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domingo, 15 de febrero de 2009

Faust en el Palau de les Arts

Qué suerte tenemos de tener una orquesta y un coro tan buenos en el Palau de les Arts. El Faust de ayer, con unos cantantes que se movieron entre lo correcto y lo fallido (estando Voulgaridou por ahí no podía ser de otra forma) habría pasado sin pena ni gloria en otros teatros cuyos cuerpos estables no tuviesen el nivel suficiente como para levantar por sí solos una función, pero lo que escuchamos ayer en les Arts fue mucho más que eso, fue una gran noche de ópera. También ayudó la excelente puesta en escena de David McVicar, que ya lleva años funcionando pero no acusa el paso del tiempo.

Ya sabemos que Maazel abandonó el proyecto del Faust antes de que empezaran los ensayos debido a una enfermedad (o eso se anunció, porque a estas alturas las cancelaciones en Les Arts son tan habituales que uno ya no sabe cuando le dicen la verdad y cuando le están tomando el pelo). Su sustituto ha sido el director francés Frédéric Chaslin, que ha obtenido un resultado excelente y que ha dirigido, además, de una forma muy maazeliana, remarcando el contraste de volúmenes de la orquesta, regalándonos momentos de efusividad explosiva y otros de acariciante suavidad, amparado siempre por el colchón de las cuerdas que ayer estuvieron espléndidas. A diferencia de lo que ha hecho Maazel en otras ocasiones, Chaslin ha tratado con cuidado a los cantantes y no les ha hecho luchar contra el volumen orquestal en ninguna ocasión, quizá perdiendo algo de espectacularidad pero ganando homogeneidad por la correcta integración de las voces en el conjunto.

El Cor de la Generalitat Valenciana estuvo sencillamente espectacular en todas sus intervenciones, destacando especialmente en la famosa página Gloire immortelle de nos aïeux, que sobrepasó a todas las arias de los solistas en emoción y se convirtió en lo mejor de la noche. Afortunadamente, la puesta en escena les permitió cantarla en la boca del escenario y sin tener que preocuparse por coreografías extrañas o movimientos que distrajeran su atención y la de los oyentes, como ha pasado en otras producciones.

Pasemos a los solistas. Confiaba bastante en la calidad de Erwin Schrott, a quien ya había escuchado en les Arts como Don Giovanni, algo menos en Vittorio Grigolo, que cantó en el Requiem de Verdi hace un año y nada en la soprano griega y plaga bíblica con la que Dios y Helga azotan al público valenciano Alexia Voulgaridou. En el entreacto pensé que me había equivocado en los tres casos, aunque al final las cosas volvieron a su sitio. Vayamos uno por uno:

Erwin Schrott y Vittorio Grigolo ensayando el primer acto de Faust.

Erwin Schrott, que está debutando el papel de Méphistophélès en Valencia, no tiene la voz de bajo profundo que solemos asociar a este papel, sino la de bajo-barítono para la que fue creado. No se queda corto en el registro grave, a pesar de carecer de la rotundidad de un Ghiaurov o un Christoff, y va sobrado en el centro y el agudo. Su voz es amplia y maleable, y cuenta con un timbre aterciopelado que la hace muy agradable al oído. Sin embargo, sus primeros tres actos fueron decepcionantes, tanto vocalmente, pues no parecía sacar todo el rendimiento que puede a su voz, como actoralmente. Esta falta de implicación hizo que su intervención en el primer acto pasara sin pena ni gloria, y en el segundo acto su himno Le veau d'or, que en mi opinión enfocó desde una perspectiva demasiado efectista y sin que la voz le acompañara en el alarde, no recibió ningún aplauso, sino un silencio tenso que supongo no agradaría mucho al artista. Sin embargo, todo cambió tras el entreacto. Su escena de la iglesia con Marguerite fue muy buena, exhibió una amplia gama de matices y supo llenar el escenario con su presencia. Su excelente serenata del cuarto acto le sirvió para desquitarse por el fracaso de Le Veau d'or y finalmente fue aplaudido y braveado por el público.

