Tercera función de Thaïs y, dicen quienes estuvieron en las anteriores, la más lograda hasta el momento, sobre todo gracias a la mejora en la dirección musical de Patrick Fournillier y al mayor dominio del papel de Athanaël por parte de Plácido Domingo. Vamos, que por fin se lo ha aprendido. Y uno se pregunta, si le ha costado una semana aprendérselo, ¿por qué no empezó a estudiarlo una semana antes?
Poco hay que añadir a las fantásticas crónicas de Atticus (1ª función) y maac (2ª función), así que seré breve. En general, una muy buena función en la que tanto los intérpretes como los cuerpos estables, la dirección musical y la dirección de escena estuvieron a un alto nivel.
Patrick Fournillier, como en sus anteriores visitas al Palau de les Arts, demuestra que conoce bien la partitura, que domina el estilo y que sabe sacar partido de la calidad de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. No hubo genialidades en su dirección, pero a mí me gustó su visión de la obra, coherente, con un sonido muy limpio y respetuosa con los cantantes. También el Cor de la Generalitat Valenciana me gustó (como es habitual), especialmente los cenobitas.
Aunque en este caso no fuese el mayor atractivo del reparto (sí la más atractiva, pero eso es otro cantar), la protagonista de la obra es Thaïs, así que empezaremos a repasar la actuación de los solistas por su intérprete, Malin Byström. Su voz es muy bonita, con un personal tinte oscuro, pero carece de graves audibles y sus agudos resultan siempre tirantes y problemáticos y en más de una ocasión calados, lo que reduce considerablemente la tesitura en la que puede lucir su belleza tímbrica con efectividad. Lo compensa, en parte, con un canto elegante y una correcta actuación. ¿Es una buena soprano? Sin duda, pero no creo que sea el de Thaïs el papel que mejor le permite demostrarlo.
Plácido Domingo, que en la primera función aún no tenía el papel bien aprendido, se debe haber puesto las pilas porque ayer parecía que llevaba años cantándolo. Reconozco que cuando leía crónicas en blogs, prensa y foros que le alababan y decían que viéndole sobre las tablas uno olvidaba que no era un auténtico barítono creía que mentían, que exageraban. Todos sabemos que no son pocos quienes creen que Domingo siempre está bien, incluso cuando está mal, y que hay que poner en cuarentena cualquier afirmación relacionada con él o podemos acabar creyendo que su Simon Boccanegra es el mejor de la historia, que su Siegmund actual suena juvenil o que domina el estilo de la ópera barroca, todas ellas afirmaciones que he leído yo con estos ojitos y que son, digámoslo claramente, falsas. Pues bien, lo de que uno se olvida de que no es un barítono es cierto, o al menos lo fue para mí, tan grande es su carisma y su habilidad para llevarse la partitura a su terreno. No niego que hubo graves que sonaron de aquellas maneras, que estaba más cómodo en los pasajes de escritura más aguda y que cambiaba las vocales a placer, pero es innegable que su actuación fue loable y sorprendente en alguien de su edad, tanto en lo vocal como en lo actoral.
Me gustó el bajo Gianluca Buratto como Palémon, con una voz algo baritonal pero potente y bien emitida (y al fin y al cabo, que mejor que un bajo baritonal para acompañar a un tenor metido a barítono). El Nicias de Paolo Fanale, en cambio, no estuvo al nivel de sus compañeros de reparto. Empezó muy fuerte, cantando con una entrega excesiva, quizá queriendo compensar el hecho de que su material vocal era el más pobre de todo el reparto, pero fue perdiendo fuelle hasta resultar casi inaudible en su última aparición al final del segundo acto. La voz es bonita, eso sí. Bien Micaëla Oeste (Crobyle), Marina Rodríguez-Cusí (Myrtale) y María José Suárez (Albine) en sus breves papeles, así como Aldo Heo (sirviente).
