Con este calor a uno le apetecería estar en un sitio más fresquito. Siberia, por ejemplo. Y aunque hay una ópera con ese título (de Giordano) que podría ponerme para viajar con la mente ya que no puedo hacerlo de otra forma, se tratad de una historia muy triste y ahora no me apetece escucharla, así que opto por Gli esiliati in Siberia (a.k.a. Otto mesi in due ore, a.k.a. Elisabetta) de Donizetti, de la que escucharemos el cuarteto Ti serba superba en las voces de Brigitte Hahn, Valery Ivanov, Jerome Varnier y un señor del coro cuyo nombre no conozco.
Vídeo de LindoroRossini
¿Os suena de algo esta pieza? Claro que sí, estáis hartos de escucharla cerrando el primer acto de L'elisir d'amore del mismo autor, compuesta cinco años después. Podéis comprobarlo en el siguiente vídeo con Rolando Villazón, Anna Netrebko y Leo Nucci (a partir del minuto 5:41, aunque si queréis también podéis ver lo de antes, que como dijo El Gallo "hay gente pa to").
Ayer asistí a la cuarta de las funciones de L'elisir d'amore en el Palau de les Arts y debo decir que salí contento, algo que aún no me había pasado esta temporada. No fue una noche perfecta, no es tampoco un título que me apasione, pero me divertí y tuve la oportunidad de disfrutar con un gran cantante como es Ramón Vargas.
Hay cierta división de opiniones entre los aficionados que han asistido a estas funciones y creo que el motivo principal de tal disparidad está más en la puesta en escena de Damiano Michieletto que en lo musical. Se trata de una coproducción entre el Palau de les Arts y el Teatro Real que ha visto la luz por primera vez en estas funciones y cuya idea principal consiste en trasladar la acción a una playa de nuestra época, transformando a Nemorino en un socorrista, a Adina en la dueña de un chiringuito, a Belcore en un marino de permiso y a Dulcamara (y esto ha sido lo más polémico) en un camello. Tenía mis reservas sobre esto último, es un tema delicado y no sabía si Michieletto lo habría sabido manejar adecuadamente, pero lo cierto es que me convenció, y una gran mayoría del público pareció incluso simpatizar más con Dulcamara que con los otros personajes. En conjunto, mi opinión es que la actualización playera es todo un acierto, pues sigue siendo un paisaje tan costumbrista como el original pero mucho más dinámico y divertido para el público actual. Y es que para tragarse un Elisir con una escenografía fiel al libreto a estas alturas hay que tener voluntad. Además, la publicidad que se hace de tres marcas comerciales presentes en la escenografía supongo que habrá generado ciertos ingresos que no vendrán nada mal.
Dicen quienes asistieron a las primeras representaciones que a Omer Meir Wellber se le fue un poco la mano con las dinámicas, pero ayer estuvo muy controlado y no salió de una eficiente corrección, impersonal y sin demasiada chispa, pero corrección al fin y al cabo. La orquesta volvió a lucir su sonido impecable y el coro volvió a destacar por su calidad, además de por lo bien que actuaron en una puesta en escena que los mantiene casi siempre en escena.
Entre los solistas, el mejor con diferencia fue el tenor mexicano Ramón Vargas, un cantante elegante, con buen gusto y un técnica sólida. Su voz, antaño brillante y de gran belleza, se ha tornado opaca y ha perdido parte de su atractivo, algo normal en un cantante con treinta años de carrera a sus espaldas. Este deterioro, nada alarmante pero incuestionable, fue especialmente notorio durante sus primeras intervenciones, pero a medida que avanzaba la obra la voz de Vargas iba calentándose y ganando en presencia y calidad. Sin embargo, no fue su voz sino su arte lo que disfrutamos más ayer, especialmente en la famosa Una furtiva lagrima, que cantó de forma exquisita, recreándose con unos reguladores y un alarde de fiato de primer nivel. En la faceta actoral, Vargas estuvo muy entregado, componiendo un Nemorino ingenuo pero sin caer en la caricatura.
Por contra, Aleksandra Kurzak no me gustó como Adina. Quizá esperaba algo más, dado que para muchos es una de las promesas más firmes del belcantismo, pero lo cierto es que no me gustó ni su voz, con un timbre agrio en los agudos y sin graves, ni cómo resolvió las agilidades, ni me pareció que destacara por nada en su interpretación. No se si tuvo un mal día o es que no supe apreciar los detalles que han gustado a otros oyentes, pero me pareció una cantante de lo más normalito.
Ilona Mataradze me gustó más en su breve intervención como Gianetta. Tiene una voz bonita y que corre adecuadamente y estuvo muy metida en su papel.
Fabio Capitanucci lució una voz de barítono sana y joven y también se involucró mucho en su actuación como Belcore, pero se echó en falta algo más de imaginación en el fraseo.
