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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Más Walküre: Der Männer Sippe


En los comentarios a la entrada anterior Atticus dijo que Eva Maria Westbroek era insuperable hoy por hoy en el papel de Sieglinde y yo estuve de acuerdo, pero después lo estuve pensando y me pareció que a lo mejor no todo el mundo lo tenía tan claro como nosotros. Es más, a lo mejor ni siquiera nosotros, o al menos yo, lo tendremos tan claro tras un repaso a diversas intérpretes del papel en la actualidad. Bueno, o en un pasado reciente. Escuchemos a unas cuantas cantando Die Männer Sippe a ver qué nos parecen. Reconozco que me he llevado una sorpresa agradable con Pieczonka, a quien apenas había escuchado antes.

Eva Maria Westbroek:


Vídeo de sopranietenori

Adrianne Pieczonka:


Vídeo de hillevifan

Nina Stemme:


Vídeo de TheHumperdinck

Catherine Hunold:


Vídeo de thierryrussodelattre

Waltraud Meier (hace unos añitos ya, pero bueno):


Vídeo de Macbett0

Elisabete Matos:


Vídeo de berganzita

Cheryl Studer (¿todavía canta?):


Vídeo de Scalatti

martes, 23 de marzo de 2010

Willard White, nuestro próximo Barbazul


El próximo sábado nos espera en el Palau de la Música de Valencia la fantástica ópera (fantástica en todos los aspectos de la palabra) El castillo de Barbazul, de Béla Bartók. El director que se hará cargo de la Orquesta de Valencia será Josep Pons y los papeles de Judit y Barbazul recaerán en dos cantantes británicos, la joven soprano Jane Irwin y todo un veterano, el bajo Willard White, a quien dedicamos la entrada de hoy.

Si queréis saber más acerca de la ópera de Bartók, os recomiendo la entrada que Barbebleue dedicó a su obra homónima en su blog Cuestión de sensibilidad, tan informativa en el fondo como poética en la forma.

Willard White, nacido en Jamaica en 1946 y posteriormente nacionalizado británico, creció en el seno de una familia humilde en Kingston. Se empezó a interesar por el canto escuchando la radio e imitando el estilo de Nat King Cole y Paul Robeson y en su juventud cantó en diversas agrupaciones amateurs hasta que Evelyn Rothwell, la esposa del director John Barbirolli, lo escuchó durante una visita a Jamaica y le sugirió marchar a Londres para estudiar canto. Su padre, sin embargo, le compró un billete de avión a Nueva York por la simple razón de que era más barato y allí White consiguió una beca en la Juilliard School of Music donde tuvo como profesor a Giorgio Tozzi y recibió clases de la mismísima Maria Callas. Una de esas clases de 1975, en la que ambos practican el aria de Fiesco de Simon Boccanegra, está disponible en youtube. White estaba todavía muy verde y su pronunciación italiana es penosa, pero vaya una voz la suya.


Vídeo de foropera

Pronto Willard White empieza su carrera profesional en la que mezcla los papeles para bajo más comunes de las óperas de Verdi, Rossini, Puccini o Mozart con con incursiones en repertorio más infrecuente (El castillo de Barbazul, Saint François d'Asisse, Le Grand Macabre, Billy Budd...). Uno de los papeles en los que más ha destacado es el de Porgy en Porgy and Bess, de George Gershwin, que grabó con Maazel y con Rattle en dos versiones que muchos consideran referenciales. Vamos a verle en una película grabada en 1993 bajo la dirección musical de Simon Rattle.


Vídeo de Trisolde

Gracias a su profunda voz y a su presencia escénica, Willard White ha hecho sus pinitos como actor de teatro, nada menos que con la Royal Shakespeare Company, junto a quienes interpretó en 1989 el papel de Othello. Veamos su monólogo final.


