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domingo, 26 de abril de 2009

Tuuuuraaaandooooooooooooooot!!!!


Con Lorin Maazel, más que a una Turandot uno asiste a una Tuuuuraaaandoooooot. El maestro se despide de la titularidad al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana firmando la que probablemente sea su mejor dirección, junto con el Parsifal que inauguró esta temporada. Como en aquella ocasión, se decanta por unos tempi exageradamente lentos y majestuosos, algo que no es inusual aplicado a Wagner pero sorprende aplicado a Puccini. Nunca había tenido la sensación de que estaba captando hasta el más nimio detalle orquestal en una Turandot hasta ayer. En cierto sentido, encontré muchos puntos en común con la Madama Butterfly que cerró la temporada pasada. En ambos casos, Maazel se llevó el gato al agua con una dirección orquestal sobresaliente que destacaba muy por encima de los cantantes, aunque hay que decir que en esta Turandot, quizá porque la música se presta más a ello, Maazel ha llevado al límite su peculiar estilo de dirección y ha conseguido resultados inmejorables.

Por supuesto, para sostener la tensión con unos tempi tan pausados hace falta una orquesta y un coro excepcionales. Es especialmente loable la prestación del Cor de la Generalitat Valenciana, por cuanto están sometidos a un tour de force cada vez que tienen que mantener una nota durante segundos y más segundos. En los finales de los tres actos, la prestación de la orquesta y el coro llega a unas cotas de espectacularidad impresionantes.

Desde las primeras y larguísimas notas, antes de que aparezca en escena el mandarín para cantar aquello de Popolo di Pekino, ya queda claro que uno no va a asisitir a una Turandot cualquiera. Efectivamente, todo queda confirmado cuando Ventseslav Anastasov empieza a cantar: Poooooooopooooloooooo diiiiii Peeeekiiiiiiiiiinoooooooooooooo. Y al principio es inevitable preguntarse: "¿Quedará esto bien? ¿No es demasiado exagerado?" Pero no, la música sigue fluyendo y en pocos minutos uno está ya totalmente cautivado por la labor del maestro. Sólo encontré una pega, mínima, y es que la escena de Ping, Pang y Pong en el primer acto quedó un tanto deslucida a causa del tempo pausado. Sin embargo el resto de sus intervenciones, incluida su deliciosa escena en el segundo acto, gozaron de unos tempi adecuados y quedaron correctamente integradas en la trama. Fabio Previtali (Ping), Vicenç Esteve (Pang) y Gianluca Floris (Pong) estuvieron muy bien en lo vocal y en lo actoral.

Igual que he dicho que el tempo perjudicó a las máscaras en el primer acto he de decir que por la misma razón nuestra querida Alexia Voulgaridou (Liù) y Francesco Hong (Calaf) tuvieron la oportunidad de lucirse gracias al colchón orquestal que les ofreció Maazel para Signore, ascolta y Non piangere, Liù. Desgraciadamente, ambos desaprovecharon esta oportunidad, Voulgaridou a causa de su conocido canto rutinario y carente de la más mínima emoción, lo que en Liù es inadmisible y Hong debido a sus carencias en una zona grave completamente áfona. Otro de los puntos en común entre la Madama Butterfly del año pasado y esta Turandot es el tenor. Francesco Hong, al igual que Massimiliano Pisapia, quien cantó el Pinkerton entonces, tiene un gran registro agudo, fácil, timbrado y potente, pero es insuficiente en el registro medio y carece de la más ligera sombra de graves. Se creció, por tanto, en la escena de los enigmas, donde soltó agudos por doquier (aunque evitó el do opcional en Principessa altera, no sé si a instancias propias o de Maazel) y en el final del Nessun dorma. Por lo demás, su fraseo y su dicción son más que correctos para tratarse de un cantante coreano y la única pega que se le puede poner es la falta de garra, de intención, de temperamento.


Mucho mejor estuvo la Turandot de Elisabete Matos, voz grande pero bien manejada, con agudos brillantes y seguros. Sentí vergüenza ajena cuando ví como el público ovacionaba de forma exagerada a Voulgaridou y sin embargo no pasaban de un aplauso de cortesía con Matos, que demostró ser muy, pero muy superior a la griega. Creo que se debe a que se aplaude el personaje más que la interpretación, porque de otra forma es inexplicable. Desde luego, hay Voulgaridou para rato, cada vez que viene sale braveada. Su actuación de ayer no fue como parea abuchearla, al menos no desafinó como en su Luisa Miller o su Marguerite de Faust, pero de ahí a ser la más apludida...