Y por último, Erwin Schrott, ya un habitual del Palau de les Arts, demostró una vez más con su Dulcamara la calidad de su voz, grande y bien proyectada, y lo mal que la utiliza a causa de su mal gusto como intérprete. Histriónico hasta lo desagradable, sobreactuado, perdiendo la impostación cada dos por tres en busca de efectos supuestamente cómicos que desestabilizaban la linea de canto hasta hacerla casi irrecinocible (se cargó la barcarola del segundo acto él solito, mientras la pobre Kurzak intentaba cantarla como se debe), uno no puede dejar de lamentar que una voz de calidad se use de esa forma. Sin embargo, el público le aplaudió a rabiar, casi tanto como a Vargas, lo cual me hace ser muy pesimista sobre el futuro de la interpretación operística. Ojalá Schrott acabe topándose con un director musical que lo meta en cintura, pues los cantantes con tendencia al desmelene suelen necesitar de un director fuerte que los frene (como Mario del Monaco con Mitropoulos o Karajan, que lo llevaban atado en corto y le sacaron sus mejores interpretaciones). Si alguna vez algún teatro reuniese al Dulcamara de Schrott y al Nemorino de Villazón en un mismo Elisir, tiemblo solo de pensar lo que podría pasar.
La próxima temporada del Palau de les Arts de Valencia viene marcada por la crisis, tanto en los títulos pretendidamente populares (habría mucho que debatir al respecto) como en los repartos, llenos de nombres de cantantes jóvenes y desconocidos. Las únicas excepciones las encontramos en la Aida con la que se inaugura la temporada, donde tampoco es que el reparto sea para lanzar cohetes, pero al menos uno sabe lo que le espera y en las dos últimas óperas, L'elisir d'amore y Mefistofele, en las que contaremos con la presencia (siempre que no acabe cayendo del cartel, recordad que hablamos de Les Arts) del tenor mexicano Ramón Vargas.
La carrera de Ramón Vargas se ha desarrollado desde hace años dentro de unos parámetros de calidad muy elevados, pero misteriosamente siempre ha estado ensombrecido por otros tenores que han gozado de una mayor repercusión sin que pueda decirse objetivamente que le superen por voz ni mucho menos por técnica, algo que han demostrado en algunos casos las vertiginosas caídas al abismo que han sufrido, tan rápidas como fulgurantes fueron sus ascensiones. No hay más que ver la escasa aparición del nombre de Vargas en CDs y DVDs para comprobar que las grandes firmas nunca han apoyado a este cantante como se merece. Sin embargo, es un viejo conocido del público de teatros tan prestigiosos como la Scala, el Met o la ROH, donde lleva dos décadas obteniendo grandes éxitos y cantando un repertorio amplio pero siempre adecuado a su voz de lírico.
Vamos a escucharle primero cantando Una furtiva lagrima de L'elisir d'amore (Donizetti) para hacernos una idea de cómo va a ser su primera aparición en el escenario valenciano.
Vídeo de Onegin65
Y ahora vamos a escucharle cantando Fuor del mar de Idomeneo (Mozart), simplemente porque lo hace estupendamente.
La cuarta función de Lucia di Lammermoor llegaba al Palau de les Arts precedida por las excelentes críticas que merecieron las tres funciones anteriores. No sé si la de ayer fue mejor o peor que las que la precedieron, pero desde luego no decepcionó a ninguno de los presentes. Este está siendo el primer título estrictamente belcantista que se representa en la sala principal del Palau de les Arts. Alguien debería avisar a quienes criticaron la ausencia de belcanto en las primeras temporadas del teatro, pues la afluencia de público no está siendo superior a la de otros títulos supuestamente impopulares (siempre según la peculiar vara de medir de quienes clamaban contra unas temporadas "demasiado germanófilas").
Empezaremos hablando de una puesta en escena, obra de Graham Vick, neutra, correcta y tan conocida ya que poco se puede decir sobre ella. Vestuario de época, paneles móviles, un árbol de cartón piedra y una luna sobredimensionada, nada que destacar ni que criticar.
En lo musical, tenía curiosidad por escuchar la dirección de Karel Mark Chichon, cuya contratación algunos han considerado el pago necesario para poder contar con la Carmen de su esposa, Elina Garanca, en el próximo Festival del Mediterrani. Pues bien, es innegable que Chichon sabe lo que es el belcantismo y cómo debe sonar una orquesta en Donizetti, esto es, siempre por debajo de los cantantes, nunca tapando sus voces, ni siquiera compartiendo el protagonismo. La orquesta, como es habitual, sonó estupendamente, pero con un volumen mucho más moderado de lo habitual. Mención especial merecen los solistas de arpa y flauta. Sin embargo, se echó en falta más variedad en el manejo de la dinámica, lo que provocó cierta linealidad, evidente sobre todo en el sexteto y en la escena final de Edgardo, fragmentos muy conocidos que hemos escuchado en mil versiones y sabemos que pueden y suelen sonar con más vida.
También el coro cantó en todas sus intervenciones tan maravillosamente como suelen hacerlo.
