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miércoles, 8 de febrero de 2012

Peter Seiffert canta Otello

Haciendo una comparación con la prensa diaria, podría decir que de la actualidad operística sólo leo los titulares. Me entero, a través de blogs principalmente, de lo que pasa en el Real y el Liceu, y algunas veces de si el cantante X está triunfando en el Met o si el cantante Y fue abucheado en la Scala, pero poco más. Me da mucha pereza escuchar la mayoría de las grabaciones que se cuelgan por ahí, prefiero buscarme grabaciones referenciales, aunque sean de hace décadas, y así asegurarme la calidad de lo que escucho. Aun así, de vez en cuando hay algo que despierta mi curiosidad, como es el caso de estos vídeos que os traigo hoy.

El pasado mes de junio tuvimos ocasión de ver al tenor alemán Peter Seiffert cantando el papel de Florestán en el Fidelio de Les Arts. Es un cantante por el que siento una gran simpatía y admiración, y al que tengo especial cariño por varias razones, que van desde que es el intérprete que más me gusta cantando "mi" aria Se all'impero, amici Dei hasta que fue el tenor que cantó en el estreno del Palau de les Arts y el Siegmund del anillo furero. Pues bien, poco después, en octubre, tenía previsto debutar el papel de Otello (el de Verdi) en Zurich, aunque una bronquitis le impidió hacerlo y en su lugar cantó, por decir algo, José Cura. No sé si llegó a cantar en alguna de las funciones, pero sí sé que posteriormente, en enero de este mismo año, tuvo otra oportuinidad de enfrentarse con el terrible papel verdiano en la Wiener Staatsoper, y de esa ocasión sí tenemos registros.

Seiffert afronta el reto de encarnar al moro de Venecia a los 58 años, tras una larga carrera cantando papeles temibles de heldentenor wagneriano con una voz más lírica que heróica, por lo que es comprensible que su interpretación carezca de la vitalidad y la garra que otros intérpretes más jóvenes o con voces de mayor fuste han sabido darle al papel. Pero a pesar del desgaste de la voz (que tampoco es la de un cantante acabado, ni mucho menos: en directo, sólo el vibrato delata su edad) y de ciertas vacilaciones o desajustes, me ha parecido la suya una buena interpretación, que va más allá del simple capricho de incorporar a su repertorio un rol mítico antes de retirarse. Frente a otros intérpretes provenientes del ámbito germánico, sorprende su aceptable dicción y su adecuación estilística. En el cómputo global, no creo que haya muchas más opciones hoy en día para escuchar un buen Otello, con dificultades en las partes de bravura, sí, pero también con matices y detalles de calidad en los pasajes más líricos, así que mi valoración sube por la exclusividad que supone. Sólo lamento que haya tardado tanto en dar este paso, pues se nota que es un papel del que puede sacar más partido con la práctica, pero las mejoras que logre en su interpretación irán unidas al deterioro de la voz debido a la edad del que nadie puede escapar, así que nunca sabremos cómo sería su Otello si hubiese llegado a madurar el papel en su período de mayor esplendor vocal.

Veamos los siguientes vídeos, en los que le acompañan Krasimira Stoyanova como Desdemona y Franz Grundheber como Jago, dirigidos por Dan Ettinger. Fueron grabados en la función del pasado 18 de enero de 2012.

Già nella notte densa


Ora e per sempre, addio - Sì, pel ciel marmoreo giuro!


Niun mi tema

Vídeos de dolchev

domingo, 12 de junio de 2011

Fidelio vuelve a Les Arts


Fidelio es una ópera a la que tengo mucho cariño desde siempre. Ese cariño incrementó cuando fue la elegida para inaugurar el Palau de les Arts en el 2005, con una serie de funciones que alcanzaron un nivel elevadísimo. Ahora, seis años después, Fidelio vuelve a Les Arts y aunque mi cariño hacia este título sigue siendo el mismo o mayor, hay que analizar los cambios que ha sufrido el reparto, a priori de inferior categoría, para ver si el nivel se ha mantenido.

Para empezar, si en la inauguración del Palau todos quedamos sorprendidos con la excepcional calidad de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat Valenciana, ayer demostraron que en estos años esa calidad no ha hecho más que ir en aumento. Pocos pueden dudar de que estas formaciones, hoy por hoy, estén al nivel de otras de mucho más renombre y de mayor tradición en el continente europeo. Y seguramente, quienes lo duden tendrán motivos que poco tienen que ver con lo musical. Desgraciadamente, ya se oyen voces que anuncian la marcha de parte de los miembros de la orquesta debido a la mala gestión de la misma. Ojalá no sea así, porque uno de los principales motivos para acudir a Les Arts cada vez que se programa una ópera, aunque sea un título poco interesante y el reparto sea mediocre, es la calidad asegurada de sus cuerpos estables.