Vídeo de ILLANUNINE

Aparte del de Porgy, hay dos papeles en los que Willard White ha destacado en los últimos años: el de Méphistophélès en La damnation de Faust de Berlioz (imprescindible el DVD de Salzburgo con la Kasarova y la puesta en escena de La Fura dels Baus, a los que aprovecho para reivindicar ahora que les está cayendo la del pulpo) y un sorprendente Wotan, quizá no muy introspectivo pero solemne como pocos, en la producción de Aix-en-Provence del 2007, que posteriormente se vió en el Festival de Salzburgo. Vamos a ver el final de Die Walküre, nuevamente bajo la batuta de Simon Rattle.


Vídeo de Pablojvayon

jueves, 25 de junio de 2009

Die Walküre (ciclo II) en el Palau de les Arts


Sí, ya sé que dije que no podría asistir a ninguna de las funciones del ciclo del anillo, pero finalmente sí ha podido ser, para mi fortuna. Ayer asistí a la representación de Die Walküre que forma parte del segundo ciclo completo que el Palau de les Arts está ofreciendo en el marco del II Festival del Mediterrani, quizá la función más esperada de la temporada para muchos aficionados por la presencia de un plantel de profesionales excelentes pero sobre todo por la llegada de un mito como es Plácido Domingo para una sola función.

El Palau presentaba un gran ambiente, lleno absoluto desde el principio hasta el final (algo inhabitual en óperas de Wagner, donde las deserciones empiezan a aparecer al final del primer acto). Teniéndo en cuenta que era un día entre semana, que jugaba la selección española, que hacía un calor infernal y que además la función se ofrecía en directo por pantalla gigante en la Plaza de la Virgen, ese lleno tiene mucho mérito.

Zubin Mehta volvió a ofrecernos su particular visión de la obra wagneriana que a unos consideramos adecuada y otros no tanto. A mí volvió a convencerme, sobre todo en el segundo y el tercer acto, donde la orquesta sonó con más garra que en un primer acto excesivamente lírico. Independientemente de la dirección, el sonido de la orquesta y su precisión fueron excelentes, como viene siendo habitual. Diréis que soy un pesado y que siempre digo lo mismo, pero yo no voy a cansarme de repetirlo y ojalá pueda hacerlo durante mucho tiempo.

El primer acto estuvo marcado por las tres grandes voces de sus protagonistas. Pude comprobar con agrado que lo que me habían contado acerca de la soprano holandesa Eva-Maria Westbroek (Sieglinde) era cierto. Una voz inmensa, con un timbre oscuro de gran belleza y un curioso vibrato en los agudos que no afea el canto, y sobre todo una gran artista que carga de intención dramática cada una de sus intervenciones y que se mueve en escena como pez en el agua. Junto a ella, un viejo conocido, Matti Salminen (Hunding), sustituía a un indispuesto Stephen Milling para alegría y regocijo de sus muchos seguidores. Y no es que Milling no sea un gran bajo wagneriano, todo lo contrario, pero Salminen es mucho Salminen y ayer lo volvió a demostrar haciéndonos vibrar con su vozarrón y su fraseo cargado de intención. Con trampas de viejo zorro, dirán. Pues sí, con trampas de viejo zorro, pero a mí denme trampas como esas que no me canso de escucharlas.


Ya que era la estrella de la función y el reclamo para un gran número de asitentes locales y foráneos, vamos a dedicar párrafo aparte a Plácido Domingo (Siegmund). Su entrega escénica fue total, como la de Westbroek, increible en alguien que según distintas versiones está a punto de entrar o ya ha rebasado sobradamente la setentena. Lo mismo puede decirse de su voz, grande y sin el vibrato característico de los cantantes ya entrados en años. Domingo se mueve cómodamente en la tesitura del welsungo, básicamente central con subidas al agudo asumibles para su estado actual, a la que su timbre baritonal sienta estupendamente. Pero aunque respetemos las canas no debemos dejarnos cegar por su resplandor, el Siegmund de Domingo fue de más a menos durante el primer acto a medida que la fatiga empezaba a hacer mella en su resistencia. Sus agudos estaban ahí, pero no dejaban de ser brevísimas incursiones en un territorio incómodo que rápidamente abandonaba para volver a la zona media (sirvan como ejemplo unos Wälse, Wälse que apenas duraron un suspiro) . El acto acabó con un Domingo con problemas de fiato que defendió dignamente su papel pero distó mucho de ser el joven intrépido y desafiante que Wagner nos presenta en su partitura y que, en su particular fraseo de bajo vuelo, lastró a una orquesta totalmente entregada a su comodidad.