Lamentablemente, en la función de ayer el papel de Timur no estuvo interpretado por Alexander Tsymbalyuk, de quien todos están hablando maravillas, sino por Orlin Anastassov, que no pasó de la corrección.

Respecto a la producción, con ligeras variaciones pero es la misma del año pasado, por lo que no voy a volver a repetir mis impresiones. Podéis leer lo que escribí entonces AQUÍ.

domingo, 15 de febrero de 2009

Faust en el Palau de les Arts

Qué suerte tenemos de tener una orquesta y un coro tan buenos en el Palau de les Arts. El Faust de ayer, con unos cantantes que se movieron entre lo correcto y lo fallido (estando Voulgaridou por ahí no podía ser de otra forma) habría pasado sin pena ni gloria en otros teatros cuyos cuerpos estables no tuviesen el nivel suficiente como para levantar por sí solos una función, pero lo que escuchamos ayer en les Arts fue mucho más que eso, fue una gran noche de ópera. También ayudó la excelente puesta en escena de David McVicar, que ya lleva años funcionando pero no acusa el paso del tiempo.

Ya sabemos que Maazel abandonó el proyecto del Faust antes de que empezaran los ensayos debido a una enfermedad (o eso se anunció, porque a estas alturas las cancelaciones en Les Arts son tan habituales que uno ya no sabe cuando le dicen la verdad y cuando le están tomando el pelo). Su sustituto ha sido el director francés Frédéric Chaslin, que ha obtenido un resultado excelente y que ha dirigido, además, de una forma muy maazeliana, remarcando el contraste de volúmenes de la orquesta, regalándonos momentos de efusividad explosiva y otros de acariciante suavidad, amparado siempre por el colchón de las cuerdas que ayer estuvieron espléndidas. A diferencia de lo que ha hecho Maazel en otras ocasiones, Chaslin ha tratado con cuidado a los cantantes y no les ha hecho luchar contra el volumen orquestal en ninguna ocasión, quizá perdiendo algo de espectacularidad pero ganando homogeneidad por la correcta integración de las voces en el conjunto.

El Cor de la Generalitat Valenciana estuvo sencillamente espectacular en todas sus intervenciones, destacando especialmente en la famosa página Gloire immortelle de nos aïeux, que sobrepasó a todas las arias de los solistas en emoción y se convirtió en lo mejor de la noche. Afortunadamente, la puesta en escena les permitió cantarla en la boca del escenario y sin tener que preocuparse por coreografías extrañas o movimientos que distrajeran su atención y la de los oyentes, como ha pasado en otras producciones.

Pasemos a los solistas. Confiaba bastante en la calidad de Erwin Schrott, a quien ya había escuchado en les Arts como Don Giovanni, algo menos en Vittorio Grigolo, que cantó en el Requiem de Verdi hace un año y nada en la soprano griega y plaga bíblica con la que Dios y Helga azotan al público valenciano Alexia Voulgaridou. En el entreacto pensé que me había equivocado en los tres casos, aunque al final las cosas volvieron a su sitio. Vayamos uno por uno:

Erwin Schrott y Vittorio Grigolo ensayando el primer acto de Faust.

Erwin Schrott, que está debutando el papel de Méphistophélès en Valencia, no tiene la voz de bajo profundo que solemos asociar a este papel, sino la de bajo-barítono para la que fue creado. No se queda corto en el registro grave, a pesar de carecer de la rotundidad de un Ghiaurov o un Christoff, y va sobrado en el centro y el agudo. Su voz es amplia y maleable, y cuenta con un timbre aterciopelado que la hace muy agradable al oído. Sin embargo, sus primeros tres actos fueron decepcionantes, tanto vocalmente, pues no parecía sacar todo el rendimiento que puede a su voz, como actoralmente. Esta falta de implicación hizo que su intervención en el primer acto pasara sin pena ni gloria, y en el segundo acto su himno Le veau d'or, que en mi opinión enfocó desde una perspectiva demasiado efectista y sin que la voz le acompañara en el alarde, no recibió ningún aplauso, sino un silencio tenso que supongo no agradaría mucho al artista. Sin embargo, todo cambió tras el entreacto. Su escena de la iglesia con Marguerite fue muy buena, exhibió una amplia gama de matices y supo llenar el escenario con su presencia. Su excelente serenata del cuarto acto le sirvió para desquitarse por el fracaso de Le Veau d'or y finalmente fue aplaudido y braveado por el público.