Ya que Chichon tuvo el acierto de ceder el protagonismo a los cantantes, es evidente que en ellos recae el mérito del gran éxito obtenido ayer. Nadie destacó en lo negativo, pues el nivel medio fue bueno en los papeles de menor importancia como Arturo (Angelo Antonio Poli), Alisa (Natalia Lunar) y Normanno (Enrico Cosutta).
Diógenes Randes, de quien sólo había escuchado sus Wagners en Bayreuth por la radio, me convenció como Raimondo, plegando su cálida voz, más de barítono que de bajo, a las exigencias de la partitura. También Vladimir Stoyanov estuvo correcto como Enrico, aunque tanto él como Randes, cantando bien como cantaron, juegan en una categoría inferior a la de los dos protagonistas.
Francesco Meli fue como Edgardo, para mi gusto, el mejor cantante de cuantos se subieron ayer al escenario de Les Arts. Con una voz agradable pero no especialmente destacable frente a las de otros representantes de su cuerda, es en su habilidad para el fraseo y en su inteligencia a la hora de gestionar los recursos de que dispone donde este joven tenor guarda sus bazas. Aún recuerdo su Don Ottavio en el Don Giovanni del pasado 2007 como un prodigio de delicadeza, con un dalla sua pace cantado en un elegante falsete al más puro estilo de la vieja escuela. Ayer combinó el falsete con el que coronó Verrano a te su ll'aure con los ataques a plena voz (espectacular su agudo en el dúo con Enrico del tercer acto), siempre con gran musicalidad y con un excelente y variado fraseo. Arrancó merecidísimos bravos del público al final de su estremecedora aria, a pesar de un agudo un tanto inseguro.
La otra gran triunfadora fue Nino Machaidze en el papel principal. La soprano georgiana está convirtiéndose en un nombre destacado en la lírica actual a pasos agigantados, lo cual está plenamente justificado gracias a funciones como la de ayer. Tanto vocal como dramáticamente, Machaidze estuvo muy bien. Bella voz, técnica resuelta, agilidades nítidas y agudos escrupulosamente afinados, nada se puede echar en falta en su actuación. Su escena de la locura fue muy efectiva, cargando de intención todas su frases, incluso en el dúo apócrifo con la flauta que tanto rechazo causa entre los puristas del belcanto pero que a mí, particularmente, me gusta. Desgraciadamente no dio los sobreagudos, también apócrifos y que tampoco gustan a los puristas, pero que habrían puesto la guinda a su actuación.
No sé cuál será la media de edad de todo el reparto, pero no creo que sea muy superior a los treinta años. Gran noticia para quienes se preocupan por el futuro de la ópera: hay cantantes, y en algunos casos muy buenos. Ahora sólo falta que ocupen el lugar que les corresponde y que muchas veces está ocupado por camelos mediáticos, cuando no fenómenos de feria vocales.
Uno se entera de cada cosa... Estoy estudiando estos días literatura inglesa e irlandesa del siglo XX y consultando en un libro la biografía de James Joyce me entero de que antes de empezar a escribir, en una época en la que se encontraba en la pobreza (nada extraño en la Irlanda de la época), probó fortuna como cantante de ópera, pues al parecer podeía una bonita voz de tenor y había aprendido a cantar bastante bien tras años de educación en colegios religiosos en los que la música formaba parte de la liturgia. Conoció entonces a otro joven tenor irlandés que estaba dando los primeros pasos de una prometedora carrera y ambos ensayaron juntos en diversas ocasiones. Este joven tenor, gracias a cuyo consejo Joyce se presentó al concurso Feis Ceoil de 1904 y ganó una medalla de bronce, era ni más ni menos que John McCormack.
John McCormack ( 1884-1945) fue uno de los primeros tenores en beneficiarse de las grabaciones fonográficas, junto con Enrico Caruso. Cuentan que una vez se encontraron en un teatro y McCormack al ver al italiano gritó "¡Paso al mejor tenor del mundo!" a lo que Caruso contestó "¿Acaso se ha retirado John McCormack?". Ambos representaban dos estilos diferentes de canto operístico. Caruso renovó la forma de cantar, aplicando una acentuación verista y una carga dramática al repertorio anterior al verismo que causó furor en la época y que marcó el devenir del estilo de canto, pues este estilo encuentra en tenores como Giuseppe di Stefano, Mario del Monaco, Franco Corelli o Plácido Domingo sus sucesores. McCormack, en cambio, es fiel al estilo anterior a Caruso, preocupándose por una línea de canto depurada sin importarle la intención dramática y evitando a toda costa recursos truculentos como los sollozos o la acentuación exagerada. Desde el punto de vista actual, no faltará quien piense que su canto ha quedado algo obsoleto por su falta de dramatismo. De hecho, cuando le decían que era el mejor tenor lírico del mundo, el propio John McCormack solía añadir "y el peor actor". Sin embargo, y ahora viene lo bueno, es posible apreciar en sus grabaciones grandes virtudes. Para empezar, su voz estaba perfectamente colocada de natura, algo que maravilló a sus maestros de canto, y por lo tanto sonaba liberada y limpia. Teniendo esto resuelto, su labor como estudiante de canto se centró en el control del fiato, cualidad sobre la cual cimentó su carrera. Además de todo esto, su dicción era muy buena y su timbre, aunque hoy en día puede no parecer excesivamente atractivo, gustaba mucho en su época. Vamos a escuchar su grabación del aria Il mio tesoro, de la ópera Don Giovanni (W. A. Mozart), efectuada en 1916. Aún hoy, con tantas versiones como se han grabado, hay quien la considera insuperada.