La puesta en escena de Nicola Raab me gustó mucho, ante todo por su gran belleza y efectividad, pero también por cómo maneja el concepto de teatro dentro del teatro. Ya sé que eso está más visto que el tebeo, pero hay que saber hacerlo, y en esta puesta en escena se hace bien. Tenía mis dudas sobre cómo iba a sentarle al libreto el traslado al siglo XIX que propone Raab, pero la verdad es que le sienta estupendamente, y transformar a los cenobitas en masones y a Thaïs en una diva de la escena son grandes aciertos. Luego hay otros detalles que gustarán más o menos, pero el cómputo global es para mí muy positivo. Y ya tenía ganas de poder decir eso de una puesta en escena, sobre todo después de la mamarrachada del Don Giovanni de Jonathan Miller, que aún no he conseguido olvidar.
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lunes, 2 de abril de 2012
domingo, 15 de mayo de 2011
La primera grabación de Tito Schipa

Si seguís este blog habitualmente sabréis de mi total admiración hacia la figura de Tito Schipa. Sin embargo, hasta ahora no había escuchado nunca su primera grabación, registrada en noviembre de 1913, cuando el tenor tenía 25 años. Se trata de Ah! Dispar vision, la versión italiana del aria Ah! Fuyez douce image de la ópera Manon de Massenet.
Vídeo de GermanOperaSinger
Schipa había debutado cantando La Traviata en 1909, cuatro años antes de entrar en un estudio de grabación por primera vez, pero no fue hasta 1914, un año después de grabar este aria, que alcanzó la fama gracias a su interpretación de Mario Cavaradossi en una serie de funciones de Tosca en Nápoles.
Posteriormente, en 1934, habiendo cosechado triunfos por toda Europa (el primero fuera de Italia fue en enero de 1918, en el Teatro Real de Madrid, precisamente cantando Manon) y tras quince años de exitosa carrera en los Estados Unidos, Schipa grabó de nuevo este aria. Su voz no suena tan juvenil como veintiún años antes, pero el canto es muy superior, propio de un cantante legendario. El uso del chiaroscuro en esta grabación es simplemente magistral.
Vídeo de macciboma
jueves, 15 de enero de 2009
Sergei Lemeshev, la melancolía hecha canto
Hace meses dediqué una entrada al tenor ruso Sergei Lemeshev. Fue una entrada sin palabras, porque así es como me quedé tras escuchar los tres vídeos que enlacé. Sin embargo, mi entusiasmo hacia Lemeshev parece que no fue demasiado contagioso, pues en los comentarios a la entrada hubo tanto alabanzas como reproches. Estos días, tras haber dedicado un tiempo junto a los amigos levantiscos a revisitar a Ivan Kozlovsky, no he podido evitar volver a traer por aquí a Lemeshev, quien mantuvo con Kozlovsky una dura rivalidad en lo profesional (al parecer en lo personal fueron amigos). A ver si esta vez hay suerte y consigo que disfrutéis de uno de los tenores de línea más depurada que han existido, algo que lo emparenta con Tito Schipa, que tanto éxito obtuvo en su entrada de hace unos días.
Sergei Lemeshev (1902-1977) nació en Staroye Knyazevo, en una familia de campesinos. Desoyendo los consejos de su padre, quien quería que fuese zapatero, el jóven Sergei empezó a cantar a la edad de 17 años. No lo haría mal cuando pasó las pruebas para una de las 25 plazas de canto que ofrecía el conservatorio de Moscú entre 500 candidatos. En 1926, tras graduarse, el teatro Bolshoi le ofreció formar parte de su plantilla, pero Lemeshev rechazó la oferta, convencido de que sólo le iban a ofrecer papeles de comprimario. En vez de eso se dedicó a cantar papeles principales en teatros de provincias (Sverdlovsk, Harbin, Tbilisi...) , alcanzando así una gran fama. En 1931, cuando regresó a Moscú, fue para cantar en el Bolshoi como primera figura, algo que continuaría haciendo ininterrumpidamente hasta 1965, alternándose siempre con Ivan Kozlovsky. Los primeros papeles que interpretó en el Bolshoi fueron el zar Berendei en La dama de las nieves, Gerald en Lakmé y Lensky en Yevgény Onégin, el papel que marcaría su carrera y su vida.