Vittorio Grigolo, de quien esperaba muy poco, acabó convirtiéndose en el otro triunfador de la función. Su Faust no destaca por la delicadeza ni por los matices, cierto, pero sería injusto negarle el esfuerzo y la intención. Empezó ofreciéndonos una versión caricaturesca del viejo Faust para, tras su transformación, jugar su principal baza: una voz sana y potente, con un timbre mediterráneo muy bello y una subida al agudo sin dificultad. Sin embargo, en su virtud está implícito su vicio, pues su ascenso al agudo se basa más en la fuerza física que en la técnica, por lo que sus agudos suenan indefectiblemente abiertos y en forte o fortissimo, perdiendo toda capacidad para el matiz en cuanto la partitura le obliga a cantar notas altas. Es un cantante jóven y no sabemos como va a evolucionar. Si se preocupa por enfocar bien su carrera, cuenta con un material que le permitirá obtener grandes éxitos. Si sigue confiando en su fuerza muscular, en cuanto el cuerpo le falle, algo que a todo el mundo le pasa a no ser que uno se llame Plácido Domingo, tendremos un nuevo caso de tenor echado a perder prematuramente.

Alexia Voulgaridou, nuestra Alexia Voulgaridou, la soprano con la que un Dios terrible y cruel castiga a la audiencia valenciana (a la madrileña lo hace con María Bayo y a la barcelonesa, según comentaban ayer unos amigos, con Michaels-Moore) acabó apareciendo en el reparto hace unos meses como sustituta de Cristina Gallardo-Domâs. Tras la tremenda desfachatez de su Luisa Miller, uno se esperaba lo peor, pero lo cierto es que Voulgaridou fue astuta y evitó riesgos. Su aria de las joyas resultó tramposa pero correcta. No me parece bien que los cantantes se coman agilidades, trinos o adornos cuando les suponen dificultades, pero si hay que elegir entre eso y lo que nos hizo en Luisa Miller hemos de pensar que hizo bien yendo a lo seguro. En el dúo con Faust aguantó el tipo, pero en la escena de la iglesia con Méphistophélès ya estuvo calante y gritona, y el terceto final, donde debería haber brillado por encima de Grigolo y Schrott, fue decepcionante.

El resto de cantantes apenas pudieron destacar debido a la brevedad de sus intervenciones. Gabriele Viviani (Valentin), aquejado por una repentina enfermedad, según se informó por megafonía, cantó bastante bien su aria del segundo acto, aunque pasó apuros en los extremos agudo y grave, algo bastante habitual en un aria mucho más complicada de lo que aparenta. Tanto Ekaterina Gubanova (Siebel) como Annie Vavrille (Marthe) estuvieron correctas, así como Vittorio Prato (Wagner).

Una característica común a todos los cantantes fue su deficiente pronunciación del idioma francés. Si hubiese sido sólo un cantante diríamos que debería haberse preparado mejor para el papel, pero siendo todos casi que diremos que la culpa es de los franceses por tener un idioma tan difícil de pronunciar. En el caso de Voulgaridou podemos decir que su pronunciación es como su afinación, se parece a lo que debe ser, pero no lo es.

La puesta en escena de David McVicar me pareció un acierto absoluto. Durante toda la representación hay dos elementos fijos, un palco de la Ópera Garnier a la izquierda que representa el mundo del pecado y un órgano de iglesia a la derecha que representa la salvación. Estos dos elementos se integran con un fondo de escenario que cambia en innumerables ocasiones y que nos lleva a diferentes localizaciones del París de finales del XIX, incluyendo la propia Ópera Garnier o un cabaret (Cabaret L'Enfer, muy apropiado) enmarcado por el arco de la Torre Eiffel. Tanto el número de ballet cuando Faust y Méphistophélès visitan el cabaret como el de la noche de Walpurgis, que acaba en una orgía bastante explícita, estuvieron muy logrados y se integraron perfectamente en la trama de la ópera. Los que solemos tener dificultades con los típicos ballets de la ópera francesa, que en muchos casos no dejan de ser un pegote, ayer estábamos encantados con lo que vimos. De los muchísimos elementos simbólicos que aparecen en la obra, los hay que tienen sentido, aunque puede que a algunos les parezcan en exceso provocadores (el Cristo que se cae de la cruz, por ejemplo) y otros, como la drogadicción de Faust o el travestismo de Méphistophélès, parecen distraer más de lo que aportan, aunque tampoco desentonen. Mención especial merece la iluminación, a cargo de Paule Constable, que juega con las sombras y los claroscuros consiguiendo efectos de gran plasticidad.

