acto es el mejor momento de la noche y unos de los mejores de la corta historia de Les Arts. Ya lo fue en el Fidelio del 2005 y lo vuelve a ser ahora, quizás con un sonido aún más depurado.

Como ya hemos dicho, el handicap de este Fidelio está en su reparto, menos atractivo que el del 2005. Ni Jennifer Wilson es Waltraud Meier, ni Stephen Milling es Matti Salminen. Peter Seiffert sí que es Peter Seiffert, pero con seis años más a cuestas, y además seis años en los que ha cantado Tristan, Tannhäuser, Parsifal... Vamos a ver cómo resultaron estos cambios respecto al Fidelio que muchos teníamos idealizado en nuestra memoria.


Empezaremos por el único que repetía, Peter Seiffert. Sorprendentemente, lo encontré mejor incluso que en su Florestan de hace seis años, con un vibrato ancho presente pero menos pronunciado que en aquella ocasión. Demostró que sigue siendo la referencia actual en este papel, con una línea de canto esculpida con clase, llena de detalles y de gran intensidad dramática. Su voz sigue sonando joven por timbre, homogeneidad y potencia, a pesar del ya mencionado vibrato. Es un tenor que me gusta mucho y ayer volvió a darme motivos para seguir teniéndolo entre mis preferidos.

Sin embargo, Jennifer Wilson, que tenía por delante el difícil reto de competir contra el recuerdo de Waltraud Meier, no sólo no consiguió hacer que nos olvidáramos de la alemana, sino que ni tan siquiera sacó adelante el papel de forma satisfactoria. Yo, que quedé encantado con su Brünnhilde en el Anillo de la Fura (por fin una Brünnhilde que cantaba y no gritaba), que la defendí frente a quienes la encontraban fría (aún hoy sigo diciendo que de eso nada), llegué a Les Arts predispuesto a disfrutar con su actuación a pesar de posibles defectos, pero lo cierto es que salí muy decepcionado. Aunque empezó bien, imponiéndose en el canon del primer acto por sus innegables cualidades vocales, fracasó en su aria al atragantársele las agilidades. Aparte del hecho mismo de no superar esta dificultad, el esfuerzo que realizó intentándolo hizo que llegara al agudo a trompicones y pasó lo que tenía que pasar, lo resolvió gritando. No me lo podía creer, alguien capaz de cantar todas las notas de las tres jornadas del Anillo (repito: cantar) estaba gritando. ¡Qué decepción! En el entreacto pensé que quizá en su dúo con Florestan, por el tipo de escritura más "wagneriana", se encontraría más cómoda y así fue, lo cantó correctamente, pero sus intervenciones previas a ese dúo volvieron a estar llenas de gritos y agilidades mal resueltas. Dramáticamente, quienes la encontraron fría en el Anillo la volverán a encontrar fría aquí, pero qué queréis que os diga, yo no busco calidez en la ópera, lo que busco es canto de calidad. Como Brünnhilde lo ofreció y sigo recordándola con admiración. Como Leonore no, y de ahí y sólo de ahí que me llevase una decepción. No es este un papel que se adapte a sus medios y debería plantearse retirarlo y centrarse en aquellos que más le convienen.


Stephen Milling no nos hizo olvidar a Salminen pero tampoco nos hizo añorarlo. Simplemente, nos ofreció otra concepción de Rocco, más humana, menos imponente. A su voz, de gran calidad y calidez, se une un cuidado en la línea de canto y una atención al detalle que hizo que el conjunto de su actuación resultase modélico. Estuvo al nivel de su Gurnemanz, aunque el papel de Rocco tenga menos miga en comparación.

Yevgueni Nikitin era el único que partía con ventaja, pues en el Fidelio del 2005 el papel de Don Pizarro fue cantado de forma deficiente por Juha Uusitalo (posteriormente, su Wotan estuvo mucho mejor). Pues, aunque su voz es mucho más atractiva y tiene más volumen que la del finlandés, lo cierto es que en la primera de sus intervenciones anduvo más perdido que Andy y Lucas en una biblioteca y luego no supo levantar el papel. Qué lástima, dos Pizarros en la historia de Les Arts y dos fiascos.

Bien sin más estuvo Sandra Trattnigg como Marzelline, con unos medios vocales más bien limitados y mejor Karl-Michael Ebner como Jaquino, de quien podría decirse lo mismo. De los dos prisioneros que cantan durante el coro del primer acto, mejor el tenor Javier Agulló que el bajo Mika Kares.

