Posiblemente hayáis notado que mi ritmo de publicación, ya pausado de por sí, ha decaído aún más en las últimas semanas, y posiblemente ya sepáis que se debe a que la familia imperial se ha ampliado con la llegada de un nuevo miembro, lo cual me llena de orgullo y satisfacción. No esperéis que esto vaya a acelerarse en los próximos meses, la verdad es que hoy por hoy no apostaría un euro por la supervivencia de este blog. Y es que, parafraseando a Oscar Wilde, cuando el cambio de pañales entra por la puerta, la música salta por la ventana, y a veces me encuentro sentado delante del teclado pensando ¿y ahora sobre qué escribo yo, si en la última semana no sólo no he ido a ninguna ópera ni a ningún concierto, sino que apenas he podido escuchar un CD entero?
Pero bueno, no nos pongamos dramáticos, que esto había empezado con una gran noticia y vamos a seguir por ese camino, escuchando una nana, que es lo más adecuado para un bebé. Y ese bebé, dicho sea de paso, llegó al mundo el mismo día en que nos dejó una soprano que le gusta mucho a su padre, Galina Vishnevskaya, insuperable en repertorio ruso. A riesgo de que el conjunto de la entrada quede un poco "unos que vienen y otros que se van, la vida sigue igual", escucharemos a Vishnevskaya cantando la nana de María, de la ópera Mazeppa de Chaikovski.
Vídeo de ManricoV
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martes, 18 de diciembre de 2012
domingo, 23 de enero de 2011
Yevgueni Oneguin en Les Arts

Ayer tuvo lugar el estreno de la ópera Yevgueni Oneguin de Piotr Chaikovski en el Palau de les Arts. Debido al poco tiempo del que dispongo últimamente no había podido preocuparme en averiguar nada sobre los intérpretes, todos ellos nuevos para mí, incluyendo al nuevo director titular de la orquesta de Les Arts, Omer Meir Wellber y excluyendo al tenor Dmitri Korchak, a quien ya conocía y de quien esperaba un buen rendimiento.
Empecemos por la labor de Omer Meir Wellber al frente de la orquesta. Tras haber obtenido un éxito considerable con Aida, algo que no pude constatar pues la única función a la que asistí estuvo dirigida por Lorin Maazel, Wellber se enfrentaba a una de las obras cumbres del repertorio ruso que, según dicen, es una de sus especialidades. Lo primero que noté, corroborando lo que muchos comentaron después de su Aida, es que su gestualización es excesiva. Supongo que debido a ello la orquesta responde pasándose de rosca y perdiendo así la capacidad de matizar adecuadamente. Aún así, hay que reconocer que su dirección nunca cayó en la desidia y que el sonido de la orquesta fue tan bello como acostumbra a ser, con esas cuerdas elásticas y esos metales tan precisos. También el coro estuvo tan bien como acostumbra. En lo negativo, algunas veces a Wellber se le descuadraron las voces y la orquesta ligeramente y, sobre todo, la gran polonesa del tercer acto acabó convertida en un batiburrillo informe en la que cada sección de la orquesta parecía ir por libre. Creo que estos detalles negativos pueden ir puliéndose en las próximas funciones y que Wellber, un director prometedor, puede evolucionar a mejor a medida que vaya dominando su gestualidad y que la orquesta se vaya acostumbrando a sus peculiaridades.


En las voces, dominadas por una corrección que no va más allá de lo mínimamente admisible, destacaron los papeles masculinos por encima de los femeninos. Artur Rucinski interpretó el papel principal con un exceso de frialdad en lo actoral y un canto tirando a lo monocorde, sin embargo su voz es de calidad, bella y potente, y eso le permitió salir bien parado. Mucho mejor estuvo Dmitri Korchak como Lenski, superando mis expectativas, con un Kuda, kuda cargado de expresividad y cantado con gran elegancia, haciendo gala de una rica paleta de matices. También gustó mucho al público el Príncipe Gremin de Günther Groissböck, un bajo con una hermosa voz y unos buenos graves. El único cantante masculino que me pareció estar por debajo de lo correcto fue Emilio Sánchez, con un deficiente Triquet al que, desde luego, no ayudaba nada la excesiva ridiculización a la que le somete la puesta en escena.