Nota de prensa rosa operística: Ayer asistió a la función la afamada soprano rusa Anna Netrebko, pareja de Erwin Schrott, a la que pudimos ver en el entreacto montada en unos tacones de palmo y medio. A ver si Helga aprovecha la ocasión para pedirle que se cante algo por aquí.

sábado, 31 de enero de 2009

Robert Merrill canta Rodgers y Gounod

Robert Merril canta Some Enchanted Evening, de Rodgers y Hammerstein, con el propio Richard Rodgers dirigiendo la orquesta. A continuación, la soprano Anna Moffo se le une para cantar el dúo Climb Every Mountain. Y para acabar, en el mismo vídeo, Merrill canta el aria de Valentin del Faust de Gounod, Avant de quitter ces lieux. Se movía menos que los ojos de Espinete, pero hay que ver qué bien cantaba. Y qué guapa era Anna Moffo.


Vídeo de operabeauty

lunes, 26 de enero de 2009

O légère hirondelle

Seguimos con el repaso caótico a la obra de Gounod que empezamos hace unas semanas. Hoy nos detenemos en el aria O légère hirondelle, de la ópera Mireille, estrenada en el Théâtre Lyrique de París en 1864, seis años después de que Gounod alcanzara la fama con Faust.

Mireille está basada en el poema Mirèio de Frédéric Mistral, originalmente escrito en occitano, cuya traducción al francés obtuvo un gran éxito en Paris en 1959. No vamos a detenernos en hablar del argumento porque es el de la inmensa mayoría de las óperas del siglo XIX: la soprano está enamorada del tenor pero el barítono les hace la puñeta. Sí diremos, como curiosidad, que cuando acabó de componer la obra, Gounod invitó a unos amigos a su casa para interpretar algunas de las partes principales de la obra y poder así hacer las correcciones necesarias. En este ensayo en casa de Gounod los intérpretes fueron nada menos que Georges Bizet al piano, Camille Saint-Saëns al harmonio y el propio Gounod y la vizcondesa de Grandval (también compositora) como cantantes.

El de Mireille es un papel que se va transformando durante la obra, desde la soprano ligera del principio hasta el canto dramático con el que concluye la obra. El fragmento que vamos a escuchar, la "valse-ariette" O légère hirondelle fue un añadido que hizo Gounod a los pocos meses del estreno y se canta en el primer acto, antes de que entre en juego el dramatismo. Lo escucharemos en las voces de dos ilustres ligeras francesas, una del pasado que va a poner en peligro nuestras cristalerías al final del aria y una del presente, si bien hoy en día se está alejando del repertorio ligero y asentándose en el lírico o lírico-ligero. Estoy hablando de Mado Robin y Natalie Dessay.


Vídeo de crespinforever5


Vídeo de volcan313

jueves, 15 de enero de 2009

Sergei Lemeshev, la melancolía hecha canto

Sergei Lemeshev caracterizado como Lensky

Hace meses dediqué una entrada al tenor ruso Sergei Lemeshev. Fue una entrada sin palabras, porque así es como me quedé tras escuchar los tres vídeos que enlacé. Sin embargo, mi entusiasmo hacia Lemeshev parece que no fue demasiado contagioso, pues en los comentarios a la entrada hubo tanto alabanzas como reproches. Estos días, tras haber dedicado un tiempo junto a los amigos levantiscos a revisitar a Ivan Kozlovsky, no he podido evitar volver a traer por aquí a Lemeshev, quien mantuvo con Kozlovsky una dura rivalidad en lo profesional (al parecer en lo personal fueron amigos). A ver si esta vez hay suerte y consigo que disfrutéis de uno de los tenores de línea más depurada que han existido, algo que lo emparenta con Tito Schipa, que tanto éxito obtuvo en su entrada de hace unos días.