Vídeo de primobaritono
John McCormack cantó mucha ópera en grandes teatros como el Metropolitan y Covent Garden, incluso formó parte como tenor estrella de la compañía de Nellie Melba, pero donde se sentía más cómodo era en sus innumerables recitales, pues en ellos no tenía que actuar y además podía cantar su repertorio favorito, canciones y baladas, tanto compuestas para él como tradicionales irlandesas. Era famosa su pose, inmóvil en medio del escenario, con la cabeza echada hacia atrás y un pequeño libro negro en las manos en el que tenía apuntadas las letras de las canciones. Veámosle ahora cantando I hear you calling me, de Hedford y Marshall, un tema que hizo muy popular y que solía cantar en todos sus recitales.
Vídeo de TheGreatPerformers
Pero aunque él prefería las canciones, no puedo evitar despedirme con un aria operística, su magnífica interpretación de Spirto gentil, de La favorita (G. Donizetti), en la que queda patente su absoluto control del fiato y su capacidad para apianar y sombrear su voz.
Hace meses dediqué una entrada al tenor ruso Sergei Lemeshev. Fue una entrada sin palabras, porque así es como me quedé tras escuchar los tres vídeos que enlacé. Sin embargo, mi entusiasmo hacia Lemeshev parece que no fue demasiado contagioso, pues en los comentarios a la entrada hubo tanto alabanzas como reproches. Estos días, tras haber dedicado un tiempo junto a los amigos levantiscos a revisitar a Ivan Kozlovsky, no he podido evitar volver a traer por aquí a Lemeshev, quien mantuvo con Kozlovsky una dura rivalidad en lo profesional (al parecer en lo personal fueron amigos). A ver si esta vez hay suerte y consigo que disfrutéis de uno de los tenores de línea más depurada que han existido, algo que lo emparenta con Tito Schipa, que tanto éxito obtuvo en su entrada de hace unos días.
Sergei Lemeshev (1902-1977) nació en Staroye Knyazevo, en una familia de campesinos. Desoyendo los consejos de su padre, quien quería que fuese zapatero, el jóven Sergei empezó a cantar a la edad de 17 años. No lo haría mal cuando pasó las pruebas para una de las 25 plazas de canto que ofrecía el conservatorio de Moscú entre 500 candidatos. En 1926, tras graduarse, el teatro Bolshoi le ofreció formar parte de su plantilla, pero Lemeshev rechazó la oferta, convencido de que sólo le iban a ofrecer papeles de comprimario. En vez de eso se dedicó a cantar papeles principales en teatros de provincias (Sverdlovsk, Harbin, Tbilisi...) , alcanzando así una gran fama. En 1931, cuando regresó a Moscú, fue para cantar en el Bolshoi como primera figura, algo que continuaría haciendo ininterrumpidamente hasta 1965, alternándose siempre con Ivan Kozlovsky. Los primeros papeles que interpretó en el Bolshoi fueron el zar Berendei en La dama de las nieves, Gerald en Lakmé y Lensky en Yevgény Onégin, el papel que marcaría su carrera y su vida.
Lemeshev interpretó por primera vez al poeta Vladimir Lensky en 1927 y desde entonces lo hizo en más de 500 ocasiones, la última con motivo de su 70 cumpleaños, ya convertido en una leyenda en Rusia y tras haber superado tres infartos y la pérdida de un pulmón a causa de la tuberculosis que contrajo en 1942. La voz de Lemeshev parece hecha para cantar este papel, el que mejor se adapta a su estilo y a la melancolía inherente a su canto. Al parecer, Lemeshev llegó a penetrar tanto en el espíritu del poeta que su propia vida privada se vió afectada por la tristeza que tal personaje le aportaba. Los resultados artísticos, ni qué decir tiene, fueron excepcionales.
Lemeshev a los 70 años
Lemeshev y Kozlovsky eran los ídolos de la afición en Rusia, aunque ninguno de los dos cantó nunca al otro lado del telón de acero. Ambos tenían multitud de seguidoras, un fenómeno parecido al de las modernas fans de los cantantes de moda, llamadas lemeshistki y kozlovityanki. Lemeshev llegó a construir un muro alrededor de su casa de campo para aislarse de sus fans, pero día tras día éstas hacían agujeros en el mismo con la esperanza de ver a su ídolo.