En las mujeres, correctas sin más Lena Belkina como Olga, Margarita Nekrasova como Filíppievna, Helene Schneiderman como Lárina y, desgraciadamente, también Irina Mataeva como Tatiana. En los casos de las tres primeras, la brevedad de sus papeles hace que la simple corrección sea suficiente, pero el papel de Tatiana pide algo más que simplemente dar las notas y ese algo más fue lo que faltó ayer. No hizo nada mal, desde luego, no desafinó ni fue tapada por la orquesta, no se inventó notas ni evitó los momentos más comprometidos, pero su canto no me transmitió todo lo que yo espero que me transmita una Tatiana.
Y por último, la puesta en escena a cargo de Mariusz Trelinski, procedente del Teatr Wielki (Opera Narodowa) de Varsovia. En el primer acto quedó claro que su intención era la misma que en su Madama Butterfly de la pasada temporada: que la escena reflejase no tanto lugares sino estados de ánimo o sentimientos pertenecientes a la psicología de los personajes, y esto se consigue mediante repentinos cambios de color en la iluminación, juegos de sombras o la presencia de elementos escénicos recurrentes como los árboles o las manzanas que aparecen en el primer acto y vuelven a aparecer, rodando por el escenario al final de la ópera. Pues bien, lo que en Madama Butterfly funcionó a la perfección, ayer se me atragantó por diversas razones. La primera, el recurso a un personaje interpretado por un mimo que hace la función de alter ego de Oneguin y cuya presencia acaba resultando cansina e innecesaria, pues no hace sino recalcar obviedades que ya quedan bien definidas por la música de Chaikovski. Si a eso le añadimos que Trelinski, seguramente desconocedor de la cultura española, le hace caminar como a Chiquito de la Calzada, el resultado final es negativo. Otra razón del fiasco es la falta de coherencia de la propuesta, pues a un primer acto minimalista y elegante le sigue una escena de la fiesta en casa de Lárina con un recurso al feísmo (esas lámparas verdes, ese fondo morado) que llega al ridículo cuando aparece Triquet convertido en una especie de Pumuky vestido con una levita rosa y acompañado por tres querubines en tanga y una especie de bulbo gigante rosa del que sale una bailarina. Desde luego que la escena de Triquet es una horterada, pero si Chaikovski fue capaz de plasmar lo hortera del personaje sin caer en el ridículo, ¿no sería más acertado intentar hacer lo mismo? Tras esto, regresó el minimalismo en una elegante y sobria escena del duelo para depués volver a caer en lo feo y en lo exagerado en el tercer acto. La fiesta en casa del Príncipe Gremin se abre con una especie de desfile de muertos vivientes al ritmo de la polonesa, que no parece lo más indicado y desde luego no lo es. La ambientación también se las trae: suelo ajedrezado plagado de luces rojas, una gran flecha desdendente de color rojo al fondo del escenario y Tatiana convertida en una especie de femme fatale que no le pega ni al personaje ni a la pobre Irina Mataeva, que hizo lo que pudo. Y por último, algo que tampoco me gustó fue la colocación de una pasarela por delante del foso orquestal en la que tienen lugar algunas de las escenas de más tensión, como la discusión entre Lenski y Oneguin o el dúo final. Y es que más allá de lo estético que pueda resultar acercar a los intérpretes al público, los cantantes necesitan una caja escénica para que su voz se proyecte de forma adecuada por la sala y cada vez es más frecuente que los directores de escena no tengan esto en cuenta, haciéndolos cantar desde posiciones que no les favorecen.
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miércoles, 19 de enero de 2011
Renata Tebaldi, una Tatiana inusual

Se acerca el estreno de Eugene Onegin en el Palau de les Arts y para prepararnos vamos a escuchar la famosa escena de la carta interpretada de forma magistral por Renata Tebaldi. No es Tebaldi una soprano que se suela identificar con el papel de Tatiana, pero lo cierto es que lo incorporó a su repertorio y lo interpretó, siempre en italiano, en unas cuantas funciones en la Scala, obteniendo un éxito merecidísimo, a juzgar por lo que se escucha en estos vídeos. Desgraciadamente, no hay grabación de estas interpretaciones scalígeras, pero sí se conserva esta escena de la carta, perteneciente a una gala celebrada en la Ópera de Chicago en 1956 en la que junto a Renata Tebaldi participaron Giulietta Simionato y Ettore Bastianini, dirigidos por Georg Solti.