Sergei Lemeshev (1902-1977) nació en Staroye Knyazevo, en una familia de campesinos. Desoyendo los consejos de su padre, quien quería que fuese zapatero, el jóven Sergei empezó a cantar a la edad de 17 años. No lo haría mal cuando pasó las pruebas para una de las 25 plazas de canto que ofrecía el conservatorio de Moscú entre 500 candidatos. En 1926, tras graduarse, el teatro Bolshoi le ofreció formar parte de su plantilla, pero Lemeshev rechazó la oferta, convencido de que sólo le iban a ofrecer papeles de comprimario. En vez de eso se dedicó a cantar papeles principales en teatros de provincias (Sverdlovsk, Harbin, Tbilisi...) , alcanzando así una gran fama. En 1931, cuando regresó a Moscú, fue para cantar en el Bolshoi como primera figura, algo que continuaría haciendo ininterrumpidamente hasta 1965, alternándose siempre con Ivan Kozlovsky. Los primeros papeles que interpretó en el Bolshoi fueron el zar Berendei en La dama de las nieves, Gerald en Lakmé y Lensky en Yevgény Onégin, el papel que marcaría su carrera y su vida.

Lemeshev interpretó por primera vez al poeta Vladimir Lensky en 1927 y desde entonces lo hizo en más de 500 ocasiones, la última con motivo de su 70 cumpleaños, ya convertido en una leyenda en Rusia y tras haber superado tres infartos y la pérdida de un pulmón a causa de la tuberculosis que contrajo en 1942. La voz de Lemeshev parece hecha para cantar este papel, el que mejor se adapta a su estilo y a la melancolía inherente a su canto. Al parecer, Lemeshev llegó a penetrar tanto en el espíritu del poeta que su propia vida privada se vió afectada por la tristeza que tal personaje le aportaba. Los resultados artísticos, ni qué decir tiene, fueron excepcionales.

Lemeshev a los 70 años

Lemeshev y Kozlovsky eran los ídolos de la afición en Rusia, aunque ninguno de los dos cantó nunca al otro lado del telón de acero. Ambos tenían multitud de seguidoras, un fenómeno parecido al de las modernas fans de los cantantes de moda, llamadas lemeshistki y kozlovityanki. Lemeshev llegó a construir un muro alrededor de su casa de campo para aislarse de sus fans, pero día tras día éstas hacían agujeros en el mismo con la esperanza de ver a su ídolo.

Pero pasemos a lo más interesante, su estilo y su voz. Como podréis comprobar, se trata de un tenor lírico con un timbre claro muy atractivo, especialmente adecuado para papeles sentimentales por la facilidad para transmitir esa melancolía, ese caracter soñador que mencionábamos al hablar de su Lensky. Se mueve mejor en la zona aguda, que alcanza con gran facilidad, teniendo el pasaje bien solucionado. Técnicamente, Lemeshev pertenecía a la escuela italiana, como todos los grandes cantantes rusos que le precedieron, destacando por su soberbio control del fiato, su elegante línea de canto y su capacidad para realizar adornos con gran efectividad, como Fleta, y con gran musicalidad, como Schipa.

Vamos a empezar escuchando su piedra de toque, el aria Kuda kuda, de Yevgény Onégin (Chaikovski), tal y como la cantaba en 1937.


Vídeo de younglemeshevist

Escuchemos esta misma aria en una interpretación posterior, de 1955. A pesar de haber perdido el uso de un pulmón y de tener 53 años, su prestación es impresionante, superior incluso a la de 1937 que acabamos de escuchar. Además, en este vídeo podremos comprobar sus dotes como actor.