Pero pasemos a lo más interesante, su estilo y su voz. Como podréis comprobar, se trata de un tenor lírico con un timbre claro muy atractivo, especialmente adecuado para papeles sentimentales por la facilidad para transmitir esa melancolía, ese caracter soñador que mencionábamos al hablar de su Lensky. Se mueve mejor en la zona aguda, que alcanza con gran facilidad, teniendo el pasaje bien solucionado. Técnicamente, Lemeshev pertenecía a la escuela italiana, como todos los grandes cantantes rusos que le precedieron, destacando por su soberbio control del fiato, su elegante línea de canto y su capacidad para realizar adornos con gran efectividad, como Fleta, y con gran musicalidad, como Schipa.
Vamos a empezar escuchando su piedra de toque, el aria Kuda kuda, de Yevgény Onégin (Chaikovski), tal y como la cantaba en 1937.
Vídeo de younglemeshevist
Escuchemos esta misma aria en una interpretación posterior, de 1955. A pesar de haber perdido el uso de un pulmón y de tener 53 años, su prestación es impresionante, superior incluso a la de 1937 que acabamos de escuchar. Además, en este vídeo podremos comprobar sus dotes como actor.
Vídeo de Onegin65
Además de sus éxitos en el Bolshoi, Lemeshev cantó con frecuencia recitales en diversas salas de Rusia. La delicadeza de su canto y su carácter reservado hacian que se encontrase en su elemento entre las canciones de Chaikovski, Glinka, Balakirev... Escuchémosle cantando Bednij pevec (Pobre cantor), de Glinka.
Vídeo de Herur22
Una última pieza y abandonamos el repertorio ruso: la canción del invitado indio de la ópera Sadko, de Rimski-Korsakov.
Vídeo de EvaHartwig
Además de las óperas rusas que cantó a lo largo de su carrera, Sergei Lemeshev destacó en óperas italianas y francesas, siempre traducidas al ruso, como era costumbre en la época. Como podréis imaginar, alguien que siente tal sintonía con Lensky encontrará en Werther otro vehículo para transmitir esa deliciosa melancolía. Escuchémosle cantando Pourquoi me reveiller, que en ruso se dice O ne budi menya. La grabación es de 1938.
Vídeo de younglemeshevist
Aunque sólo sea por la cercanía del Faust del Palau de les Arts, vamos con la versión rusa de Salut, demeure chaste et pure grabada en 1934.
Vídeo de petrof4056
Y acabaremos con el repertorio italiano. Lemeshev canta Ella mi fu rapita... Parmi veder le lagrime, de Rigoletto (Verdi), en una grabación de 1940. Atención al espectacular final.
Vídeo de younglemeshevist
Estaría todo el día poniendo vídeos y disfrutando, porque mientras los enlazo los voy escuchando y cada vez me gusta más este hombre, pero supongo que a estas alturas ya no debe quedar nadie por aquí. Si me equivoco y seguís ahí, os dejo con una joyita, no sin antes animaros a que sigáis explorando por youtube o por cualquier medio a vuestra disposición (ejem...) en busca de grabaciones de Lemeshev. Bueno, que me enrrollo, vamos a la joyita en cuestión: Una furtiva lagrima, de L'elisir d'amore, cantada en italiano!! La grabación, según indica el propio vídeo, es de 1948-1950, es decir, de después de superar la tuberculosis.
Tal día como hoy, un dos de enero de 1888, nació en Lecce, en el sur de Italia, Raffaele Attilio Amedeo Schipa, quien pasaría a la historia de la ópera con el nombre de Tito Schipa. Tito, o mejor dicho, titu, que en dialecto local significa "pequeño", era realmente su apodo desde los 12 años.
La voz de Tito Schipa era en principio poco adecuada para el canto, sin graves sonoros, incapaz de alcanzar agudos por encima del la (aunque de joven alcanzaba, no sin problemas, el si natural), incapaz de realizar las florituras que otros tenores ligeros o "di grazia" cantaban sin problemas. Sin embargo, su innata inteligencia canora le sirvió para sacar el máximo provecho de sus cualidades naturales, más de lo que ningún otro cantante haya conseguido jamás, o al menos desde que existen grabaciones. Fue en el impecable fraseo, en la línea de canto, en la capacidad para dotar al discurso musical de una gama de colores y dinámicas, siempre desde una gran musicalidad y elegancia, donde Schipa jugó su baza, consiguiendo colocarse como un ejemplo del buen canto por delante de tenores mucho más dotados. Bidu Sayao dijo que Schipa “cinceló las frases como un orfebre.” Hay quien dice que Schipa no cantaba, sino que declamaba de tal forma que hipnotizaba a su audiencia. Quizá haya algo de verdad en ello, pues en España, donde triunfó como cantante de música popular, se le conoció como "el encantador".