Vídeos de MARISOLDELMONACO
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sábado, 30 de octubre de 2010
La vida de Chaikovski según los Monty Python

Me encuentro actualmente inmerso en la revisión de las cuatro temporadas de la serie Monty Python's Flying Circus, emitida en la BBC entre 1969 y 1974. Anoche, viendo el segundo episodio de la tercera temporada, me encontré con esto. La interpretación del concierto para piano del final, a cargo de Sviatoslav Richter, es impagable.
dandelion1967
martes, 9 de marzo de 2010
Ilija Jossifov canta Kuda, kuda

Como ya sabéis si seguís habitualmente el blog, he ido dedicando desde hace tiempo una serie de entradas a varios tenores rusos de mediados del siglo XX, y en todas ellas una audición obligatoria era Kuda, kuda, el aria de Lensky de la ópera Eugen Onegin de Chaikovski. La escuchamos en su día cantada por Lemeshev, por Vinogradov, por Kozlovski y ahora la vamos a escuchar en la voz de Ilija Jossifov, un tenor búlgaro contemporáneo de los anteriores, aunque menos conocido.
Ilija Jossifov (1912-1993) estudió violín de pequeño, aunque más tarde abandonó los estudios musicales y acabó licenciándose en derecho. Sin embargo, su bella voz le hizo ganarse un lugar destacado como tenor, primero cantando opereta y posteriormente como primer tenor de la Ópera Nacional de Sofía. También cantó en otros muchos teatros, entre ellos la Staatsoper de Viena y el teatro Kirov, donde su Lensky fue muy apreciado. Tras su retirada de los escenarios se dedicó a dar clases de canto en los conservatorios de Sofía, Leningrado y Riga, contando entre sus alumnos a la soprano Raina Kabaivanska.
Escuchemos su Kuda, kuda.
Vídeo de amlirco
En ESTA PÁGINA podéis escuchar una grabación de la ópera Faust de Gounod cantada en búlgaro con Jossifov en el papel titular. Como Mephistopheles, un jóven Nikolai Ghiaurov.
viernes, 15 de enero de 2010
Iván Kozlovski, excesivo e inigualable

Hace unos días hablamos del compositor Józef Kozlowski y eso me hizo pensar en otro Kozlovski, más conocido que el primero aunque menos de lo que se merece. Me refiero al tenor Iván Kozlovski, una de las mayores glorias del canto de la época soviética. Casualmente, hace justo un año que dediqué una entrada al que fue su rival durante muchos años en el Bolshoi, Sergei Lemeshev.
Iván Semiónovich Kozlovski (1900-1993) nació en Bila Tserkva (hoy Ucrania, entonces parte del Imperio Ruso) y empezó a cantar a los siete años en el coro del Monasterio de San Miguel. Estudió arte dramático, piano y canto en Kiev y pronto empezó a cantar en coros de forma profesional junto a su hermano Fedir, una actividad que tuvo que interrumpir durante la Revolución Rusa. Tras el cambio de régimen, sus cualidades excepcionales para el canto le valieron su ingreso en el cuerpo de ingenieros del ejército, concretamente en la banda de música de tal agrupación, de la que fue cantante solista.
En 1920 debutó sobre el escenario cantando Faust en la ópera de Poltava. Tras unos años cantando en teatros de provincias, en 1926 es contratado como primera figura del teatro Bolshoi, donde cantará ininterrumpidamente hasta 1954. Durante estos años se fragua su rivalidad con el otro gran tenor de la época, Sergei Lemeshev, con quien compartía algunas características vocales y casi todo el repertorio, pero difería en estilo y personalidad (Kozlovski era expansivo, excéntrico, exhibicionista, excesivo y muchas otras cosas que empiezan por -ex, mientras que Lemeshev era introvertido, moderado y poco dado a la pirotecnia vocal que tanto gustaba a Kozlovski; podríamos decir que Kozlovski era un cantante dionisíaco y Lemeshev un cantante apolíneo, pero no lo diremos porque queda muy pedante; ups, demasiado tarde, ya lo he dicho). Lo cierto es que Kozlovski llegó al Bolshoi seis años antes de que lo hiciera Lemeshev y además lo hizo de la mano de Leonid Sobinov, el más importante tenor ruso por aquel entonces, de forma que entró por la puerta grande y tuvo unos años de reinado indiscutido hasta la llegada de su rival.