Vittorio Grigolo, de quien esperaba muy poco, acabó convirtiéndose en el otro triunfador de la función. Su Faust no destaca por la delicadeza ni por los matices, cierto, pero sería injusto negarle el esfuerzo y la intención. Empezó ofreciéndonos una versión caricaturesca del viejo Faust para, tras su transformación, jugar su principal baza: una voz sana y potente, con un timbre mediterráneo muy bello y una subida al agudo sin dificultad. Sin embargo, en su virtud está implícito su vicio, pues su ascenso al agudo se basa más en la fuerza física que en la técnica, por lo que sus agudos suenan indefectiblemente abiertos y en forte o fortissimo, perdiendo toda capacidad para el matiz en cuanto la partitura le obliga a cantar notas altas. Es un cantante jóven y no sabemos como va a evolucionar. Si se preocupa por enfocar bien su carrera, cuenta con un material que le permitirá obtener grandes éxitos. Si sigue confiando en su fuerza muscular, en cuanto el cuerpo le falle, algo que a todo el mundo le pasa a no ser que uno se llame Plácido Domingo, tendremos un nuevo caso de tenor echado a perder prematuramente.

Alexia Voulgaridou, nuestra Alexia Voulgaridou, la soprano con la que un Dios terrible y cruel castiga a la audiencia valenciana (a la madrileña lo hace con María Bayo y a la barcelonesa, según comentaban ayer unos amigos, con Michaels-Moore) acabó apareciendo en el reparto hace unos meses como sustituta de Cristina Gallardo-Domâs. Tras la tremenda desfachatez de su Luisa Miller, uno se esperaba lo peor, pero lo cierto es que Voulgaridou fue astuta y evitó riesgos. Su aria de las joyas resultó tramposa pero correcta. No me parece bien que los cantantes se coman agilidades, trinos o adornos cuando les suponen dificultades, pero si hay que elegir entre eso y lo que nos hizo en Luisa Miller hemos de pensar que hizo bien yendo a lo seguro. En el dúo con Faust aguantó el tipo, pero en la escena de la iglesia con Méphistophélès ya estuvo calante y gritona, y el terceto final, donde debería haber brillado por encima de Grigolo y Schrott, fue decepcionante.

El resto de cantantes apenas pudieron destacar debido a la brevedad de sus intervenciones. Gabriele Viviani (Valentin), aquejado por una repentina enfermedad, según se informó por megafonía, cantó bastante bien su aria del segundo acto, aunque pasó apuros en los extremos agudo y grave, algo bastante habitual en un aria mucho más complicada de lo que aparenta. Tanto Ekaterina Gubanova (Siebel) como Annie Vavrille (Marthe) estuvieron correctas, así como Vittorio Prato (Wagner).

Una característica común a todos los cantantes fue su deficiente pronunciación del idioma francés. Si hubiese sido sólo un cantante diríamos que debería haberse preparado mejor para el papel, pero siendo todos casi que diremos que la culpa es de los franceses por tener un idioma tan difícil de pronunciar. En el caso de Voulgaridou podemos decir que su pronunciación es como su afinación, se parece a lo que debe ser, pero no lo es.

La puesta en escena de David McVicar me pareció un acierto absoluto. Durante toda la representación hay dos elementos fijos, un palco de la Ópera Garnier a la izquierda que representa el mundo del pecado y un órgano de iglesia a la derecha que representa la salvación. Estos dos elementos se integran con un fondo de escenario que cambia en innumerables ocasiones y que nos lleva a diferentes localizaciones del París de finales del XIX, incluyendo la propia Ópera Garnier o un cabaret (Cabaret L'Enfer, muy apropiado) enmarcado por el arco de la Torre Eiffel. Tanto el número de ballet cuando Faust y Méphistophélès visitan el cabaret como el de la noche de Walpurgis, que acaba en una orgía bastante explícita, estuvieron muy logrados y se integraron perfectamente en la trama de la ópera. Los que solemos tener dificultades con los típicos ballets de la ópera francesa, que en muchos casos no dejan de ser un pegote, ayer estábamos encantados con lo que vimos. De los muchísimos elementos simbólicos que aparecen en la obra, los hay que tienen sentido, aunque puede que a algunos les parezcan en exceso provocadores (el Cristo que se cae de la cruz, por ejemplo) y otros, como la drogadicción de Faust o el travestismo de Méphistophélès, parecen distraer más de lo que aportan, aunque tampoco desentonen. Mención especial merece la iluminación, a cargo de Paule Constable, que juega con las sombras y los claroscuros consiguiendo efectos de gran plasticidad.