Precisamente por esa naturaleza tan peculiar de su canto, su estilo nos parece hoy en día mucho más moderno que el de coetáneos suyos como Caruso, quien llegó a ver a Schipa en directo en Nueva York, o Gigli. Y es que de la herencia de Schipa salen nombres como Di Stefano, Bergonzi, Pavarotti o quien se puede considerar su más fiel sucesor en el siglo XX, Alfredo Kraus. Un recomendable artículo de Rodolfo Pérez que podéis encontrar AQUÍ habla de un período de tiempo entre la muerte de Caruso en 1921 y la II Guerra Mundial en el que el referente en el mundo del canto es la delicadeza y la pureza en la línea de canto de Schipa, hasta que tenores como Mario del Monaco, Corelli o Domingo vuelven a poner de moda el estilo vociferante de Caruso.
Además de su faceta como cantante de ópera, Tito Schipa también fue una estrella de cine, como muchos otros cantantes de la época y destacó cantando y componiendo piezas de muchos otros estilos, algunas veces en español. Vamos a ver un fragmento de su película Vivere (1936) en el que canta Tu che a Dio spiegasti l'ali, de Lucia di Lammermoor (Donizetti):
Vídeo de TheGreatPerformers
Y ahora escucharemos un tango, Dímelo al oído, que grabó en Buenos Aires en 1934.
Vídeo de vivalamusicavieja
Como tenor cantó papeles para ligero y para lírico, desde el Almaviva del Barbiere hasta el Mario Cavaradossi de Tosca , muchas veces transportando las partituras para acomodarlas a sus medios vocales. Fue muy cuidadoso con la elección de su repertorio, como luego lo sería Kraus, lo que le permitió tener una carrera longeva. Sus principales creaciones fueron el Nemorino de L'elisir d'amore de Donizetti y el Werther de Massenet. Vamos a escucharle cantando Una furtiva lagrima, de la primera de estas dos óperas.
Vídeo de Onegin65
Y ahora escucharemos un fragmento de su Werther (en italiano), O natura di grazia piena.
Vídeo de kraustrujillo
Acabaremos con una curiosidad dedicada a los amigos de la sección levantisca: el pasodoble Valencia.
Juan Diego Flórez a punto de beber de su cubata imaginario.
El próximo martes 18 de noviembre, si puedo escaparme del curso que con tan mala pata me han colocado los martes por la tarde (yo creía que estas cosas sólo le pasaban a Álvaro), asistiré en compañía de otros habituales de los blogs al concierto de Juan Diego Flórez en el auditorio del Palau de les Arts. Será la primera vez que yo escuche en directo a tan afamado tenor, pero no la primera vez que él cante en Les Arts, pues ya lo hizo hace dos temporadas. En aquella ocasión el concierto tuvo lugar en la sala principal mientras que ahora será en el auditorio, situado en lo más alto del Palau y con una sonoridad deficiente en varios aspectos, como ya comenté tras el Requiem de Verdi de hace unos meses.
Cuando asisto a una función de ópera intento ir con la lección aprendida, dentro de mis modestas posibilidades. Como mínimo, intento haber escuchado aunque sea un par de veces la obra en cuestión, conocer su argumento de antemano y saber dónde están los momentos clave en los que los cantantes deben destacar. Con los recitales no suelo molestarme en prepararlos así, aunque haya obras que no conozco, pero tratándose este de uno de los puntos fuertes de la temporada de Les Arts y siendo yo tan desconocedor del repertorio belcantista he pensado que no estaría de más repasar el programa que nos ofrecerá Flórez. Eso sí, lo haremos escuchando a otros cantantes para no llegar saturados al concierto.
Empezamos con Bellini, concretamente con el aria de Tebaldo È serbata a questo acciaro, de la ópera I Capuleti e i Montecchi. Así la cantaba Luciano Pavarotti en 1966:
Vídeo de midas45
A continuación viene Rossini, el autor cuya música Flórez ha conseguido unir a su nombre indefectiblemente. La primera pieza rossiniana que interpretará el peruano será el aria Tu seconda il mio disegno, de la ópera Il turco in Italia que escucharemos en la voz de Ramón Vargas.
Vídeo de fabiantenor
Y ahora llega lo que puede ser el plato fuerte de todo el concierto, la prueba más dura que Flórez tendrá que superar ese día. Me refiero al aria Asile héréditaire seguida de la cabaletta Amis, amis, secondez ma vengeance, de Guillaume Tell. Tanto el aria como la cabaletta requieren una voz con una zona media intensa y graves audibles que sea capaz de subir al agudo con facilidad, aparte de un canto legato y un control del fiato fuera de serie. Un aria, en principio, más indicada para voces con mucho cuerpo, como la del gran baritenor rossiniano que fue Chris Merritt, a quien pasamos a escuchársela.
Vídeo de philopera
Tras una pausa, Flórez volverá con dos fragmentos zarzueleros. El primero perteneciente a El Guitarrico, de Pérez Soriano y el segundo a Los Emigrantes de Barrera. Los escucharemos cantados por Manuel Ausensi y Alfredo Kraus respectivamente.