Aunque las preferencias de los aficionados y los corazones de las fans adolescentes estaban divididos entre estos dos grandes tenores, Kozlovski contaba con un seguidor que inclinaba la balanza sensiblemente a su favor: Iósif Stalin. El dictador disfrutaba tanto escuchando su voz que llegaba a llamarle en mitad de la noche para que fuera al Kremlin a cantar para él. Stalin concedió a Kozlovski varios caprichos, tales como numerosas grabaciones en las que era protagonista absoluto, una compañía propia de ópera y el premio Artista del Pueblo de la URSS, pero nunca le permitió viajar a occidente, pues tenía miedo de que se fugase, tal y como había hecho su hermano Fedir tras la revolución (a modo de anécdota diremos que, estando en el exilio, Fedir fue ordenado sacerdote por la iglesia ortodoxa ucraniana y posteriormente se fue a vivir a Nueva York).
Iván Kozlovski cantó ópera de forma regular hasta 1970 y después siguió cantando en conciertos y recitales hasta 1989, cuando se retiró definitivamente. Recordemos que había nacido en 1900, así que se retiró a los 89 años de edad, poniéndole a Plácido Domingo el listón a una altura que sólo el tiempo nos dirá si puede superar. Esto último es broma, ¿eh? O no, quien sabe.
Tras este rollazo que os acabo de soltar, vamos con la parte realmente interesante, las escuchas. Iván Kozlovski es uno de los últimos representantes de la escuela de canto rusa, heredera de los maestros italianos que se trasladaron a la Corte Imperial de San Petersburgo durante la época de los zares. Su estilo, por tanto, está emparentado con el de los cantantes anteriores a Caruso o con el de aquellos que no siguieron la senda iniciada por éste, como Schipa. Es un estilo que prácticamente ha desaparecido, por lo que puede que a muchos les suene antiguo y desfasado, pero lo cierto es que en determinados aspectos como el cuidado en el fraseo, la variedad dinámica y la perfección técnica es plenamente disfrutable y no podemos más que lamentar su extinción.
En cuanto a la voz, clara y brillante (en exceso según los estándares post-carusianos, que prefieren la oscuridad en el centro del registro), es destacable la facilidad con la que subía al agudo hasta alcanzar notas casi sobrehumanas. Una vez alcanzadas, Kozlovski solía mantenerlas en un alarde de fiato, haciendo caso omiso de la duración escrita en la partitura, todo ello con una seguridad pasmosa. En muchas ocasiones tales exhibiciones rayaban el mal gusto, cuando no caían plenamente en él, pero aún así, ¡qué voz! ¡Y qué técnica!
Escuchamos una de estas grabaciones de dudoso gusto: Ecco ridente in cielo (Il Barbiere di Siviglia, Rossini), grabada en 1943, con unas alocadas cadenzas inventadas para la ocasión en las que va desde el agudo más extremo hasta graves más propios de la cuerda de barítono.
Vídeo de IHATEWINDOWS
Pero también era capaz de cantar sin perder los papeles y sin dejarse llevar por las ganas de lucirse. Como ejemplo, una estremecedora versión de El mariscal de campo, perteneciente al ciclo Canciones y danzas de la muerte de Modest Músorgski.
Vídeo de gnativerson
De entre todos los papeles que cantó Iván Kozlovski en su larga carrera hay tres en los que destacó especialmente y que marcaron la forma en la que esta se desarrolló. El primero de ellos es el del poeta Lensky en la ópera Eugene Onegin de Chaikovski. No llega a ser tan mágico como el de Lemeshev, pero por poco. Os dejo un vídeo en el que podemos verle cantando la célebre aria Kuda, kuda (aviso: el aria empieza en el minuto 1:00 del vídeo).
Vídeo de modelier1
Otro papel que interpretó en numerosas ocasiones es el de Lohengrin (cantado en ruso, como era habitual que se hiciera con las óperas extranjeras). Su voz brillante y su figura alta y estilizada le convertían en un intérprete ideal para el caballero del cisne. Para dar muestra de su longevidad, vamos a escuchar dos versiones del racconto de Lohengrin, el conocido In Fernem Land, la primera de 1937 y la segunda de 1973, posterior a su retirada de los escenarios. Sirvan ambas también como homenaje al blog In Fernem Land y a su alma mater, el amigo Joaquim, que está pasando por un momento doloroso y al que mando un abrazo desde estas líneas.