Lemeshev interpretó por primera vez al poeta Vladimir Lensky en 1927 y desde entonces lo hizo en más de 500 ocasiones, la última con motivo de su 70 cumpleaños, ya convertido en una leyenda en Rusia y tras haber superado tres infartos y la pérdida de un pulmón a causa de la tuberculosis que contrajo en 1942. La voz de Lemeshev parece hecha para cantar este papel, el que mejor se adapta a su estilo y a la melancolía inherente a su canto. Al parecer, Lemeshev llegó a penetrar tanto en el espíritu del poeta que su propia vida privada se vió afectada por la tristeza que tal personaje le aportaba. Los resultados artísticos, ni qué decir tiene, fueron excepcionales.
Lemeshev y Kozlovsky eran los ídolos de la afición en Rusia, aunque ninguno de los dos cantó nunca al otro lado del telón de acero. Ambos tenían multitud de seguidoras, un fenómeno parecido al de las modernas fans de los cantantes de moda, llamadas lemeshistki y kozlovityanki. Lemeshev llegó a construir un muro alrededor de su casa de campo para aislarse de sus fans, pero día tras día éstas hacían agujeros en el mismo con la esperanza de ver a su ídolo.
Pero pasemos a lo más interesante, su estilo y su voz. Como podréis comprobar, se trata de un tenor lírico con un timbre claro muy atractivo, especialmente adecuado para papeles sentimentales por la facilidad para transmitir esa melancolía, ese caracter soñador que mencionábamos al hablar de su Lensky. Se mueve mejor en la zona aguda, que alcanza con gran facilidad, teniendo el pasaje bien solucionado. Técnicamente, Lemeshev pertenecía a la escuela italiana, como todos los grandes cantantes rusos que le precedieron, destacando por su soberbio control del fiato, su elegante línea de canto y su capacidad para realizar adornos con gran efectividad, como Fleta, y con gran musicalidad, como Schipa.
Vamos a empezar escuchando su piedra de toque, el aria Kuda kuda, de Yevgény Onégin (Chaikovski), tal y como la cantaba en 1937.
Vídeo de younglemeshevist
Escuchemos esta misma aria en una interpretación posterior, de 1955. A pesar de haber perdido el uso de un pulmón y de tener 53 años, su prestación es impresionante, superior incluso a la de 1937 que acabamos de escuchar. Además, en este vídeo podremos comprobar sus dotes como actor.
Vídeo de Onegin65
Además de sus éxitos en el Bolshoi, Lemeshev cantó con frecuencia recitales en diversas salas de Rusia. La delicadeza de su canto y su carácter reservado hacian que se encontrase en su elemento entre las canciones de Chaikovski, Glinka, Balakirev... Escuchémosle cantando Bednij pevec (Pobre cantor), de Glinka.
Vídeo de Herur22
Una última pieza y abandonamos el repertorio ruso: la canción del invitado indio de la ópera Sadko, de Rimski-Korsakov.
Vídeo de EvaHartwig
Además de las óperas rusas que cantó a lo largo de su carrera, Sergei Lemeshev destacó en óperas italianas y francesas, siempre traducidas al ruso, como era costumbre en la época. Como podréis imaginar, alguien que siente tal sintonía con Lensky encontrará en Werther otro vehículo para transmitir esa deliciosa melancolía. Escuchémosle cantando Pourquoi me reveiller, que en ruso se dice O ne budi menya. La grabación es de 1938.
Vídeo de younglemeshevist
Aunque sólo sea por la cercanía del Faust del Palau de les Arts, vamos con la versión rusa de Salut, demeure chaste et pure grabada en 1934.
Vídeo de petrof4056
Y acabaremos con el repertorio italiano. Lemeshev canta Ella mi fu rapita... Parmi veder le lagrime, de Rigoletto (Verdi), en una grabación de 1940. Atención al espectacular final.
Vídeo de younglemeshevist
Estaría todo el día poniendo vídeos y disfrutando, porque mientras los enlazo los voy escuchando y cada vez me gusta más este hombre, pero supongo que a estas alturas ya no debe quedar nadie por aquí. Si me equivoco y seguís ahí, os dejo con una joyita, no sin antes animaros a que sigáis explorando por youtube o por cualquier medio a vuestra disposición (ejem...) en busca de grabaciones de Lemeshev. Bueno, que me enrrollo, vamos a la joyita en cuestión: Una furtiva lagrima, de L'elisir d'amore, cantada en italiano!! La grabación, según indica el propio vídeo, es de 1948-1950, es decir, de después de superar la tuberculosis.