Vídeo de lagioconda007
Vídeo de coralrabida
Tras este paréntesis regresa la ópera con el autor que faltaba para completar el trío belcantista, Donizetti. Para empezar, La maitresse du roi... Ange si pur de La Favorite (para los que estamos habituados a la versión italiana de la ópera, Spirto gentil). Escucharemos la versión francesa en la voz de Giuseppe Filianotti.
Vídeo de babyfairy
Y para acabar, los fuegos artificiales: Ah, mes amis de La fille du régiment, conocida como "el aria de los nueve does" o "agudos a cascoporro". Famosas son las versiones de Pavarotti, Kraus o el propio Flórez, pero como los dos primeros ya han salido y al tercero ya habrá tiempo para escucharlo el próximo martes, he elegido a Gregory Kunde.
El Palau de les Arts ha dado a conocer ya un avance de los que pueden ser los repartos del Götterdämmerung y los dos ciclos del Anillo completos que conformarán el II Festival del Mediterráneo en mayo y junio del 2009. Es sólo un avance y conociendo la gestión del Palau como la conocemos hemos de esperar que se produzcan cambios, pero al menos servirá para hacernos una idea. Paso a copiar los repartos (sin valquirias, nornas ni hijas del Rhin):
DAS RHEINGOLD
Wotan: Juha Uusitalo Donner: Markus Brück Froh: Germán Villar Loge: John Daszak Fasolt: Matti Salminen Fafner: Stephen Milling Alberich: Franz-Joseph Kapellmann Mime: Niklas Björling Rygert Fricka: Anna Larsson Freia: Sabine von Walther Erda: Daniela Denschlag
DIE WALKÜRE
Siegmund: Torsten Kerl / Plácido Domingo Hunding: Matti Salminen / Stephen Milling Wotan: Juha Uusitalo Sieglinde: Barbara Haveman / Gabriele Fontana Brünnhilde: Jennifer Wilson Fricka: Anna Larsson
SIEGFRIED
Siegfried: Lance Ryan Brünnhilde: Jennifer Wilson Wanderer: Juha Uusitalo Mime: Gerhard Siegel Alberich: Franz-Joseph Kapellmann Erda: Daniela Denschlag Fafner: Matti Salminen / Stephen Milling Waldvogel: Marina Zyatkova
GÖTTERDÄMMERUNG
Siegfried: Lance Ryan Gunter: Markus Brück Alberich: Franz-Joseph Kapellmann Hagen: Matti Salminen Brünnhilde: Jennifer Wilson Gutrune: Bernardette Flaitz Waltraute: Catherine Wyn-Rogers
En todas las funciones la dirección musical será la de Zubin Mehta y la dirección de escena correrá a cargo de La Fura dels Baus, comandada por Carlus Padrissa.
Los cambios más destacables respecto a las tres entregas de años anteriores serán los de la pareja de welsungos de Die Walküre, que en 2007 fueron encarnados por Peter Seiffert y Petra Maria Schnitzer y ahora lo serán por Torsten Kerl y Plácido Domingo como Siegmund y Barbara Haveman y Gabriele Fontana como Sieglinde, así como el Siegfried de Lance Ryan que relevará a Leonid Zakhozhaev, quien a su vez entró en el reparto a última hora como sustituto del inicialmente previsto Ian Storey.
Repetirán sus papeles, lo cual me llena de satisfacción, Matti Salminen, Stephen Milling, Juha Uusitalo, Jennifer Wilson y John Daszak entre otros. Pero centrémonos en los cambios.
Plácido Domingo es ya un clásico en el papel de Siegmund, que ha cantado regularmente desde que lo debutara en 1992. Precisamente a su debut, junto a la Sieglinde de Waltraud Meier, pertenece el siguiente vídeo.
Vídeo de wansob
Torsten Kerl, el otro Siegmund, cuenta con las ventajas lógicas de su juventud y su conocimiento del idioma. Yo, ya lo dije este verano, si puedo asistir a alguna de estas funciones intentaré que sea a la suya, no porque no me guste el Siegmund de Domingo, sino porque tengo mucho interés en escuchar a un tenor que ya me dejó boquiabierto cuando lo escuché en el Liceu cantando Die Tote Stadt hace unos años. Escuchémos el Siegmund de Kerl:
Vídeo de opernring8
Nuestro teórico futuro Siegfried será Lance Ryan, un joven tenor que debutó en 2005 y ya canta papeles como Calaf, Otello y Siegfried. Esperemos que su voz sea capaz de enfrentarse a la orquesta en la escena de la fragua y así Mehta no tenga que echar mano del freno como hizo hace poco para no sepultar al insuficiente Leonid Zakhozhaev.
Vídeo de Sieglinde01
Barbara Haveman, que aquí canta Tu che la vanità de Don Carlo (Verdi) será Sieglinde en uno de los dos ciclos. También cantará la Amelia de Simone Boccanegra en el segundo reparto de las próximas funciones del Liceu.