Zubin Mehta volvió a demostrar que le tiene cogido el pulso a Fidelio y a la orquesta. Se le suele acusar de ser un director superficial, efectista y de abusar del volumen orquestal sin tener en cuenta a los cantantes, pero ayer, tal y como pasó hace seis años, no hubo nada de eso. La música de Beethoven sonó a Beethoven del bueno, del de la vieja escuela, con tensión de principio a fin, sin desparrames ni explosiones orquestales de dudoso gusto. Salvo en desajustes puntuales durante la obertura de la ópera, la orquesta respondió a sus exigencias con precisión y con un sonido espectacular. Como ya se ha comentado en blogs, foros y prensa, la obertura Leonora III que se interpreta en el segundo acto es el mejor momento de la noche y unos de los mejores de la corta historia de Les Arts. Ya lo fue en el Fidelio del 2005 y lo vuelve a ser ahora, quizás con un sonido aún más depurado.

Como ya hemos dicho, el handicap de este Fidelio está en su reparto, menos atractivo que el del 2005. Ni Jennifer Wilson es Waltraud Meier, ni Stephen Milling es Matti Salminen. Peter Seiffert sí que es Peter Seiffert, pero con seis años más a cuestas, y además seis años en los que ha cantado Tristan, Tannhäuser, Parsifal... Vamos a ver cómo resultaron estos cambios respecto al Fidelio que muchos teníamos idealizado en nuestra memoria.


Empezaremos por el único que repetía, Peter Seiffert. Sorprendentemente, lo encontré mejor incluso que en su Florestan de hace seis años, con un vibrato ancho presente pero menos pronunciado que en aquella ocasión. Demostró que sigue siendo la referencia actual en este papel, con una línea de canto esculpida con clase, llena de detalles y de gran intensidad dramática. Su voz sigue sonando joven por timbre, homogeneidad y potencia, a pesar del ya mencionado vibrato. Es un tenor que me gusta mucho y ayer volvió a darme motivos para seguir teniéndolo entre mis preferidos.

Sin embargo, Jennifer Wilson, que tenía por delante el difícil reto de competir contra el recuerdo de Waltraud Meier, no sólo no consiguió hacer que nos olvidáramos de la alemana, sino que ni tan siquiera sacó adelante el papel de forma satisfactoria. Yo, que quedé encantado con su Brünnhilde en el Anillo de la Fura (por fin una Brünnhilde que cantaba y no gritaba), que la defendí frente a quienes la encontraban fría (aún hoy sigo diciendo que de eso nada), llegué a Les Arts predispuesto a disfrutar con su actuación a pesar de posibles defectos, pero lo cierto es que salí muy decepcionado. Aunque empezó bien, imponiéndose en el canon del primer acto por sus innegables cualidades vocales, fracasó en su aria al atragantársele las agilidades. Aparte del hecho mismo de no superar esta dificultad, el esfuerzo que realizó intentándolo hizo que llegara al agudo a trompicones y pasó lo que tenía que pasar, lo resolvió gritando. No me lo podía creer, alguien capaz de cantar todas las notas de las tres jornadas del Anillo (repito: cantar) estaba gritando. ¡Qué decepción! En el entreacto pensé que quizá en su dúo con Florestan, por el tipo de escritura más "wagneriana", se encontraría más cómoda y así fue, lo cantó correctamente, pero sus intervenciones previas a ese dúo volvieron a estar llenas de gritos y agilidades mal resueltas. Dramáticamente, quienes la encontraron fría en el Anillo la volverán a encontrar fría aquí, pero qué queréis que os diga, yo no busco calidez en la ópera, lo que busco es canto de calidad. Como Brünnhilde lo ofreció y sigo recordándola con admiración. Como Leonore no, y de ahí y sólo de ahí que me llevase una decepción. No es este un papel que se adapte a sus medios y debería plantearse retirarlo y centrarse en aquellos que más le convienen.


Stephen Milling no nos hizo olvidar a Salminen pero tampoco nos hizo añorarlo. Simplemente, nos ofreció otra concepción de Rocco, más humana, menos imponente. A su voz, de gran calidad y calidez, se une un cuidado en la línea de canto y una atención al detalle que hizo que el conjunto de su actuación resultase modélico. Estuvo al nivel de su Gurnemanz, aunque el papel de Rocco tenga menos miga en comparación.

Yevgueni Nikitin era el único que partía con ventaja, pues en el Fidelio del 2005 el papel de Don Pizarro fue cantado de forma deficiente por Juha Uusitalo (posteriormente, su Wotan estuvo mucho mejor). Pues, aunque su voz es mucho más atractiva y tiene más volumen que la del finlandés, lo cierto es que en la primera de sus intervenciones anduvo más perdido que Andy y Lucas en una biblioteca y luego no supo levantar el papel. Qué lástima, dos Pizarros en la historia de Les Arts y dos fiascos.

