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sábado, 1 de octubre de 2011

El solitario en otoño

El solitario en otoño (Der Einsame im Herbst) es el segundo movimiento de La Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde), ciclo de canciones en forma de sinfonía de Gustav Mahler en el que el autor pone música a antiguos poemas chinos. En el caso de la canción que nos ocupa, la letra procede de un poema de Chang Tsi (710-782), poeta de la Dinastía Tang, y su traducción, según la wikipedia, es la siguiente:

Las nieblas otoñales ondean, azules, sobre el mar;
toda la hierba se cubre de escarcha;
se diría que un artista ha extendido polvo de jade
sobre las delicadas flores.
El dulce perfume de las flores se ha evaporado;
un viento frío dobla los tallos.
Pronto flotarán las mustias y doradas hojas
de las flores de loto sobre el agua.
Mi corazón está cansado. Mi pequeña linterna
se apaga crepitando, y me hace pensar en el descanso.
¡Voy hacia ti, querido último lugar de reposo!
¡Sí, dame tranquilidad, necesito tanto alivio!
Lloro muchísimo en mi solitud.
El otoño perdura demasiado en mi corazón.
Sol del amor, ¿ya no quieres brillar más
para secar tiernamente mis amargas lágrimas?
Escuchamos El solitario en otoño tal y como lo cantó Christa Ludwig en 1974, con Leonard Bernstein dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Israel.


Vídeo de Tokkemon

Para quienes prefieran la versión para barítono, aquí tenemos a Thomas Hampson y la Gustav Mahler Jugend Orchester dirigidos por Bernard Haitink en 1995.


Vídeo de leff56

lunes, 15 de marzo de 2010

Charles Ives: The Unanswered Question


Originalmente escrita como parte de la obra Two Contemplations (la otra contemplation es Central Park in the Dark), The Unanswered Question (la pregunta sin respuesta) se ha convertido en la obra más conocida del compositor norteamericano Charles Ives (1874-1954). Como ocurrió con gran parte de sus partituras, transcurrió un largo tiempo entre su composición (1906) y su estreno (1940).

Jan Swafford, biógrafo de Ives, la define como "una especie de collage en tres niveles distintos, coordinados ásperamente". Esos tres niveles son un cuarteto de cuerdas, que representan, en palabras del propio Ives "el silencio de los druidas, que no saben, no ven, ni oyen nada"; una trompeta sola que lanza en siete ocasiones "la perenne pregunta de la existencia" y un cuarteto de maderas que buscan "la respuesta invisible", aunque acaban abandonando la búsqueda, de forma que es el silencio quien acaba contestando. Cada uno de los tres niveles tiene su propio tempo y su propia tonalidad. El conjunto resultante fue definido por Ives como "un paisaje cósmico". Es apreciable en esta y otras de sus obras la influencia que sobre Charles Ives tuvieron los trascendentalistas de Nueva Inglaterra, Emerson y Thoreau.

Leonard Bernstein, quien dirigió esta obra en numerosas ocasiones e incluso le dedicó una serie de conferencias en la Universidad de Harvard, dijo sobre ella en 1967:

Ives asigna la «pregunta» a un solo de trompeta que la entona seis veces por separado. Y cada vez que la da, llega una respuesta o una tentativa de respuesta, por parte de un grupo de maderas. La primera respuesta es muy indefinida y lenta; la segunda un poco más rápida, la tercera aún más rápida, y para el momento en que se da la sexta es tan rápida, que parece un salvaje farfullar. Las maderas —que se dice que representan nuestras respuestas humanas— crecen en intensidad, cada vez más impacientes y desesperadas, hasta perder todo su significado. Y durante todo este tiempo, desde el mismo inicio ciertamente, las cuerdas han estado tocando su propia música por separado, infinitamente suave, lenta y sostenida, sin jamás cambiar, sin nunca intensificarse para ser más fuerte o más rápida, sin nunca verse afectada de ningún modo por esa extraña pregunta ni por el diálogo entre la trompeta y las maderas.

Vamos a escuchar The Unanswered Question tal y como la tocó la Filarmónica de La Scala de Milán con la dirección de Gustavo Dudamel. Siguiendo las indicaciones del compositor, la trompeta está separada de las maderas, tan separada que está en un palco. Lástima de los aplaudidores precoces que rompen la magia del silencio final.



Vídeo de gab1279

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Un finale y una obertura


Acaba el 2008, que para mí ha sido el año del blog. Aunque lo empecé a finales del 2007, ha sido durante este año que El imperio de los sinsentidos ha ido adquiriendo su personalidad y ha ido convirtiéndose en lo que es ahora. También ha sido durante este año que muchos de los que estáis leyendo estas líneas lo habéis conocido y gracias a eso yo os he conocido a vosotros, y eso ciertamente ha sido lo más positivo que este blog ha podido aportarme.

Vamos a cerrar el año como corresponde a un blog en el que la ópera es el eje fundamental, con un finale, uno de mis preferidos, el de Das Rheingold, de Richard Wagner, en una versión histórica: la del anillo del centenario, con dirección musical de Pierre Boulez y escénica de Patrice Chéreau. Escuchar esto en el Palau de les Arts hace un par de años y ver la espectacular entrada de los dioses en el Walhalla tal y como lo concibió La Fura dels Baus ha sido una de las experiencias musicales más intensas de mi vida.


Vídeo de Trisolde

Y por supuesto, empezaremos el 2009 con una obertura. Tras la trascendencia de Wagner, pasaremos a la ligereza de la obertura de Candide, de Leonard Bernstein, que nos hará empezar el año con buen humor.


Vídeo de GeneralIDAS

¡FELIZ AÑO 2009!