Vídeo de Onegin65

Además de sus éxitos en el Bolshoi, Lemeshev cantó con frecuencia recitales en diversas salas de Rusia. La delicadeza de su canto y su carácter reservado hacian que se encontrase en su elemento entre las canciones de Chaikovski, Glinka, Balakirev... Escuchémosle cantando Bednij pevec (Pobre cantor), de Glinka.


Vídeo de Herur22

Una última pieza y abandonamos el repertorio ruso: la canción del invitado indio de la ópera Sadko, de Rimski-Korsakov.


Vídeo de EvaHartwig

Además de las óperas rusas que cantó a lo largo de su carrera, Sergei Lemeshev destacó en óperas italianas y francesas, siempre traducidas al ruso, como era costumbre en la época. Como podréis imaginar, alguien que siente tal sintonía con Lensky encontrará en Werther otro vehículo para transmitir esa deliciosa melancolía. Escuchémosle cantando Pourquoi me reveiller, que en ruso se dice O ne budi menya. La grabación es de 1938.


Vídeo de younglemeshevist

Aunque sólo sea por la cercanía del Faust del Palau de les Arts, vamos con la versión rusa de Salut, demeure chaste et pure grabada en 1934.


Vídeo de petrof4056

Y acabaremos con el repertorio italiano. Lemeshev canta Ella mi fu rapita... Parmi veder le lagrime, de Rigoletto (Verdi), en una grabación de 1940. Atención al espectacular final.


Vídeo de younglemeshevist

Estaría todo el día poniendo vídeos y disfrutando, porque mientras los enlazo los voy escuchando y cada vez me gusta más este hombre, pero supongo que a estas alturas ya no debe quedar nadie por aquí. Si me equivoco y seguís ahí, os dejo con una joyita, no sin antes animaros a que sigáis explorando por youtube o por cualquier medio a vuestra disposición (ejem...) en busca de grabaciones de Lemeshev. Bueno, que me enrrollo, vamos a la joyita en cuestión: Una furtiva lagrima, de L'elisir d'amore, cantada en italiano!! La grabación, según indica el propio vídeo, es de 1948-1950, es decir, de después de superar la tuberculosis.


Vídeo de Onegin65

domingo, 11 de enero de 2009

Source délicieuse

Seguimos con Charles Gounod, esta vez con el aria para tenor Source délicieuse, extraida de su ópera Polyeucte. El argumento de esta ópera tan poco habitual en los teatros es muy similar al de la ópera Poliuto, de Donizetti, estrenada en París con el título de Les Martyrs casi cuarenta años antes (Les Martyrs se estrenó en 1840 y Polyeucte en 1878). Ambas óperas se basan en la obra teatral Polyeucte, de Pierre Corneille, si bien Gounod utilizó un libreto más fiel al original.

Polyeucte es un noble armenio del siglo III que se convierte al cristianismo y es martirizado por ello. Al principio del cuarto acto, encerrado en su celda, esperando ser conducido a la arena donde encontrará la muerte, el protagonista canta el aria Source deliciéuse en la que reflexiona sobre la gloria celestial que le aguarda y lo vacuo de la existencia terrenal. Vamos a escucharla tal y como la cantaba Roberto Alagna en 1997.


Vídeo de MUEZZAB

jueves, 8 de enero de 2009

O ma lyre immortelle


Para bien o para mal parece que somos varios los habituales del Palau de les Arts que ya tenemos la mente puesta en el Faust de Gounod, la ópera que seguirá a la zarzuela El rey que rabió en la programación. Faust fue la primera ópera de Charles Gounod que alcanzó el éxito, pero la precediron otras tres, Sapho, La nonne sanglante y Le medecin malgré lui. Es de la primera de estas tres óperas de la que vamos a hablar hoy.