Vídeo de musique0308
Vídeo de gnativerson
Y por último, el papel en el que más destacó Iván Kozlovski, en el que alcanzó las cotas artísticas más elevadas y en el que, ahora sí, podemos decir que se convirtió en un referente inalcanzado en la historia de la ópera. Con apenas diez minutos de canto en medio de una ópera de grandes dimensiones, Kozlovski se convertía en el protagonista absoluto cada vez que cantaba el papel del idiota (iurodivi) en la ópera Boris Godunov de Modest Músorgski. Lo vamos a ver, y con esto os dejo por hoy, junto al también excelente Boris de Alexander Pirogov.
Vídeo de operacompartida
domingo, 20 de septiembre de 2009
Georgi Vinogradov, la voz que cantaba a los soldados

Tengo un disco, uno de mis favoritos, editado por Pearl llamado Tenors of the Bolshoi en el que se recopilan diversas arias y canciones cantadas por cuatro grandes tenores que desarrollaron sus carreras en la extinta URSS y que estuvieron en activo durante la II Guerra Mundial. Los cuatro tenores en cuestión son Ivan Kozlovski, Georgi Vinogradov, Sergei Lemeshev y Georgi Nelepp. Tres de ellos caben perfectamente en la categoría que da nombre al disco, tenores del Bolshoi, pues fue en el teatro moscovita donde triunfaron durante décadas. Sin embargo, hay uno, Georgi Vinogradov, que no encaja bien, pues nunca formó parte de ningún reparto en el Bolshoi. De hecho, nunca formó parte de ningún reparto en ningún teatro, sus incursiones operísticas fueron siempre en estudios radiofónicos. Al parecer, su voz era ideal para ser captada por micrófono (algo que, debido a la precaria tecnología, no ocurría con todas las voces) pero muchos de quienes lo oyeron cantar en vivo expresaron sus dudas de que pudiese superar el muro orquestal en un teatro. Recordemos que ya vimos un caso de tenor que triunfó en la radio y no sobre las tablas cuando hablamos de Joseph Schmidt.
Georgi Pavlovich Vinogradov, nacido en Kazán en 1908 y formado en el coro de la iglesia y posteriormente en el conservatorio (aunque como viloinista, no como cantante) empezó a cantar en recitales como amateur mientras estudiaba en la Academia Militar de Comunicaciones. No debió irle mal, pues pronto fue llamado para cantar en la radio y dejó la Academia en 1936, seis meses antes de graduarse, para dedicarse de lleno al canto. Tras grabar varios discos de música ligera y convertirse en un cantante de éxito, Vinogradov fue llamado a filas en 1941, en plena II Guerra Mundial. Sólo llevó uniforme los primeros días, pues pronto se le destinó a la unidad del ejército encargada de entretener y animar a las tropas en el frente. Vinogradov, junto con otros solistas y la orquesta de su unidad, permanecieron en Leningrado durante el larguísimo asedio alemán, actuando en más de cien ocasiones .
En 1951, tras haber sido durante una década considerado la voz de Rusia y haber obtenido multitud de éxitos al frente del Ensemble Alexandrov y del Coro del Ejército Rojo, Vinogradov cayó en desgracia con las autoridades soviéticas y su carrera acabó fulminantemente. Diferentes versiones nos hablan de una pelea de taberna con unos oficiales polacos como origen de su desgracia o simplemente de que su éxito empezó a desbordar lo que las autoridades consideraban inofensivo y decidieron atajar el problema de raíz. Sea una cosa o la otra, lo cierto es que Vinogradov nunca volvió a cantar, a pesar de estar en plena posesión de sus facultades canoras. Falleció en 1980, tras tres décadas de silencio.
Por encima de sus interpretaciones operísticas, Vinogradov era conocido durante la II Guerra Mundial por las canciones que interpretaba para las tropas, muchas compuestas para la ocasión, como la que vamos a escuchar a continuación. Solovi (ruiseñores) se hizo muy famosa entre las tropas rusas durante la contienda. En la canción se pide a los ruiseñores que permanezcan callados para dejar dormir a los soldados en la víspera de la batalla. Aunque existen versiones grabadas con posterioridad con mejor calidad de sonido he elegido esta, cantada a dúo por Georgi Vinogradov y el barítono Vladimir Bunchikov, por ser la versión que se radiaba durante la guerra.
Vídeo de SmilingPessimist
Más conocida es la canción En el bosque, junto al frente, un clásico de los coros rusos.
Vídeo de seigneursaladin88
Pasando ya a la ópera, vamos a escuchar la magnífica interpretación que hace Vinogradov del aria de Gritzko de la obra La feria de Soróchinsk de Músorgski.
