Ayer se acabaron las funciones de Turandot en el Palau de les Arts, una ópera que, quizá por ser de fácil acceso, por tener el famoso Nessun dorma o por prestarse a momentos de opulencia orquestal, vocal y escénica, suele gustar mucho al público y eso se tradujo en la mayor ovación que yo he vivido nunca en este teatro sin ser la mejor función que he escuchado, aunque sí fue muy buena.La puesta en escena de Chen Kaige era muy tradicional, bonita pero poco imaginativa. Uno parecía estar metido en una de las últimas películas de Zhang Yimou. Estéticamente funcionaba, el movimiento de las masas en cambio era más bien simple, la mitad del coro a un lado del escenario, la otra mitad al otro y poco más. Hubo un momento en el primer acto en el que hicieron la ola y me dió por pensar que estaban ensayando para los Juegos Olímpicos de Pekín. En la escena de los enigmas también hubo un momento deportivo cuando agitan unos banderines triangulares y me costó retenerme para no gritar "¡Gol de China!". Los trajes de época (no sé de cuál, pero de alguna época serían) estaban muy conseguidos, aunque a base de cambiarle el vestido a la Guleghina (creo que ocho en total), al final acaba saliendo con un híbrido entre salto de cama y bata de cola bastante raro. Eso sí, algunos de los que lleva son espectaculares.
En esta foto hay que encontrar a Wally
Entre las voces, impresionante Maria Guleghina (Turandot). Sabe jugar muy bien sus cartas, deja apabullado al público con unos agudos enormes que traspasan al coro y a la orquesta. Muy metida en el personaje, fría como el hielo, da miedo cuando debe darlo y hace creíble el increíble final. Éste era su debut en el papel y no me cabe la más mínima duda de que repetirá y obtendrá grandes éxitos con él. Me alegro, ya que hace poco expresé mis dudas sobre el devenir de su carrera, fue un gustazo verla salir airosa de la prueba. Como pegas, las que ya conocíamos de antemano, vibrato y sonidos calantes, pero nada que impidiese disfrutar de su actuación.
Marco Berti (Calaf) en tamaño vocal no se queda atrás, aunque su canto es más irregular. Aún así me gustó mucho, fue mejor de lo que me esperaba, menos bruto y mejor fraseador de lo que se intuía por los vídeos que había visto. Su primer acto fue muy bueno, en los enigmas le plantó cara a la Guleghina, que no es poco, y en el Nessun dorma, el único momento conocido de la ópera para muchos y por tanto la parte más esperada, estuvo más que digno, aunque peor que en las escenas anteriores. Sigo pensando que es una lástima que no haya venido Giordani, pero estoy muy contento con Berti, me alegraré si vuelve a venir por aquí.Me gustó también Alexander Tsimbaliuk (Timur), así como los tres ministros, en especial Ping (Fabio Previati), con una voz lírica y muy bella. Un poco menos me gustó Alexia Voulgaridou (Liù). No es que lo hiciese mal, pero en ningún momento salió de una anodina corrección que palidecía al compararla con el resto de intérpretes. Algo parecido le pasó a principio de temporada, cuando cantó la Micaela de Carmen, y eso que ahí no había ningún cantante que le hiciese sombra pues todo el reparto fue más bien mediocre. En ambas funciones, el público la aplaudió más de lo que se merecía, supongo que por lo agradecido de los personajes.
Y, como siempre, sobresalientes coro, orquesta y el director Zubin Mehta. Me da igual si esta orquesta se ha conseguido a golpe de talonario o si este modelo es insostenible, que lo es y todos lo sabemos, lo que estamos escuchando en estas dos temporadas es algo irrepetible y dentro de unos años, cuando quede claro que hay que rebajar costes, recordaremos esta etapa como algo legendario. Disfrutémosla mientras podemos.