Nota de prensa rosa operística: Ayer asistió a la función la afamada soprano rusa Anna Netrebko, pareja de Erwin Schrott, a la que pudimos ver en el entreacto montada en unos tacones de palmo y medio. A ver si Helga aprovecha la ocasión para pedirle que se cante algo por aquí.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Marcelo Álvarez salva la Luisa Miller de Les Arts


A priori parecía que en esta Luisa Miller iba a haber más cosas positivas que negativas. Tenía mis dudas sobre la idoneidad de Alexia Voulgaridou para el papel principal, como ya manifesté, pero creía que iba a estar bien acompañada por un buen barítono y un buen bajo, además del cantante estrella, en este caso el tenor Marcelo Álvarez. Sin embargo, empezó el primer acto y mi gozo en un pozo.

George Gagnidze (Miller) y Orlin Anastassov (Walter), ambos poseedores de voces de gran tamaño pero de canto monolítico y poco expresivo, cantaron sus arias del primer acto de forma deficiente, sobre todo el bajo. Anastassov mejoró algo en el segundo acto, y Gagnidze lo hizo en el tercero, pero aún así ninguno me causó la misma buena impresión que recordaba de sus anteriores visitas al palau. Completó las voces graves otro cantante de las mismas características que los anteriores, Rafal Siwek, con un Wurm que evitaba lo caricaturesco pero al que le faltaba algo de chispa.

Si los cantantes que hemos mencionado no destacaron pero tampoco molestaron demasiado, no puedo decir lo mismo de Alexia Voulgaridou. Su voz es verdiana por timbre y por volumen, pero sólo con eso no basta. Falló en la coloratura del primer acto, adelgazando la voz de forma extraña hasta hacerla inaudible en algunas notas. Falló en el fraseo, haciendo pausas donde debería haber frases ligadas y olvidándose por completo de cualquier recurso expresivo. Falló también en los momentos dramáticos, llegando a rascar un agudo que no debería haberle supuesto ningún problema al intentar darle a su voz un tono desgarrado. Y en los momentos en los que no falló en nada de lo anterior, no supo salir de una gris monotonía, quizá exceptuando el tercer acto en el que el huracán Álvarez pareció arrastrala y le contagió algo de vida, paradójicamente en el momento de su muerte.

Pero no todo fue negativo. Maria José Montiel estuvo muy bien en el corto papel de Federica, la orquesta y el coro tan bien como suelen estar (excepto en un par de descoordinaciones en el primer acto, supongo que debido al hecho de que no era Maazel quien dirigía, sino Kynan Johns, aunque es Maazel quien ha dirigido los ensayos y las primeras tres funciones) y, sobre todo, Marcelo Álvarez ha estado fantástico. Una voz grande y sana, con un timbre agradable, un canto seguro y lleno de matices, con un uso de los reguladores y un ataque con golpes de glotis en los momentos más dramáticos que recuerda a los grandes cantantes del pasado, como hemos venido comentando estos días. La diferencia de nivel entre Álvarez y el resto del reparto era abismal. Creo que ningún cantante de los que han pasado por Les Arts ha sido tan aplaudido al acabar un aria como Marcelo Álvarez tras bordar Quando le sere al placido. Un pedazo de tenor.


La puesta en escena de Lamberto Puggelli, procedente del Teatro Massimo di Palermo, está basada en cuadros de autores flamencos. Luisa Miller aparece vestida como "La joven de la perla" de Vermeer y el conde Walter como uno de los personajes de "La ronda de noche" de Rembrandt. En el escenario se proyectan diversos cuadros que cambian dependiendo de lo dramático del momento o de los personajes en escena. La verdad es que estéticamente la cosa funciona, pero no me explico cuál será la relación entre Luisa Miller y la pintura flamenca. Claro, que uno ve en el programa de mano la portada del DVD de la Luisa Miller del Met con Plácido Domingo y Renata Scotto vestidos de jovencitos tiroleses y se queda con los cuadros de Vermeer y Rembrandt. Otra cosa que no me explico es por qué en algunos momentos aparecen unos dobles de los personajes que repiten lo que estos hacen en otro plano pero sin aportar nada a la narración.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Alexia Voulgaridou: ¿A la tercera va la vencida?