Bien sin más estuvo Sandra Trattnigg como Marzelline, con unos medios vocales más bien limitados y mejor Karl-Michael Ebner como Jaquino, de quien podría decirse lo mismo. De los dos prisioneros que cantan durante el coro del primer acto, mejor el tenor Javier Agulló que el bajo Mika Kares.

Por último, me alegré de poder escuchar al veterano Robert Lloyd en el brevísimo papel de Don Fernando. La verdad es que me lo esperaba con la voz en peores condidiones y lo encontré bien, muy entero y haciendo gala de su gran carisma sobre las tablas. No creo que esté para cantar mucho más, pero como Don Fernando es todo un lujo su presencia.

Sobre la puesta en escena de Pier'Alli, he de decir que, o bien ha cambiado en muchos aspectos desde su estreno, o bien yo la recordaba como menos lograda, porque lo cierto es que me volvió a gustar y yo creía que esta vez no lo iba a conseguir. Estéticamente es muy atractiva, pero yo la recordaba como estática y ajena a la dirección de actores. y sí, hay estatismo (epecialmente en el coro del segundo acto), hay cantantes plantados en la boca del escenario cantando su aria sin moverse, pero también hay aciertos, como la iluminación o las proyecciones y en conjunto no está nada mal.

miércoles, 29 de julio de 2009

Se all'impero, amici Dei

Hace unos años, cuando empecé a interesarme por la ópera, tenía la sensación de estar metiéndome en un mundo que me superaba por completo, lleno de conceptos que se me escapaban. En la adquisición de los parámetros mínimos que me sirvieron de guía en este complicado entorno tuvo un papel muy importante internet, concretamente los foros, entonces aún no había blogs. Tras meses leyendo un foro por fin me atreví a escribir para exponer una duda, aunque ya ni recuerdo lo que pregunté. Menciono esto porque fue entonces cuando me ví en la obligación de escoger un nick y elegí Tito, que poco después cambié por Titus, que suena más imperial y no lleva a confusión con el dictador yugoslavo.

¿Por qué Titus? Como he dicho, estaba empezando a escuchar ópera y, todavía sin un criterio formado, escuchaba cualquier cosa que cayese en mis manos. En un período relativamente corto de tiempo la casualidad hizo que escuchase dos versiones de La Clemenza di Tito, una ópera mozartiana relativamente poco frecuente y que muchos consideran aburrida y anacrónica. A mí en las dos ocasiones me pareció que estaba cargada de belleza y de elegancia, así que empecé a encariñarme con ella, con esa simpatía que sentimos hacia los más débiles. Pensé entonces que ir en contra de la opinión generalizada era el primer síntoma de que me estaba forjando mi propia opinión, así que si debía elegir un nick sería ese.

Jonas Kaufmann (Tito) y Vesselina Kasarova (Annio), Zurich 2005

Mozart siempre componía sus óperas teniendo en cuenta las características vocales de los cantantes que las iban a estrenar. El papel de Tito en La Clemenza fue compuesto para Antonio Baglioni, para quien ya había compuesto el papel de Don Ottavio en Don Giovanni. Según podemos deducir de sus arias en ambas óperas y según nos cuentan las crónicas de la época, se trataba de un tenor corto de agudos pero con un fiato portentoso y facilidad para la coloratura. Las dos arias en las que Mozart exprimió al máximo las cualidades de Baglioni fueron Il mio tesoro en Don Giovanni y la que hoy nos ocupa, Se all'impero, amici Dei, de La Clemenza di Tito.

Vamos a escuchar esta complicadísima aria en la voz de varios tenores, todos ellos en activo, aunque no todos mantengan el rol en su repertorio. Algunos sufren muchísimo en la coloratura, otros tienen una voz demasiado endeble para representar a un emperador, otros, como Bruce Ford, tienen la voz y la técnica adecuadas pero han tenido épocas mejores. Hay dos versiones que se me hacen muy cuesta arriba. Quizá la sorpresa agradable sea la última de las opciones, Peter Seiffert, actualmente metido a heldentenor, que la cantaba así de bien en 1992. Tomadlo con calma y que lo disfrutéis.

Mark Padmore

Vídeo de hillevifan

Bruce Ford

Vídeo de SDCmorg

Jonas Kaufmann

Vídeo de rexeterna

Michael Schade

Vídeo de SDCmorg

Rainer Trost

Vídeo de hillevifan

Giuseppe Filianoti

Vídeo de CucciolonaAmorosa

Peter Seiffert

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