Vídeo de Onegin65
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viernes, 2 de enero de 2009
Tito Schipa, el encantador
Tal día como hoy, un dos de enero de 1888, nació en Lecce, en el sur de Italia, Raffaele Attilio Amedeo Schipa, quien pasaría a la historia de la ópera con el nombre de Tito Schipa. Tito, o mejor dicho, titu, que en dialecto local significa "pequeño", era realmente su apodo desde los 12 años.La voz de Tito Schipa era en principio poco adecuada para el canto, sin graves sonoros, incapaz de alcanzar agudos por encima del la (aunque de joven alcanzaba, no sin problemas, el si natural), incapaz de realizar las florituras que otros tenores ligeros o "di grazia" cantaban sin problemas. Sin embargo, su innata inteligencia canora le sirvió para sacar el máximo provecho de sus cualidades naturales, más de lo que ningún otro cantante haya conseguido jamás, o al menos desde que existen grabaciones. Fue en el impecable fraseo, en la línea de canto, en la capacidad para dotar al discurso musical de una gama de colores y dinámicas, siempre desde una gran musicalidad y elegancia, donde Schipa jugó su baza, consiguiendo colocarse como un ejemplo del buen canto por delante de tenores mucho más dotados. Bidu Sayao dijo que Schipa “cinceló las frases como un orfebre.” Hay quien dice que Schipa no cantaba, sino que declamaba de tal forma que hipnotizaba a su audiencia. Quizá haya algo de verdad en ello, pues en España, donde triunfó como cantante de música popular, se le conoció como "el encantador".
Precisamente por esa naturaleza tan peculiar de su canto, su estilo nos parece hoy en día mucho más moderno que el de coetáneos suyos como Caruso, quien llegó a ver a Schipa en directo en Nueva York, o Gigli. Y es que de la herencia de Schipa salen nombres como Di Stefano, Bergonzi, Pavarotti o quien se puede considerar su más fiel sucesor en el siglo XX, Alfredo Kraus. Un recomendable artículo de Rodolfo Pérez que podéis encontrar AQUÍ habla de un período de tiempo entre la muerte de Caruso en 1921 y la II Guerra Mundial en el que el referente en el mundo del canto es la delicadeza y la pureza en la línea de canto de Schipa, hasta que tenores como Mario del Monaco, Corelli o Domingo vuelven a poner de moda el estilo vociferante de Caruso.
Además de su faceta como cantante de ópera, Tito Schipa también fue una estrella de cine, como muchos otros cantantes de la época y destacó cantando y componiendo piezas de muchos otros estilos, algunas veces en español. Vamos a ver un fragmento de su película Vivere (1936) en el que canta Tu che a Dio spiegasti l'ali, de Lucia di Lammermoor (Donizetti):Vídeo de TheGreatPerformers
Y ahora escucharemos un tango, Dímelo al oído, que grabó en Buenos Aires en 1934.
Vídeo de vivalamusicavieja
Como tenor cantó papeles para ligero y para lírico, desde el Almaviva del Barbiere hasta el Mario Cavaradossi de Tosca , muchas veces transportando las partituras para acomodarlas a sus medios vocales. Fue muy cuidadoso con la elección de su repertorio, como luego lo sería Kraus, lo que le permitió tener una carrera longeva. Sus principales creaciones fueron el Nemorino de L'elisir d'amore de Donizetti y el Werther de Massenet. Vamos a escucharle cantando Una furtiva lagrima, de la primera de estas dos óperas.
Vídeo de Onegin65
Y ahora escucharemos un fragmento de su Werther (en italiano), O natura di grazia piena.
Vídeo de kraustrujillo
Acabaremos con una curiosidad dedicada a los amigos de la sección levantisca: el pasodoble Valencia.
Vídeo de regallo8765
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