Por último, me alegré de poder escuchar al veterano Robert Lloyd en el brevísimo papel de Don Fernando. La verdad es que me lo esperaba con la voz en peores condidiones y lo encontré bien, muy entero y haciendo gala de su gran carisma sobre las tablas. No creo que esté para cantar mucho más, pero como Don Fernando es todo un lujo su presencia.

Sobre la puesta en escena de Pier'Alli, he de decir que, o bien ha cambiado en muchos aspectos desde su estreno, o bien yo la recordaba como menos lograda, porque lo cierto es que me volvió a gustar y yo creía que esta vez no lo iba a conseguir. Estéticamente es muy atractiva, pero yo la recordaba como estática y ajena a la dirección de actores. y sí, hay estatismo (epecialmente en el coro del segundo acto), hay cantantes plantados en la boca del escenario cantando su aria sin moverse, pero también hay aciertos, como la iluminación o las proyecciones y en conjunto no está nada mal.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Oda a la alegría en "mi", por Beaker


Hay un programa informático que permite a quien lo usa grabarse cantando algo varias veces y luego superponerlas todas para formar un coro. Si siempre habéis querido cantar en un coro pero os da vergüenza, no os han aceptado, sois demasiado antisociales como para relacionaros con tanta gente o tenéis una extraña enfermedad contagiosa y el médico os obliga a vivir dentro de una burbuja de PVC, éste es vuestro programa. En youtube podéis encontrar muchos vídeos grabados con este método, algunos geniales como el archiconocido homenaje a Star Wars con versiones de varias BSOs de John Williams (excepto Star Wars), otros bastante prescindibles. Por si alguien no sabe de qué hablo, cuelgo un vídeo cortito en el que un émulo de Rutger Hauer canta Scarborough Fair y seguimos.


Vídeo de FineyLee

¿Conocéis a los muppets o teleñecos, no? ¿Os acordáis de Beaker, el ayudante de laboratorio que sólo pronuncia la sílaba "mi"? Pues por lo visto, a Beaker también se le ocurrió usar el programa en cuestión para cantar la Oda a la alegría de la Novena sinfonía de Beethoven. El resultado es impagable.


Vídeo de teacherstubescience

Se lo dedico a Mi, por razones más que evidentes.

martes, 24 de noviembre de 2009

Jon Vickers, un gran artista sin una gran voz


La resaca del paso de Les Troyens por el escenario del Palau de les Arts y por los blogs amigos me ha dejado bailando en la memoria los nombres de grandes cantantes que se enfrentaron con la dificil prueba de cantar cualquiera de los papeles principales de esta ópera. Entre todos ellos hay uno que destaca por haberse enfrentado con el papel más complejo de todos, el de Enée, y haberse convertido en su intérprete oficial durante años. Me estoy refiriendo a Jon Vickers, al que vamos a dedicar hoy una entrada.

Jonathan Stewart Vickers nació en Prince Albert, Canadá, en 1926. En su juventud, tras tratar de estudiar medicina y no ser aceptado en la universidad, decidió dedicarse al canto. Había estudiado en el conservatorio de Toronto y cantado en oficios religiosos, por lo que le fue fácil conseguir una plaza en un coro y pronto lanzarse como solista en la Ópera de Toronto, en la que debutó en 1952. Su primer papel, quién lo diría, fue el Duque de Mantua. Previamente había cantado opereta y oratorios.

Cinco años después, en 1957, Vickers debuta en el Covent Garden como el Riccardo de Un ballo in maschera, causando tan grata impresión que permanece en el teatro londinense hasta 1969. Durante esos años se forja la leyenda de Jon Vickers, un tenor capaz de asumir papeles tan variopintos y de tal dificultad como Radamés, Don Carlo, Florestán, Samson (Haendel y Saint-Saëns) y Siegmund, con el cual debutó en Bayreuth en 1958. También fue un asiduo de las óperas de Viena, París, la Scala de Milán y los principales teatros de Norteamérica, sobre todo el Metropolitan de Nueva York. De entre sus interpretaciones legendarias, destacan las dos veces que acompañó a Maria Callas como Giasone en la Medea de Cherubini, en Dallas (1958) y Londres (1959) y que le valieron para convertirse desde entonces en la referencia en tal papel. Escuchemos el dúo Son vane, qui minacce, perteneciente a la función del 3 de junio de 1959 en el Covent Garden.