Seguimos repasando a los cantantes que nos revisitan en la Luisa Miller que hoy mismo se estrena en el Palau de les Arts. Esta vez le toca el turno a la soprano griega Alexia Voulgaridou, que cantará por tercera ocasión en Les Arts, tras su Micaela en Carmen y su Liú en Turandot, ambas en la pasada temporada.

Su actuación en Carmen pasó sin pena ni gloria, fue una actuación correcta pero fría enmarcada en una obra que destacó como lo peor de toda la temporada. Ni sus compañeros de reparto, ni la dirección de Maazel, ni la espantosa puesta en escena de Saura ayudaron, desde luego. Aún así, y sabiendo que sería la Liú de Turandot al final de la temporada, tenía mis esperanzas puestas en que una vez todos los factores adversos que lastraron esta Carmen desaparecieran, su rendimiento también mejoraría.

Pues no, siguió en sus trece, correcta pero fría. Y una Liú fría, por muy correcta que sea, es una Liú fallida. Leyendo los comentarios de varios asistentes a estas funciones de Turandot en diversos blogs y foros me fijé en que básicamente había dos opiniones: por un lado, estábamos los que nos dejamos llevar al huerto por el volumen brutal y el apasionamiento de Guleghina, a los que Voulgaridou nos pareció una sosainas. Por otro lado estaban los que criticaron la actuación de Guleghina, considerándola excesiva, demasiado gritona y con una afinación dudosa. Éstos últimos destacaban siempre a Voulgaridou como la mejor de la función, ante el pasmo de los que nos aburrimos con ella. Aunque una captura en vídeo nunca es fiel a lo que se vive en un teatro, vamos a escuchar su Signore ascolta en una de estas funciones de Turandot y que cada cual saque sus propias conclusiones.



Voulgaridou acaba de debutar en la Royal Opera House Covent Garden cantando Mimí de La Bohéme, uno de los papeles que interpreta con más frecuencia y que podemos escucharle en el siguiente vídeo, procedente del festival de Bregenz del 2002.



Hoy se produce su debut en el papel de Luisa Miller, veremos qué dicen de ella las críticas en los próximos días. Esta es su oportunidad para demostrarnos a quienes dijimos que era una cantante fría y monótona que estábamos equivocados. El papel de Luisa Miller le va a dar más oportunidades para ello que los que nos ha interpretado hasta ahora. Y si no, siempre habrá quien disfrute con su frialdad e insulsa corrección. Como decía Guerrita, "hay gente pa tó".

Para hacernos una idea de su estilo verdiano, escuchémosla cantando el final del Requiem bajo la batuta de Riccardo Muti. No es lo mismo que una ópera, pero poco le falta.


Vídeos de orfnos

lunes, 2 de junio de 2008

Turandot en el Palau de les Arts

Ayer se acabaron las funciones de Turandot en el Palau de les Arts, una ópera que, quizá por ser de fácil acceso, por tener el famoso Nessun dorma o por prestarse a momentos de opulencia orquestal, vocal y escénica, suele gustar mucho al público y eso se tradujo en la mayor ovación que yo he vivido nunca en este teatro sin ser la mejor función que he escuchado, aunque sí fue muy buena.

La puesta en escena de Chen Kaige era muy tradicional, bonita pero poco imaginativa. Uno parecía estar metido en una de las últimas películas de Zhang Yimou. Estéticamente funcionaba, el movimiento de las masas en cambio era más bien simple, la mitad del coro a un lado del escenario, la otra mitad al otro y poco más. Hubo un momento en el primer acto en el que hicieron la ola y me dió por pensar que estaban ensayando para los Juegos Olímpicos de Pekín. En la escena de los enigmas también hubo un momento deportivo cuando agitan unos banderines triangulares y me costó retenerme para no gritar "¡Gol de China!". Los trajes de época (no sé de cuál, pero de alguna época serían) estaban muy conseguidos, aunque a base de cambiarle el vestido a la Guleghina (creo que ocho en total), al final acaba saliendo con un híbrido entre salto de cama y bata de cola bastante raro. Eso sí, algunos de los que lleva son espectaculares.