Lo mejor estaba por llegar, sin embargo. El segundo acto empezó con una orquesta mucho más viva, con una espectacular Jennifer Wilson (Brünnhilde) lanzando agudos potentes y afilados a lo Birgit Nilsson y con un Juha Uusitalo (Wotan) que ha mejorado considerablemente respecto a la última vez que le escuché, hace un año como Wanderer en Siegfried. Ya entonces me gustó, pero es que lo de anoche fue algo increíble. Su voz se ha oscurecido y ensanchado, gozando ahora de unos graves potentes y muy bellos, pero por encima de eso su capacidad para el fraseo, para la matización (qué pianísimos, señoras y señores) le convierten en una referencia inexcusable para el público wagneriano de la actualidad. Por primera vez en mi vida he deseado que el monólogo de Wotan, que normalmente se me hace cuesta arriba, durase más y más. Un Wotan de muchísimos quilates, digno compañero de escena de una Brünnhilde que, como ya sabéis, me apasiona. Junto a ellos, la excelente Fricka de Anna Larsson, con una intervención más breve pero que le permitió lucirse y exhibir una voz sana y hermosa.


En el tercer acto, tanto Westbroek como Wilson acusaron el cansancio, aunque las dos cantaron con dignidad y nos dejaron grandes momentos. Sin embargo, el tercer acto tuvo un dueño y ese fue Juha Uusitalo, con una escena de los adioses antológica. Fue el único de los cantantes con papeles extensos que acabó la ópera en plena posesión de sus facultades vocales, sin que se le notase el inevitable agotamiento que supone esta obra.

La puesta en escena, tantas veces comentada, me ha gustado más que la primera vez que la ví hace dos años. A diferencia del reciente Götterdämmerung, no bombardea nuestra retina con un exceso de información visual, sino que acompaña al texto cuando es necesario, lo complementa presentando imágenes del prólogo en flashback durante el monólogo de Wotan (todo un acierto) y deja las pantallas apagadas o con imágenes neutras (el árbol del primer acto, el cielo estrellado del segundo) cuando no es necesario presentar algo nuevo, permitiéndonos centrarnos en la observación de los cantantes. Por cierto, el cambio en el encendido de la roca de Brünnhilde en el tercer acto, también conocida como el paellero, me parece un acierto, mucho más agil que hace dos años.

También podéis leer las crónicas de Atticus, Maac y Papagena.

jueves, 19 de marzo de 2009

Una espada


UNA ESPADA

Una espada,
Una espada de hierro forjada en el frío del alba.
Una espada con runas
Que nadie podrá desoír ni descifrar del todo,
Una espada del Báltico que será cantada en Nortumbria,
Una espada que los poetas
Igualarán al hielo y al fuego,
Una espada que un rey dará a otro rey
Y este rey a un sueño,
Una espada que será leal
Hasta una hora que ya sabe el Destino,
Una espada que iluminará la batalla.

Una espada para la mano
Que regirá la hermosa batalla, el tejido de hombres,
Una espada para la mano
Que enrojecerá los dientes del lobo
Y el despiadado pico del cuervo,
Una espada para la mano
Que prodigará el oro rojo,
Una espada para la mano
Que dará muerte a la serpiente en su lecho de oro,
Una espada para la mano
Que ganará un reino y perderá un reino,
Una espada para la mano
Que derribará la selva de lanzas.
Una espada para la mano de Beowulf.