Vídeo de oefffening
La otra Sieglinde será Gabriele Fontana, a quien podemos ver aquí enfrentándose a Joyce DiDonato en la Maria Stuarda de Donizetti.
Ha fallecido a los 79 años la soprano Leyla Gencer, llamada “la diva turca” y “la regina” por el público italiano. Aunque conocida principalmente por sus heroínas donizettianas, Gencer tuvo una larga carrera en la que cantó setenta y dos papeles, abarcando desde Poulenc hasta Monteverdi y haciendo la obligatoria parada (para alguien que cantó sobre todo en Italia) en las obras de Bellini, Verdi y Puccini. Desgraciadamente, su triunfante carrera sobre las tablas no se vió reflejada en los estudios de grabación, donde no se prodigó apenas, por lo que la mayor parte de los registros de su arte nos llegan de tomas del directo, grabaciones piratas y retransmisiones radiofónicas. Aún así, nadie duda en situarla entre las grandes divas de la segunda mitad del siglo XX.
Escuchémosla cantando uno de sus papeles más destacados, el de Anna Bolena en la ópera homónima de Donizetti:
Leyla Gencer forma parte como Leonora de uno de los repartos legendarios de la ópera Il Trovatore de Verdi, junto con Mario del Monaco como Manrico, Ettore Bastianini como Conte di Luna y Fedora Barbieri como Azucena. Además de grabar una película para la RAI, cantaron juntos esta misma ópera en diversos teatros, para alegría del público que pudo presenciarlo. Escuchemos a hora a Leyla Gencer cantando D'amor sull'ali rosee y el miserere de Il Trovatore. Aunque el vídeo es de 1976, creo que la música procede de la película citada anteriormente, pues la voz de Manrico en el miserere parece la de Mario del Monaco.
Ya hacía tiempo que quería dedicar una entrada al tenor Joseph Schmidt (1904-1942), poseedor de una voz extraordinaria y una historia de lo más curiosa. Schmidt nació en el seno de una familia judía de Davidende, ciudad que entonces pertenecía al Imperio Austro-húngaro pero que poco después pasó a ser parte de Rumanía y actualmente pertenece a Ucrania. Aunque su pasaporte era rumano, Schmidt siempre dijo que su auténtica nacionalidad era judío. Su idioma materno era el yiddish, aunque también hablaba hebreo, rumano, alemán, francés e inglés.
Desde pequeño, Joseph Scmidt mostró una gran aptitud para el canto, primero como miembro del coro en la sinagoga de Czernowitz y más tarde como cantor. A los veinte años decidió marchar a Berlín para estudiar canto y allí empezó su exitosa carrera como tenor de ópera. El suyo fue un caso muy curioso, pues su carrera no se desarrolló sobre las tablas, sino en los estudios de radio. Su corta estatura, menos de 1'50, le impedía representar papeles en los escenarios, nadie estaba dispuesto a contratar a un Manrico o a un Tamino que le llegase a la cintura a Leonora o Pamina. Para su fortuna, el inicio de su carrera coincidió con la popularización de la radio, donde la estatura era indiferente. Su voz de tenor lírico con gran facilidad para los agudos sonaba especialmente bien al ser captada por los micrófonos, al parecer mejor que la de otros cantantes con voces más bellas al natural, misterios de la tecnología. Entre 1929 y 1933, Schmidt cantó en más de 37 óperas para Radio Berlín, lo que le convirtió en un ídolo en el ámbito germánico, llegando a ser conocido como "el tenor del pueblo". Hay que destacar su gran versatilidad, pues su repertorio abarcaba desde papeles tan ligeros como el Almaviva del Barbiere hasta otros de mayor peso, como el Eleazar de La Juive, pasando por Manrico, Rodolfo, Vasco da Gama...
Gracias a su éxito radiofónico, Schmidt pudo debutar en el teatro con La Bohéme en 1939 y grabar varias películas. Una de ellas, titulada Una canción da la vuelta al mundo, fue pensada especialmente para él. En ella interpreta a un tenor que no puede empezar una carrera en los escenarios debido a su corta estaura y acaba triunfando en la radio, lo mismo que le pasó a él. Su popularidad creció aún más gracias a estas películas, pero su éxito no fue bien visto por el nazismo, en el poder desde 1933. Pronto se le prohibió actuar en Alemania y Austria, pero siguió cantando en Bélgica, Holanda y Francia con regularidad, aparte de recorrer toda Europa y EEUU en varias giras.
El estallido de la II Guerra Mundial le sorprendió en Francia. Tras un intento fallido de escapar a EEUU, acabó en el campo de refugiados suizo de Gyrenbad. Su debilitada salud no pudo soportar los rigores del internamiento y murió en 1942, a los 38 años.
Aquí podemos ver a Joseph Schmidt cantando Una furtiva lagrima, de L'elissir d'amore de Donizetti.
Veamos ahora un fragmento de la película Una canción da la vuelta al mundo en el que Schmidt canta un aria de L'Africaine de Meyerbeer, eso sí, en alemán.