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sábado, 15 de marzo de 2008

Octeto de violonchelos Conjunto Ibérico - Pasión Argentina

Hace poco más de un año tuve ocasión de asistir a un concierto del octeto de violonchelos Conjunto Ibérico, casi por casualidad, porque acompañaban a Teresa Berganza, que es a quien yo había ido a ver. Me sorprendió entonces la calidad de esta peculiar formación, capaz de sonar como una orquesta de cámara a pesar de la falta de variedad instrumentística. Esta semana he recibido su último disco hasta la fecha, Pasión Argentina, en el que tocan piezas de Piazzolla, Ginastera y Guastavino, casi siempre acompañando a la mezzo Elena Gragera, aunque hay dos piezas instrumentales, Pampeana nº2 y el Ballet Estancia, ambas de Ginastera.

El Conjunto Ibérico fue fundado por su director, Elías Arizcuren, famoso violonchelista y fundador del Trío Mendelssohn, en 1989 y desde entonces se ha convertido en una referencia en la música de cámara a nivel mundial, siendo dedicatarios de composiciones de autores tales como Xenakis, Halffter, De Pablo, Denisov, Bussotti, Pärt, Boulez, Kagel y Glass entre otros. Además de estas nuevas composiciones, su repertorio se basa en reducciones para ocho chelos de obras compuestas para otra instrumentación, que es lo que nos encontramos en Pasión Argentina.

Escuchemos ahora al Conjunto Ibérico en dos de las piezas de éste disco. Primero en una milonga de Astor Piazzolla cantada por Elena Gragera, El Títere, y después en el último movimiento del Ballet Estancia, Malambo.

Pincha aquí para escuchar 'El Títere - Piazzolla'

Pincha aquí para escuchar 'Malambo - Ginastera'

viernes, 7 de marzo de 2008

La música más triste


En 1920, tras el fallecimiento de su esposa, un maduro Edward Elgar compone el elegíaco Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor, Op. 85, una obra que empieza con el sonido de la desesperación y recorre todas las facetas de la tristeza y la melancolía. Según comentan algunos autores, Elgar no pretendía sólo plasmar su dolor ante la pérdida del ser querido, sino también mostrar la desolación en que le había sumido la recién terminada Gran Guerra. Elgar había visto como todos sus valores desaparecían, caían ante la cruel barbarie bélica. Ya no había nada en qué creer, nadie en quien confiar, y por encima de todo eso pesaba la terrible sensación de que todo aquel sufrimiento no había servido para nada, de que el hombre seguiría matando y de que a esta guerra la seguiría otra. Desgraciadamente, la historia le dió la razón poco después y se la continúa dando cada día. Hoy también.

Jacqueline Du Pré interpreta el primer movimiento del Concierto para violonchelo de Elgar. Dirige Daniel Barenboim.




Vídeo de markvogue