En esta foto hay que encontrar a Wally

Entre las voces, impresionante Maria Guleghina (Turandot). Sabe jugar muy bien sus cartas, deja apabullado al público con unos agudos enormes que traspasan al coro y a la orquesta. Muy metida en el personaje, fría como el hielo, da miedo cuando debe darlo y hace creíble el increíble final. Éste era su debut en el papel y no me cabe la más mínima duda de que repetirá y obtendrá grandes éxitos con él. Me alegro, ya que hace poco expresé mis dudas sobre el devenir de su carrera, fue un gustazo verla salir airosa de la prueba. Como pegas, las que ya conocíamos de antemano, vibrato y sonidos calantes, pero nada que impidiese disfrutar de su actuación.

Marco Berti (Calaf) en tamaño vocal no se queda atrás, aunque su canto es más irregular. Aún así me gustó mucho, fue mejor de lo que me esperaba, menos bruto y mejor fraseador de lo que se intuía por los vídeos que había visto. Su primer acto fue muy bueno, en los enigmas le plantó cara a la Guleghina, que no es poco, y en el Nessun dorma, el único momento conocido de la ópera para muchos y por tanto la parte más esperada, estuvo más que digno, aunque peor que en las escenas anteriores. Sigo pensando que es una lástima que no haya venido Giordani, pero estoy muy contento con Berti, me alegraré si vuelve a venir por aquí.

Me gustó también Alexander Tsimbaliuk (Timur), así como los tres ministros, en especial Ping (Fabio Previati), con una voz lírica y muy bella. Un poco menos me gustó Alexia Voulgaridou (Liù). No es que lo hiciese mal, pero en ningún momento salió de una anodina corrección que palidecía al compararla con el resto de intérpretes. Algo parecido le pasó a principio de temporada, cuando cantó la Micaela de Carmen, y eso que ahí no había ningún cantante que le hiciese sombra pues todo el reparto fue más bien mediocre. En ambas funciones, el público la aplaudió más de lo que se merecía, supongo que por lo agradecido de los personajes.

Y, como siempre, sobresalientes coro, orquesta y el director Zubin Mehta. Me da igual si esta orquesta se ha conseguido a golpe de talonario o si este modelo es insostenible, que lo es y todos lo sabemos, lo que estamos escuchando en estas dos temporadas es algo irrepetible y dentro de unos años, cuando quede claro que hay que rebajar costes, recordaremos esta etapa como algo legendario. Disfrutémosla mientras podemos.

miércoles, 23 de abril de 2008

Próximamente: Turandot en el Palau de les Arts

El próximo día 25 de abril, con la última de las funciones de Madama Butterfly, acabará la temporada de ópera 2007-2008 en el Palau de les Arts y quedaremos a la espera de que empiece el Festival del Mediterráneo, que este año queda fuera de abono. Las obras que se interpretarán serán Turandot, Siegfried y La corte del faraón. Conocido es el pésimo funcionamiento administrativo del Palau, así que en estos momentos no sabemos seguro ni quien cantará, ni cuándo serán las funciones, ni cómo será la venta de entradas. Basándonos en la información que se dió al principio de la temporada, vamos a escuchar a los cantantes que en teoría van a interpretar los principales papeles de Turandot, aunque puede que al final sean otros quienes lo hagan, de hecho uno de ellos, Giordani, ya canceló su participación en Don Carlo, siendo substituido por Yonghoon Lee.

El principal atractivo es la vuelta a Valencia del director que mejor rendimiento ha sacado de la orquesta del Palau, Zubin Mehta. Además, vuelve con una de las obras que más fama le han dado, Turandot, de la que grabó una imprescindible versión con Sutherland, Pavarotti y Caballé.

La soprano que, según se anunció, se encargará del difícil papel de la principessa di gelo es la controvertida Maria Guleghina, a la que se ha podido ver en el Liceu en las últimas temporadas. Vamos a escucharla cantando Sola, perduta, abbandonata, de la ópera Manon Lescaut de Puccini.



Vídeo de Gabba02

Escuchemos ahora al tenor Marcello Giordani, en teoría futuro Calaf en les Arts, cantando el celebérrimo Nessun dorma.



Vídeo de nalab

Y por último, la soprano griega Alexia Voulgaridou, quien cantará el papel de Liù si no hay sorpresas, cantando Mi chiamano Mimi, de La Bohéme de Puccini.



Vídeo de orfnos

En principio no parece un mal reparto para los tiempos que corren, ojalá no haya cambios, o al menos no para peor. Seguiremos pendientes de la web del Palau hasta que Doña Helga se digne a informarnos de la situación definitiva. Y si no lo hace pronto, haremos tiempo comentando el Siegfried que seguirá a esta Turandot.