Vídeo de musique0308
Escuchemos ahora un aria de la ópera El demonio de Antón Rubinstein.
Vídeo de musique0308
Y acabamos con la piedra de toque de los tenores rusos, el aria de Lensky de la ópera Eugen Onegin de Chaikovski.
Vídeo de musique0308
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jueves, 15 de enero de 2009
Sergei Lemeshev, la melancolía hecha canto
Hace meses dediqué una entrada al tenor ruso Sergei Lemeshev. Fue una entrada sin palabras, porque así es como me quedé tras escuchar los tres vídeos que enlacé. Sin embargo, mi entusiasmo hacia Lemeshev parece que no fue demasiado contagioso, pues en los comentarios a la entrada hubo tanto alabanzas como reproches. Estos días, tras haber dedicado un tiempo junto a los amigos levantiscos a revisitar a Ivan Kozlovsky, no he podido evitar volver a traer por aquí a Lemeshev, quien mantuvo con Kozlovsky una dura rivalidad en lo profesional (al parecer en lo personal fueron amigos). A ver si esta vez hay suerte y consigo que disfrutéis de uno de los tenores de línea más depurada que han existido, algo que lo emparenta con Tito Schipa, que tanto éxito obtuvo en su entrada de hace unos días.
Sergei Lemeshev (1902-1977) nació en Staroye Knyazevo, en una familia de campesinos. Desoyendo los consejos de su padre, quien quería que fuese zapatero, el jóven Sergei empezó a cantar a la edad de 17 años. No lo haría mal cuando pasó las pruebas para una de las 25 plazas de canto que ofrecía el conservatorio de Moscú entre 500 candidatos. En 1926, tras graduarse, el teatro Bolshoi le ofreció formar parte de su plantilla, pero Lemeshev rechazó la oferta, convencido de que sólo le iban a ofrecer papeles de comprimario. En vez de eso se dedicó a cantar papeles principales en teatros de provincias (Sverdlovsk, Harbin, Tbilisi...) , alcanzando así una gran fama. En 1931, cuando regresó a Moscú, fue para cantar en el Bolshoi como primera figura, algo que continuaría haciendo ininterrumpidamente hasta 1965, alternándose siempre con Ivan Kozlovsky. Los primeros papeles que interpretó en el Bolshoi fueron el zar Berendei en La dama de las nieves, Gerald en Lakmé y Lensky en Yevgény Onégin, el papel que marcaría su carrera y su vida.
Lemeshev interpretó por primera vez al poeta Vladimir Lensky en 1927 y desde entonces lo hizo en más de 500 ocasiones, la última con motivo de su 70 cumpleaños, ya convertido en una leyenda en Rusia y tras haber superado tres infartos y la pérdida de un pulmón a causa de la tuberculosis que contrajo en 1942. La voz de Lemeshev parece hecha para cantar este papel, el que mejor se adapta a su estilo y a la melancolía inherente a su canto. Al parecer, Lemeshev llegó a penetrar tanto en el espíritu del poeta que su propia vida privada se vió afectada por la tristeza que tal personaje le aportaba. Los resultados artísticos, ni qué decir tiene, fueron excepcionales.
Lemeshev y Kozlovsky eran los ídolos de la afición en Rusia, aunque ninguno de los dos cantó nunca al otro lado del telón de acero. Ambos tenían multitud de seguidoras, un fenómeno parecido al de las modernas fans de los cantantes de moda, llamadas lemeshistki y kozlovityanki. Lemeshev llegó a construir un muro alrededor de su casa de campo para aislarse de sus fans, pero día tras día éstas hacían agujeros en el mismo con la esperanza de ver a su ídolo.
Pero pasemos a lo más interesante, su estilo y su voz. Como podréis comprobar, se trata de un tenor lírico con un timbre claro muy atractivo, especialmente adecuado para papeles sentimentales por la facilidad para transmitir esa melancolía, ese caracter soñador que mencionábamos al hablar de su Lensky. Se mueve mejor en la zona aguda, que alcanza con gran facilidad, teniendo el pasaje bien solucionado. Técnicamente, Lemeshev pertenecía a la escuela italiana, como todos los grandes cantantes rusos que le precedieron, destacando por su soberbio control del fiato, su elegante línea de canto y su capacidad para realizar adornos con gran efectividad, como Fleta, y con gran musicalidad, como Schipa.
