Ya hacía tiempo que no le dedicaba ninguna entrada a Friedrich Gulda, el genial pianista austríaco que, tras alcanzar la excelencia en sus interpretaciones de Bach, Mozart y Beethoven, acabó renegando del ambiente que rodeaba la música clásica e interesándose por el jazz, aunque con el tiempo acabaría teniendo la misma actitud frente a este estilo. En su madurez, Gulda mantenía una relación de amor-odio con ambos estilos, con su público, con el establishment musical y con la crítica. Bueno, con la crítica la relación era sólo de odio. Fruto de estos sentimientos ambiguos, sus conciertos combinaban interpretaciones de obras clásicas con improvisaciones jazzísticas y piezas propias en las que se inclinaba hacia la clásica o hacia el jazz, muchas veces con la simplicidad y la inmediatez de la música pop flotando en el ambiente. Todo ello aderezado con su peculiar atuendo y sus charlas con el público entre pieza y pieza.
Vamos a escuchar una serie de composiciones propias interpretadas en diversos conciertos. La primera de ellas se titula Aria y originalmente formaba parte de su Suite para piano, piano eléctrico y percusión, aunque lo que vamos a escuchar es un arreglo para piano solo. Se trata de un aria da capo sin palabras de clara inspiración italiana y un estilo que se encuentra a mitad de camino entre el clasicismo y el romanticismo.
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Las dos piezas que vamos a escuchar a continuación tienen el denominador común de estar dedicadas a dos de sus tres hijos, Paul y Rico (ambos pianistas, por cierto). La inspiración para ambas es claramente jazzística, con una parte central en la que una serie de improvisaciones se suceden sobre una pesada y repetitiva base rítmica.
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Y acabamos con uno de sus clásicos: las variaciones sobre Light my fire del grupo The doors, algo bachianas aunque mucho más jazzísticas.
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