Vídeo de AntonioMSFilipe

A los papeles ya mencionados, entre ellos el Enée de Les Troyens, fueron sumándose muchos otros: Pollione, Canio, Otello, Hermann de La dama de picas, Laça de Jenufa, Vasek de La novia vendida, Don Alvaro... pero si hay un papel donde Vickers dejó huella, donde supo poner todo su arte al servicio de la música y exprimir todo el jugo que contiene el personaje, ese es el rol titular de la ópera Peter Grimes, de Benjamin Britten. Tengamos en cuenta el mérito que tiene apropiarse de un rol que fue compuesto expresamente para un tenor en concreto, Peter Pears, y más aún hacerlo cuando la interpretación de Pears seguía en la memoria del público. Escuchemos (y veamos, que en este caso es casi tan importante) el Peter Grimes de un maduro Vickers en 1981.


Vídeo de Oneguin65

Sobre la voz de Jon Vickers nos dejó escrito Gonzalo Badenes en su libro Voces: "[...] en una primera escucha alarma y desconcierta. El aficionado que sólo conozca a Vickers por las grabaciones de sus últimos años, sentirá un impulso de rechazo hacia ese graznido faríngeo-nasal que caracteriza sus agudos en Otello, Tristan o Fidelio, en las versiones que grabó con Karajan para EMI." El ínclito Rodolfo Celletti describió así su voz: "Timbre árido, pobre de metal, carente de brillo en el agudo". Sin embargo, el propio Celleti no duda en reconocer que Vickers es el único tenor que respeta escrupulosamente las indicaciones de Verdi en la partitura de Otello, especialmente en el comienzo del Dio, mi potevi scagliar, donde se debe cantar "con voce soffocata". Vamos a comprobar tanto lo ingrato de su voz como lo correcto de su lectura en este Dio, mi potevi scagliar de 1978. Temas aparte serían su pronunciación y los sonidos afalsetados, especialmente llamativo el del minuto 2:20.


Vídeo de Onegin65


Badenes dice que la razón de que tengamos esa idea acerca de la voz de Vickers es que la celebridad discográfica, que es la que queda para la posteridad, le llegó tarde. Sin embargo, aún es posible encontrar al primer Vickers, con una voz mucho más agradecida, agudo fácil, excelente fraseo y una extraordinaria capacidad para recoger su caudalosa voz en grabaciones como su Don Carlo del 58 en el Covent Garden, su Parsifal dirigido por Knappertsbusch en Bayreuth de 1964 o su Aida con Solti. Como documento curioso, vamos a escuchar a un joven Vickers cantando con un instrumento en su plenitud el final de Il Trovatore junto a la soprano Edith della Pergola. No es una voz bellísima, pero lo cierto es que está mucho mejor que la que podemos escuchar en cualquiera de los otros vídeos.


Vídeo de Pawelp

Curiosamente, Jon Vickers, quien fue para muchos el mejor heldentenor wagneriano desde Lauritz Melchior, sólo cantó uno de los tres papeles que Wagner escribió para este tipo de vocalidad: Tristan. La razón por la que se negó a cantar Siegfried y Tannhäuser (llegando a abandonar una producción de esta última ópera en Covent Garden tras haberla aceptado inicialmente) fue su fundamentalismo cristiano. Vickers no tenía ningún problema en interpretar villanos o anti-héroes (Pollione, Giasone, Grimes...), pero se negaba a cantar aquellos personajes que, según su visión, eran exaltados por su mal comportaniento. Él mismo dijo que podía rechazar tales papeles con la cabeza bien alta porque, después de haberse atrevido con otros papeles de igual dificultad, nadie iba a pensar que tenía miedo de enfrentarse a ellos. Y es cierto, nadie lo piensa, pero es una lástima que sus creencias se interpusiesen en su carrera y nos privasen de unas interpretaciones que, en el caso de haber tenido lugar, podrían ser hoy tan legendarias como su Tristan. En este caso, siempre desde mi óptica y siendo consciente de que lo que digo puede resultar polémico, la persona no estuvo a la altura del artista.

Escuchemos el dúo del segundo acto de Tristan und Isolde con Jon Vickers y Birgit Nilsson en el festival de Orange en 1973, con la dirección de Karl Böhm.


Vídeo de Onegin65

Me dejo para el final dos interpretaciones de Jon Vickers que considero referenciales. La primera es su Don José en la Carmen de Bizet. Vamos a escuchar su aria de la flor en la versión fílmica que grabó junto a la Carmen de Grace Bumbry y la dirección de Herbert von Karajan. Ya está presente su timbre agrio, sin embargo la delicadeza conseguida con tan ajado instrumento y la sabiduría con la que cincela cada frase la ponen en el primer lugar en mi lista personal.