Vamos a empezar escuchando su piedra de toque, el aria Kuda kuda, de Yevgény Onégin (Chaikovski), tal y como la cantaba en 1937.
Vídeo de younglemeshevist
Escuchemos esta misma aria en una interpretación posterior, de 1955. A pesar de haber perdido el uso de un pulmón y de tener 53 años, su prestación es impresionante, superior incluso a la de 1937 que acabamos de escuchar. Además, en este vídeo podremos comprobar sus dotes como actor.
Vídeo de Onegin65
Además de sus éxitos en el Bolshoi, Lemeshev cantó con frecuencia recitales en diversas salas de Rusia. La delicadeza de su canto y su carácter reservado hacian que se encontrase en su elemento entre las canciones de Chaikovski, Glinka, Balakirev... Escuchémosle cantando Bednij pevec (Pobre cantor), de Glinka.
Vídeo de Herur22
Una última pieza y abandonamos el repertorio ruso: la canción del invitado indio de la ópera Sadko, de Rimski-Korsakov.
Vídeo de EvaHartwig
Además de las óperas rusas que cantó a lo largo de su carrera, Sergei Lemeshev destacó en óperas italianas y francesas, siempre traducidas al ruso, como era costumbre en la época. Como podréis imaginar, alguien que siente tal sintonía con Lensky encontrará en Werther otro vehículo para transmitir esa deliciosa melancolía. Escuchémosle cantando Pourquoi me reveiller, que en ruso se dice O ne budi menya. La grabación es de 1938.
Vídeo de younglemeshevist
Aunque sólo sea por la cercanía del Faust del Palau de les Arts, vamos con la versión rusa de Salut, demeure chaste et pure grabada en 1934.
Vídeo de petrof4056
Y acabaremos con el repertorio italiano. Lemeshev canta Ella mi fu rapita... Parmi veder le lagrime, de Rigoletto (Verdi), en una grabación de 1940. Atención al espectacular final.
Vídeo de younglemeshevist
Estaría todo el día poniendo vídeos y disfrutando, porque mientras los enlazo los voy escuchando y cada vez me gusta más este hombre, pero supongo que a estas alturas ya no debe quedar nadie por aquí. Si me equivoco y seguís ahí, os dejo con una joyita, no sin antes animaros a que sigáis explorando por youtube o por cualquier medio a vuestra disposición (ejem...) en busca de grabaciones de Lemeshev. Bueno, que me enrrollo, vamos a la joyita en cuestión: Una furtiva lagrima, de L'elisir d'amore, cantada en italiano!! La grabación, según indica el propio vídeo, es de 1948-1950, es decir, de después de superar la tuberculosis.
Vídeo de Onegin65
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sábado, 11 de octubre de 2008
Más promesas rusas
En este caso se trata del barítono Roman Burdenko, reciente ganador del II Cocurso Internacional Galina Vishnevskaya para cantantes de ópera y de la soprano Anastasia Privoznova, tercera clasificada en el concurso y ganadora en la categoría de mejor interpretación de un aria rusa gracias a su escena y aria de Mafa de La novia del zar (Rimski-Kórsakov).
Escucharemos a Roman Burdenko cantando la balada de Tomski del tercer acto de La dama de Picas (Chaikovski) y el prólogo de Pagliacci (Leoncavallo).
Vídeo de orfnos
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Pasemos a escuchar a Anastasia Privoznova cantando el aria de Miacaela Je dis que rien ne m'épouvante, de Carmen (Bizet).
Vídeo de orfnos
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viernes, 19 de septiembre de 2008
Galouzine se mete en un jardín

De vez en cuando hay cantantes que, normalmente en recitales o en discos de estudio si son atrevidos, se permiten cantar fragmentos de obras que no son adecuadas a su voz, a su estilo o incluso que no pertenecen a su cuerda. Así, conocemos el Celeste Aida de Alfredo Kraus, el Largo al Factotum de Mario del Monaco, el Casta Diva de Cecilia Bartoli y... y otras muchas, iba a decir una maldad pero prefiero no turbar la placidez del blog.
A mí me parece bien que los cantantes se salgan de su repertorio habitual siempre que no se pasen. Una cosa es cantar un aria puntual que no te va en un recital y otra muy distinta cantar un papel completo para el que no das la talla. Por poner un ejemplo concreto: Jaroussky ha cantado Les tringles des sistres tintaient de la Carmen de Bizet en recitales y ha quedado simpático. Si se le ocurriese cantar la ópera entera, sería patético.
