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lunes, 12 de septiembre de 2011

Charles Ives: Central Park in the Dark


Hace poco más de un año traje al blog la obra de Charles Ives The Unanswered Question, cuyo título completo es, en realidad,  A Contemplation of a Serious Matter or The Unanswered Perennial Question. Hoy traigo la otra pieza que la complementa en el ciclo Two Contemplations y cuyo título es Central Park in the Dark. En realidad su título también es un poco más largo: A Contemplation of Nothing Serious or Central Park in the Dark in ‘The Good Old Summer Time’. Ambas piezas fueron compuestas en 1906.

En palabras de Charles Ives, esta pieza pretende ser un retrato sonoro de los sonidos de la naturaleza y de los acontecimientos que se escucharían hace algo así como treinta años (antes de que el motor de combustión y la radio monopolizaran la tierra y el aire) mientras se estaba sentado en un banco de Central Park en una calurosa noche de verano.

Ives especificó que los instrumentos de la orquesta de cámara para la que está compuesta la pieza debían disponerse en dos grupos separados entre sí. Dichos instrumentos incluyen dos pianos, que según el autor deberían ser una pianola y un piano de cola. A cada uno de los instrumentos se le asigna un papel en este retrato de Central Park:

Las cuerdas representan los sonidos nocturnos y la silenciosa oscuridad -interrumpida por los sonidos del Casino al otro lado del estanque- de los cantantes callejeros que vienen del Circle cantando, aquí y allí, las melodías de esos años- de algunos "búhos nocturnos" de Healy's silbando lo último de los Freshman March- los "elevados ocasionales", un desfile callejero, una "avería" en la distancia- de vendedores de periódicos gritando "uxtries"- de pianolas manteniendo una guerra de ragtime en el piso "sobre la tapia del jardín", un tranvía y una banda de música ambulante se unen al coro-  un camión de bomberos, el caballo de un carruaje que se escapa, aterriza "sobre la valla y fuera", los caminantes gritan- de nuevo se oye la oscuridad- un eco sobre el estanque- y nos vamos caminando a casa.

Al igual que en The Unanswered Question y en muchas otras de sus obras, Ives yuxtapone distintas texturas orquestales: las cuerdas estáticas, ambientales junto al ragtime sincopado de los pianos junto a los metales de la banda de música. Otra característica común de ambas piezas es que en ambas la música es programática, como se desprende del detallado análisis del párrafo anterior.

Escuchemos Central Park in the Dark en la interpretación de la BBC Symphony Orchestra bajo la dirección de Lawrence Foster.


Vídeo de dmitrydreizin

lunes, 15 de marzo de 2010

Charles Ives: The Unanswered Question


Originalmente escrita como parte de la obra Two Contemplations (la otra contemplation es Central Park in the Dark), The Unanswered Question (la pregunta sin respuesta) se ha convertido en la obra más conocida del compositor norteamericano Charles Ives (1874-1954). Como ocurrió con gran parte de sus partituras, transcurrió un largo tiempo entre su composición (1906) y su estreno (1940).

Jan Swafford, biógrafo de Ives, la define como "una especie de collage en tres niveles distintos, coordinados ásperamente". Esos tres niveles son un cuarteto de cuerdas, que representan, en palabras del propio Ives "el silencio de los druidas, que no saben, no ven, ni oyen nada"; una trompeta sola que lanza en siete ocasiones "la perenne pregunta de la existencia" y un cuarteto de maderas que buscan "la respuesta invisible", aunque acaban abandonando la búsqueda, de forma que es el silencio quien acaba contestando. Cada uno de los tres niveles tiene su propio tempo y su propia tonalidad. El conjunto resultante fue definido por Ives como "un paisaje cósmico". Es apreciable en esta y otras de sus obras la influencia que sobre Charles Ives tuvieron los trascendentalistas de Nueva Inglaterra, Emerson y Thoreau.

Leonard Bernstein, quien dirigió esta obra en numerosas ocasiones e incluso le dedicó una serie de conferencias en la Universidad de Harvard, dijo sobre ella en 1967:

Ives asigna la «pregunta» a un solo de trompeta que la entona seis veces por separado. Y cada vez que la da, llega una respuesta o una tentativa de respuesta, por parte de un grupo de maderas. La primera respuesta es muy indefinida y lenta; la segunda un poco más rápida, la tercera aún más rápida, y para el momento en que se da la sexta es tan rápida, que parece un salvaje farfullar. Las maderas —que se dice que representan nuestras respuestas humanas— crecen en intensidad, cada vez más impacientes y desesperadas, hasta perder todo su significado. Y durante todo este tiempo, desde el mismo inicio ciertamente, las cuerdas han estado tocando su propia música por separado, infinitamente suave, lenta y sostenida, sin jamás cambiar, sin nunca intensificarse para ser más fuerte o más rápida, sin nunca verse afectada de ningún modo por esa extraña pregunta ni por el diálogo entre la trompeta y las maderas.

Vamos a escuchar The Unanswered Question tal y como la tocó la Filarmónica de La Scala de Milán con la dirección de Gustavo Dudamel. Siguiendo las indicaciones del compositor, la trompeta está separada de las maderas, tan separada que está en un palco. Lástima de los aplaudidores precoces que rompen la magia del silencio final.



Vídeo de gab1279