Mostrando entradas con la etiqueta Chapí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chapí. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de octubre de 2009

Censura en el Palau de la Música de Valencia

ACTUALIZACIÓN - 6/10/09:Retiran la ópera Roger de Flor del Palau de la Música de Valencia. Maac ofrece más información sobre esta payasada en Cantan Ellas.

Esto existe y además da votos.

Aparcamos momentaneamente el paseo por la exposición de Hartmann acompañados por Músorgski y Ravel para tratar un tema de actualidad.

Hoy he estado comiendo con unos amigos y uno de ellos me ha comentado este asunto, del que no tenía ni idea. Una vez en casa he buscado información en la web y me he encontado con el siguiente artículo de El País, que procedo a copiar.

Ópera censurada para el 9 d'Octubre

El Palau de la Música elimina las alusiones a los catalanes en una obra de Chapí

A. B. - Valencia - 03/10/2009

El episodio resume la mezcla de populismo, prepotencia e ignorancia que caracteriza cierta política valenciana. Las administraciones dirigidas por el PP escogieron para el tradicional concierto del Día de la Comunidad Valenciana una obra llena de almogávares catalanes, se dieron cuenta de ello cuando ya era irreparable y, sin el más mínimo escrúpulo, ordenaron censurar el libreto, de manera que los soldados catalanes son ahora aragoneses y el pueblo catalán es valenciano. Eso sí, nadie se ha hecho responsable del desaguisado.

El Palau de la Música de Valencia ofrecerá el día 8, como apertura de su temporada, una versión en concierto de la ópera Roger de Flor, de Ruperto Chapí, compositor valenciano nacido en Villena en 1851 del que se cumple el centenario del fallecimiento. La idea de rescatar una obra que había quedado casi en el olvido, probablemente por razones fundadas (ya que, si exceptuamos la briosa obertura, ha tenido poca fortuna), incluye la publicación de la partitura revisada por parte del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (Iccmu) y el Institut Valencià de la Música. Una publicación que diferirá notablemente de lo que escuche el público en el auditorio valenciano, ya que el director de la Orquesta de Valencia, Miguel Ángel Gómez Martínez, ha dado instrucciones en los ensayos a los componentes del Cor de la Generalitat, por "órdenes de arriba", de censurar las referencias que aluden a Cataluña y los catalanes. De hecho, ayer mismo, mientras la directora del Palau, Mairén Beneyto, no estaba localizable y su departamento de comunicación reiteraba no tener constancia del asunto, músicos y cantantes trabajaban en los retoques, añadiendo aquí una nota, aquí una corchea, para adaptar las modificaciones sobre el libreto original, del que fue autor el militar Mariano Capdedón.

La letra de Roger de Flor, que Chapí compuso en su etapa de estancia en París, era originalmente en castellano pero se estrenó en 1878 en italiano en el Teatro Real de Madrid debido a la tendencia italianizante que imperaba entonces en ese coliseo. El argumento se centra en la figura de Roger de Flor, capitán de los 4.000 almogávares que lucharon al lado de los bizantinos contra los turcos a comienzos del siglo XIV. Roger de Flor se casó con la princesa María de Bulgaria, sobrina del emperador. El argumento de la ópera gira en torno a ellos y a las intrigas políticas que acabaron con el asesinato del capitán de la denominada Compañía Catalana de Oriente. El crimen desató una sangrienta represalia de los almogáveres contra los bizantinos que se conoce como la "venganza catalana".

Es fácil comprender que la sustitución de los términos alusivos a los catalanes y a Cataluña representa algo más que un maquillaje de la obra. Fuentes especializadas señalaron ayer que los derechos de autor de Chapí ya han caducado, pero no ocurre lo mismo con los derechos morales sobre la obra. En los actos del centenario de Ruperto Chapí, una de las representantes de sus herederos ha sido una biznieta, María Ángeles Tejedor. Al tratarse de una ópera, legalmente está considerada una obra única, de manera que no pueden modificarse unilateralmente ni la letra, ni la música.