A mí me parece bien que los cantantes se salgan de su repertorio habitual siempre que no se pasen. Una cosa es cantar un aria puntual que no te va en un recital y otra muy distinta cantar un papel completo para el que no das la talla. Por poner un ejemplo concreto: Jaroussky ha cantado Les tringles des sistres tintaient de la Carmen de Bizet en recitales y ha quedado simpático. Si se le ocurriese cantar la ópera entera, sería patético.
Aún así, hay veces en las que, por mucho que se trate de un recital, por mucho que sea algo sin trascendencia, alguien debería acercarse al cantante y decirle que no, que ni por esas. Y es que, por muy benevolente que uno sea, hay que tener estómago para escuchar según qué cosas. ¿Alguien se imagina a Vladimir Galouzine cantando el Duca de Rigoletto? Pues lo hizo el pasado 27 de mayo en una gala:
Vídeo de NouvelOpera
Pobrecillo, es que no da ni una. Sin embargo, lo escuchamos en su repertorio y, con sus problemas que son de sobra conocidos, es algo totalmente diferente. Escuchemos el aria de Hermann del tercer acto de La dama de picas de Chaikovski, procedente de un recital del 2007. Siendo capaz de cantar Hermann con esta entrega y de forma más que correcta, ¿de verdad vale la pena pasar el mal rato que pasó cantando el Duca?
Vídeo de Gabba02
Vladimir Galouzine siempre ha sido un cantante controvertido, para algunos sólo la mención de su nombre es un atentado al buen gusto. Yo, en cambio, tengo una opinión bastante positiva de él, a pesar de los pesares. No niego sus defectos, pues son más que evidentes y no hace falta ser Arturo Reverter para percibirlos, pero sus virtudes, empezando por un volumen fuera de serie, me parece que los compensan. Eso sí, una sabia elección del repertorio en su caso es imprescindible o los defectos acaban pesando más que las virtudes. Así que, Galouzine, por favor, no nos lo pongas difícil a los que te defendemos, no más Duca, пожалуйста.
viernes, 15 de agosto de 2008
Eula Beal, contralto: Concert Magic

Curioseando por youtube he encontrado estos vídeos de la contralto Eula Beal, desconocida por mí hasta hoy mismo. Los cuatro pertenecen a la película de 1947 Concert Magic, una sucesión de piezas clásicas sin ningún tipo de guión en la que destaca la presencia del genial violinista Yehudi Menuhin, al que podemos ver y escuchar en el último vídeo. Investigando un poco he averiguado que Eula Beal tuvo una corta carrera como cantante operística en los EEUU que pronto abandonó para dedicarse a su familia. Desde los 50 apenas apareció como cantante invitada en algunos conciertos celebrados cerca de su lugar de residencia, en el Norte de California. Cantó también en agrupaciones corales y en celebraciones religiosas hasta su fallecimiento, el pasado 29 de julio del 2008. Sin embargo, escuchando sus intervenciones en Concert Magic no podemos más que lamentar que su carrera no fuese más larga y fructífera. Afortunadamente, nos quedan sus intervenciones en esta película para disfrutar de su canto. De las cuatro, me quedo con su Chaikovski y su aria de La Pasión según San Mateo, ambas cantadas en inglés.
ERLKÖNIG (Schubert)
NONE BUT THE LONELY HEART (Chaikovski)
AVE MARIA (Bach / Gounod)
LORD HAVE MERCY ON ME (Bach)
Vídeos de operatribute
ERLKÖNIG (Schubert)
NONE BUT THE LONELY HEART (Chaikovski)
AVE MARIA (Bach / Gounod)
LORD HAVE MERCY ON ME (Bach)
Vídeos de operatribute
sábado, 2 de febrero de 2008
Sergei Lemeshev
Sin palabras. Ésto es cantar bien.
MARTA (Flotow) -En ruso
Vídeo de slawa2007
CHE GELIDA MANINA (La Boheme, Puccini) -En ruso
Vídeo de futumodcord
KUDA, KUDA (Eugen Onegin, Chaikovski)
Vídeo de arcloq66
MARTA (Flotow) -En ruso
Vídeo de slawa2007
CHE GELIDA MANINA (La Boheme, Puccini) -En ruso
Vídeo de futumodcord
KUDA, KUDA (Eugen Onegin, Chaikovski)
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