Gounod se debatió durante su juventud entre la religión (recibió las órdenes menores) y la ópera. Según parece, fue un encuentro con la celebérrima cantante Pauline Viardot, hija del tenor Manuel García y hermana de María Malibran, el que le hizo optar por la lírica, tras años dedicándose en exclusiva a la música religiosa. De este encuentro surgió la composición de su primera ópera, Sapho, a petición de Viardot, quien la estrenaria en París en 1851, recibiendo críticas negativas. Sin embargo, Hector Berlioz mostró su apoyo al joven Gounod y le animó a seguir componiendo.

Sapho está basada en leyendas sobre la poetisa griega Safo de Lesbos. La página más famosa de la ópera es el aria O ma lyre immortelle, que canta Sapho al final de la obra, antes de suicidarse lanzándose al mar tras ser abandonada por su amado Phaon, engañado a su vez por Glycère, rival de Sapho. Vamos a escucharla en la voz de dos mezzos actuales, Vesselina Kasarova y Magdalena Kozená.


Vídeo de parsifalito


Vídeo de alejandra379

martes, 25 de noviembre de 2008

Ah! Lève-toi, soleil!


La semana pasada, tras escuchar el aria Ah! Lève-toi, soleil!, de la ópera Roméo et Juliette de Gounod como uno de los bises en el concierto de Juan Diego Flórez, comentaba con algunos asistentes la posible idoneidad de voces más líricas para esta pieza. Vamos a escuchar las versiones de cuatro tenores diferentes, todos ellos jóvenes y en activo, y así que cada cual decida qué tipo de voz le gusta más.

L'amour! l'amour!
Qui, son ardeur a troublé tout mon être

Mais quelle soudaine clarté
Resplendit à cette fenêtre?
C'est là que dans la nuit rayonne sa beauté!

Ah! lève-toi, soleil! Fais pâlir les étoiles
Qui, dans l'azur sans voiles,
Brillent au firmament,
Ah! léve-toi! parais! parais!
Astre pur et charmant!
Elle rêve! elle dénoue
Une boucle de cheveux
Qui vient caresser sa joue.
Amour! Amour! porte-lui mes vœux!
Elle parle! Quelle est belle!
Ah! Je n'ai nien entendu!
Mais ses yeux parlent pour elle,
Et mon cœur a répondu!
Ah! léve-toi, soleil! Fais pâlir les étoiles, etc.

...Viens! parais!


JUAN DIEGO FLÓREZ

Vídeo de ClassicalRelated

ROBERTO ALAGNA

Vídeo de Alice Bathory00

MARCELO ÁLVAREZ

Vídeo de marcelissimo

ROLANDO VILLAZÓN

Vídeo de coloraturafan


viernes, 15 de agosto de 2008

Eula Beal, contralto: Concert Magic


Curioseando por youtube he encontrado estos vídeos de la contralto Eula Beal, desconocida por mí hasta hoy mismo. Los cuatro pertenecen a la película de 1947 Concert Magic, una sucesión de piezas clásicas sin ningún tipo de guión en la que destaca la presencia del genial violinista Yehudi Menuhin, al que podemos ver y escuchar en el último vídeo. Investigando un poco he averiguado que Eula Beal tuvo una corta carrera como cantante operística en los EEUU que pronto abandonó para dedicarse a su familia. Desde los 50 apenas apareció como cantante invitada en algunos conciertos celebrados cerca de su lugar de residencia, en el Norte de California. Cantó también en agrupaciones corales y en celebraciones religiosas hasta su fallecimiento, el pasado 29 de julio del 2008. Sin embargo, escuchando sus intervenciones en Concert Magic no podemos más que lamentar que su carrera no fuese más larga y fructífera. Afortunadamente, nos quedan sus intervenciones en esta película para disfrutar de su canto. De las cuatro, me quedo con su Chaikovski y su aria de La Pasión según San Mateo, ambas cantadas en inglés.

ERLKÖNIG (Schubert)


NONE BUT THE LONELY HEART (Chaikovski)


AVE MARIA (Bach / Gounod)


LORD HAVE MERCY ON ME (Bach)

Vídeos de operatribute