(Jorge Luis Borges)


Vídeo de PlanyTV

sábado, 4 de octubre de 2008

Leb Wohl, Katarina Dalayman


Si había un atractivo en el próximo Parsifal de les Arts era disfrutar de las dos Kundrys que se iban a alternar en las funciones, Violeta Urmana y Katarina Dalayman. Ambas son excelentes intérpretes de tal papel, como han demostrado sobradamente. Dado que Urmana volverá a les Arts para Iphigénie en Tauride de Gluck, esta iba a ser una oportunidad única para poder escuchar a Dalayman, así que me alegré mucho cuando ví que la función que entraba en mi turno de abono tendría a la sueca como Kundry. Pero al final, mi gozo en un pozo. En el mismo pozo donde acabaron el Calaf y el Don Carlo de Giordani, la Butterfly de Gallardo-Domas, el Fafner de Salminen y otros más. Katarina Dalayman no vendrá a Valencia, siendo sustituida por Violeta Urmana en todas las funciones excepto en una, la de mi abono, en la que la sustituta será Judith Németh, cantante en plantilla de la Ópera Nacional de Budapest que ha cantado en Bayreuth y que a mí, en principio, no me compensa la pérdida. Escuchemos a Katarina Dalayman como Sieglinde junto al Siegmund de Jorma Silvasti, dirigidos por Antonio Pappano. Espero que os guste, esto va a ser lo más cerca que la tengamos este año.


Vídeo de wagnerianman

miércoles, 25 de junio de 2008

Cierre de lujo para el wagnerianismo imperante

Hace unos meses enlacé en el blog un vídeo de youtube donde podíamos ver al gran Lauritz Melchior cantando una canción de Grieg, Yie elska die, y entonces prometí que colgaría otro vídeo, sacado de una película al igual que el primero, donde cantaba Winterstürme, de Die Walküre. Pues bien, se me ha ocurrido que, ahora que ha acabado el Siegfried de les Arts y parece que vamos a dejar de hablar de Wagner por un tiempo, qué mejor forma de hacerlo que con este gigante del canto wagneriano.


Vídeo de hvolsvellir

Y eso que ya estaba mayor, ¿eh? Pues más mayor aún estaba en el siguiente vídeo, pero aún así, a ver cuántos tenores jóvenes son capaces de cantar In Fernem Land, de Lohengrin, como Melchior. No hace falta que contestéis, ya sé la respuesta, por desgracia.


Vídeo de Onegin65

lunes, 21 de enero de 2008

Wagner y Venecia

Hoy vamos a buscar un punto de conexión entre dos noticias musicales. Por una parte, el éxito del Tristan und Isolde del Real, donde la gran Waltraud Meier ha logrado incluso conversiones milagrosas al wagnerianismo, y por otra la reciente publicación de The Classical Variations, un recopilatorio de los acercamientos a la música clásica que ha realizado hasta la fecha el pianista de jazz norteamericano Uri Caine. Y el punto de intersección entre ambas líneas es el disco Wagner e Venezia, grabado en directo en el Gran Caffè Quadri y el Hotel Metropol de tal ciudad en junio de 1997 por el Uri Caine Ensemble. Para esta ocasión, la peculiar formación estaba compuesta por dos violines, un cello, un contrabajo, el piano de Caine y un instrumento tan veneciano como inusual, un acordeón, encargado de aportar la densidad wagneriana en tan camerística formación. El resultado es un Wagner en miniatura que sustituye la grandiosidad orquestal a la que estamos acostumbrados por un sonido a veces decadente (escúchese la Muerte de Amor de Tristan und Isolde) y a veces jocoso (la impagable Cabalgata de las Valquirias en pizzicato). En cualquier caso, el propósito no es sustituir las versiones "oficiales" de las obras de Wagner a cargo de Knappertsbuch, Furtwängler, Keilberth o Solti, sino ofrecer otra visión de una música que a menudo es vista como algo monolítico e inmutable, digno de ser oficiado más que interpretado. A mí este disco me sirvió para entender mejor la música de Wagner, para percibir aspectos que nunca habría percibido con los directores antes citados y que ahora sí percibo en sus versiones. Pero mejor os dejo que escuchéis un par de piezas y os forméis vuestra propia opinión.


Pincha aquí para escuchar 'Muerte de amor'

Pincha aquí para escuchar 'Cabalgata de las valquirias'