Vídeo de 3tristan


La otra interpretación legendaria de la que hablaba es su Florestan de Fidelio. Escuchemos su aria In des lebens, interpretada con todo el sentimiento que era capaz de transmitir tan gran cantante.


Vídeo de dorje1975

Y como esto tiene que acabar alguna vez, porque además de un blog uno tiene otras cosas que hacer, entre ellas corregir miles de exámenes, nos dejamos en el tintero cibernético interpretaciones míticas como su Siegmund con Leonie Rysanek, su Pollione en Orange con la Norma de Montserrat Caballé, su Enée (del que ya habló hace poco Joaquim en su blog In Fernem Land) y otras muchas que podéis encontrar en youtube fácilmente. Espero que os haya gustado este recordatorio de uno de los cantantes más importantes del siglo XX.

viernes, 18 de abril de 2008

Friedrich Gulda - So what?

Estos días estoy escuchando la integral de conciertos para piano de Beethoven que grabó Friedrich Gulda con la Filarmónica de Viena dirigida por Horst Stein para Decca en 1970 y que recientemente ha reeditado Brilliant. Buscando más cosas sobre Gulda en youtube he encontrado este documental, So What?, en el que una voz en off que simula ser la del propio Gulda hace un recorrido por toda su vida (¡y qué vida la de Gulda!). Empezó como concertista, uno de los mejores del siglo XX, pero en los 50 empezó a interesarse por el jazz, una música que le parecía más viva que la clásica, atenazada por el conservadurismo de las clases altas. Más tarde, creo un personaje para que cantara sus canciones (que era él mismo con peluca), llegando a engañar a parte de la crítica. Sin abandonar nunca la música de Beethoven, Mozart y Bach, sus tres piedras de toque, experimentó con todo tipo de sonidos, incluso, ya en su vejez, con la música discotequera de Ibiza, go-gos incluídas. En el documental, Gulda justifica todas y cada una de sus aventuras musicales, si bien es inevitable pensar que con muchas de ellas sólo pretendía enfurecer a los sectores más conservadores que al final no tenían más remedio que rendirse ante él cuando se dejaba de gansadas y tocaba las obras de Mozart como nadie más podía hacerlo. Su última gran broma fue simular su propia muerte para, tres días después, anunciar que había resucitado. Un año después murió de verdad, pero antes de ello prohibió a la prensa vienesa dar noticia de su muerte, pues consideraba que ningún crítico en Viena tenía categoría suficiente para hablar sobre su vida y su carrera.

Aquí está el documental, en el que le podemos escuchar interpretando obras de Beethoven, Mozart y Bach, así como sus propias composiciones. Está subtitulado al inglés y dividido en siete partes. Se puede ir de una otra utilizando las flechas laterales que aparecen al final de cada vídeo para acceder al siguiente.




Vídeo de opus3863a

viernes, 8 de febrero de 2008

Carlos Kleiber

Posiblemente el director más controvertido del siglo XX, Carlos Kleiber (1930-2004) fue tan famoso por sus excentricidades como por su increible talento. Su carrera fue un caso único: Su padre, el famoso director Erich Kleiber, se opuso ferozmente a que se dedicara a la dirección. Tras conseguirlo por su cuenta, rechazó desde muy joven ser director titular de las muchas prestigiosas orquestas que se lo ofrecieron, prefiriendo ser un director freelance. Trabajaba poco, una media de diez compromisos al año. Grabó aún menos, apenas trece discos oficiales, y a lo largo de toda su carrera sólo dirigió ocho óperas: La Bohéme, Otello, Carmen, Tristán e Isolda, Der Freischütz, Elektra, El caballero de la rosa y Wozzeck. Cada aparición suya (cuando aparecía, eran famosas sus rupturas de contratos) era un acontecimiento. Kleiber era un perfeccionista con una habilidad natural para entender la música y para moldear el sonido orquestal, lo que lograba tras largos ensayos, casi siempre a puerta cerrada, en los que se encargaba de pulir hasta el menor aspecto de la partitura sin dejar nada a la improvisación. Sin embargo, no era un dictador, sino que dialogaba con cada miembro de la orquesta hasta conseguir un resultado satisfactorio para todos. Dicen algunos de los músicos a los que dirigió que un ensayo con él era más instructivo que toda una carrera en el conservatorio. En youtube podéis encontrar fragmentos de un ensayo suyo con la Südfunk-Sinfonieorchester como éste de la obertura de El murciélago, de Johann Strauss II:


Vídeo de raychuan

Carlos Kleiber era uno de esos directores a los que el espectador de sus conciertos no podía dejar de mirar. Sus movimientos en el podio forman parte de la leyenda, se dejaba llevar por la música y transmitía su energía a los músicos con apenas un gesto de su mano derecha y una mirada. Una de sus excentricidades era dirigir largos pasajes con la mano izquierda en el bolsillo o apoyada en la barra trasera del podio. Hoy podemos ver también la expresión de su cara en algunos vídeos y comprobar cómo era capaz de vivir la música. Valga como ejemplo esta obertura Coriolano de Beethoven con la Bayerische Staatsorchester:


Vídeo de MahaKrisna

Una de las obras dirigidas por Kleiber que más he disfrutado ha sido el Otello de Verdi con Domingo, Freni y Cappuccilli que inauguró la temporada de la Scala de Milán en 1976. El inicio de la ópera, que veremos a continuación, tiene una fuerza tremenda. En la grabación (pirata) se puede escuchar como, tras el entreacto, un grupo de loggionisti exaltados (y sordos, supongo) recrimina a gritos a Kleiber su falta de estilo. Luego nos quieren vender la moto de que los loggionisti son los guardianes de las esencias operísticas. ¿Pero cómo alguien puede ponerle pegas a ésto?


Vídeo de wagnerianman
Para más información acerca de Carlos Kleiber, os recomiendo este artículo de Pablo Ransanz Martínez en Filomúsica.

viernes, 4 de enero de 2008

El Fidelio de les Arts en la TV

Esta noche, después de cenar, estaba haciendo zapping para ver si encontraba alguna película a punto de empezar cuando, al pasar por el canal Unitel Classica (disponible en Imagenio) me encuentro con una ópera cuya escenografía me recordaba mucho al Fidelio con el que se inauguró el Palau de les Arts en el 2006. La ópera estaba ya empezada, justo en el momento en el que la puse estaba a punto de empezar el aria de Don Pizarro del primer acto. ¡Anda, pero si ése es Juha Uusitalo! ¡Pero si ése es el Fidelio de Valencia! Pues sí, lo era, concretamente el del día del estreno, con la reina en el palco y todo. Desde el primer momento se sabía que las funciones de Fidelio, así como las del Anillo de Wagner, se iban a grabar y se iba a comercializar un DVD, aunque no se sabía la fecha. Pues bien, aunque el DVD aún no esté a la venta, la cadena Unitel Classica ya emite la grabación (que, por cierto, está muy bien hecha).

Los que asistimos a aquellas funciones guardamos un gran recuerdo de ellas por diversas razones. Era el primer paso de un proyecto que nos ilusionaba, a pesar de los muchos errores en su construcción y gestión. Era, además, un primer paso a lo grande, con un grandísimo director como Zubin Mehta en el podio y un elenco de cantantes de altísima calidad: Meier, Salminen, Seiffert... A todo esto hay que añadir que fue el debut de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, acerca de cuya calidad había muchas dudas. También se habló mucho sobre si el Cor de la Generalitat sabría cantar sobre un escenario, acostumbrados como estaban a los conciertos en los que no hay que actuar. Pues bien, fue una gozada en su día, y lo ha vuelto a ser hoy, ver como la orquesta y el coro estaban al nivel de los solistas. La interpretación de la obertura Leonora III en el segundo acto levantó literalmente a la gente de sus butacas, fue un momento muy emocionante, así como un inolvidable coro de prisioneros durante el primer acto.

Estaré ojo avizor para ver si el mismo canal emite el Oro y la Valquiria con escenografía de la Fura, tengo ganas de ver si la grabación de estas óperas ha salido tan bien como la del Fidelio.

Os dejo un vídeo del aria de Don Pizarro que mencionaba antes: Ha! welch ein Augenblick, por Walter Berry. ¿Se puede cantar esta pieza mejor?



Vídeo de Gabba02

martes, 18 de diciembre de 2007

Queda inaugurado este blog

Y para inaugurarlo nada mejor que una obertura, en este caso la de Fidelio (Beethoven), una de mis óperas fetiche. Nikolaus Harnoncourt dirige a la Orquesta de la Ópera de Zurich.



Vídeo de hamjii