Ante todo, gracias a Baltolkien por la información. Creo que es tan evidente la catadura moral, el acomplejamiento, la paranoia, la incultura y la malicia de los responsables que poco más se puede añadir. Y conste que no estoy hablando del tema trajes y bolsos, que no tiene nada que ver con este blog y que se puede tratar en muchos otros espacios en la web, sino solamente de lo estrictamente referido a este tema. Vergüenza, señores.

domingo, 18 de enero de 2009

Zarzuela en les Arts: El rey que rabió, de Chapí

No me gusta la zarzuela, vaya por delante. Podéis decir que tengo prejuicios, que no sé separarla de un contexto rancio (aunque yo nunca la ví en este contexto; de hecho, nunca la ví en ningún contexto), que estoy desinformado o que quiero romper España. O que yo maté a Kennedy, ya puestos, pero no me gusta. Hay gente a la que no le gusta Wagner, o Schönberg, o el barroco y nadie les acusa de nada, así que no veo por qué no me puede pasar lo mismo a mí con la zarzuela. Tampoco me gusta la opereta, ni los musicales, aunque de los tres géneros se puedan extraer fragmentos que sí me gusten.

No entiendo qué pinta una zarzuela en un abono de ópera, como tampoco entiendo por qué nos han colado un concierto sinfónico y un ballet. Y en el concierto sinfónico pienso disfrutar como un enano, pero creo yo que un abono de ópera es para ópera y no para otros espectáculos, que pueden estar muy bien y son muy respetables, pero no son ópera. Si en otros teatros era costumbre colar ballets en abonos de ópera y han dejado de hacerlo, no veo por qué Helga se destapa ahora con esto. Y encima en la tercera temporada, tras otras dos sin ballet, sin conciertos y con una zarzuela que está bordeando la ópera (La Bruja, también de Chapí), lo cual no significa que su inclusión en el programa no chirriara.

Ahora relajémonos, respiremos pausadamente.

Ommmmmmm. ¿Ya? Pues contínuemos.

Bueno, como os podéis imaginar iba con más bien pocas esperanzas y tras el primer acto casi puedo decir que vi confirmadas mis expectativas. Luego la cosa mejoró y al final los amigos levantiscos acabamos pasando un buen rato, aunque la práctica ausencia de comentarios acerca de la función en el entreacto y tras la misma es sintomática. Teníamos la cabeza más puesta en los anillos wagnerianos de junio y en el próximo Faust, que promete ser verdaderamente infernal, que en lo que se ofrecía en el Palau de les Arts.

Sobre la producción, la orquesta y el coro os remito a la crónica que hizo Atticus de la función del pasado día 11 de enero, que se puede aplicar perfectamente a la de ayer. Los únicos cambios respecto a ese día fueron los dos protagonistas, que paso a comentar. Pablo Martín Reyes en el papel del rey estuvo correcto, aunque sus medios no son nada del otro jueves. No tiene una voz muy grande y a veces costaba entenderle porque estaba tapado, excepto en los agudos que sí eran audibles aunque le sonaron un poco forzados. Su timbre no es demasiado agradable y en su romanza del tercer acto, el único momento exigente de su partitura, apianó la nota final, lo cual se agradece porque aporta algo de variedad al canto pero la verdad es que le quedó regulero. Elena de la Merced estuvo mucho mejor en un papel que no le supuso ninguna dificultad. Tampoco es la suya una voz especialmente grande, pero le bastó y le sobró para lo que tenía que cantar.

Es destacable la presencia de los hermanos Vicenç y Manel Esteve en los papeles de Jeremías y el general respectivamente. Vicenç estuvo muy bien en el rapidísimo racconto, y tanto por volumen como por timbre destacó por encima de Pablo Martín Reyes en los números de conjunto. Manel, de quien pude presenciar su debut como Tonio en un montaje de Pagliacci que se hizo hace unos años en Castellón y de quien guardo un grato recuerdo (de él, el resto del reparto era malo, malo) apenas tuvo oportunidad de demostrar lo que es capaz de hacer en un papel extenso pero poco agradecido. A ver si Helga le da una oportunidad.

Por cierto, si el Palau quería demostrar su apoyo a la zarzuela, un programa de mano en condiciones hubiese sido una buena forma de hacerlo. Ni una sola foto, ni un comentario, sólamente una sinopsis argumental (ni siquiera dividida en actos) y un estremecedor espacio en blanco para publicidad que nos augura años de vacas flacas.