sábado, 19 de diciembre de 2009

Canciones encadenadas I: Beck y Zappa

Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar. Salvador Dalí

Hace ya mucho tiempo que no hacemos una excursión fuera de la música clásica y la ópera, así que me he inventado un juego para ir trayendo por aquí canciones que me gustan y que de otra manera quizá nunca tendrían su oportunidad en el blog.

Voy a empezar con una canción cualquiera, en este caso la última canción que escuché antes de que se me ocurriera esto: We live again, de Beck.


Vídeo de multivitamins4all


Elijo una palabra o un verso de la canción que por lo que sea me llame la atención y lo relaciono con otra canción donde también aparezca. En este caso: "These whitered hands have dug for a dream", me ha traído a la memoria el verso "Dreamed I was an eskimo" de Don't eat the yellow snow, de Frank Zappa. Como no seré yo quien meta la tijera en medio de la suite que empieza con esta canción, os la traigo toda entera: Don't eat the yellow snow, Nanook rubs it, St. Alphonzo's Pancake Breakfast y Father O'Blivion.


Vídeo de bassruler53

La palabra elegida para el siguiente eslabón de la cadena es eskimo. Como viene siendo habitual, no habrá una periodicidad fija para esta sección porque soy muy poco dado a las periodicidades.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

August Seider, un heldentenor en el olvido


La sombra de Lauritz Melchior es tan grande que oculta a casi todos los cantantes que tuvieron la desgracia de coincidir en el tiempo y en el repertorio con él. Dado que Melchior era un prodigio casi inhumano, hemos de imaginar que son estos tenores ocultos, casi olvidados, los que nos ayudarán a hacernos una idea acerca de cómo sonaban los tenores heróicos que se podían escuchar en los teatros que no tenían la fortuna de poder contratar al gigante danés.

Uno de esos tenores, tan olvidado que no he podido encontra apenas información sobre él, es August Seider. Su voz es la de un auténtico heldentenor, especie ya extinguida pero habitual en su época. Formó parte de la Ópera de Munich, que también contaba con otros dos cantantes de esta cuerda, Günter Treptow y Bernd Aldenhoff. Se nos escapan las razones por las que hace unos años un teatro podía contar con tres tenores heróicos cuando hoy son muy pocos quienes se atreven con tal repertorio, y en la mayor parte de las ocasiones lo hacen forzando un instrumento lírico.

Lógicamente, su rendimiento está muy por debajo del de Melchior, Lorenz o Windgassen, lo que explica su olvido. Sin embargo en su época hizo una buena carrera y participó en algunas grabaciones, aunque desgraciadamente lo hizo cuando su instrumento ya estaba desgastado y su timbre se había tornado leñoso. Está presente, entre otras grabaciones, en los Meistersinger de Toscanini como Walther y cantando el papel principal en un Tannhäuser de estudio dirigido por Heger del que escucharemos su escena final. A continuación, el aria de Max de la ópera Der Freischütz de Weber e In Fernem Land, de Lohengrin, con un principio que a mí al menos me suena raro, raro, raro en lo que a afinación se refiere.


Vídeo de symyu




Vídeos de gnativerson

domingo, 13 de diciembre de 2009

Jessye Norman canta Je te veux, de Satie


Erik Satie era un tipo raro. Coleccionaba paraguas, evitaba definirse como músico (prefería los términos gimnopedista y fonometrógrafo, que él mismo había creado), titulaba sus obras de manera extraña (Vexations, Psitt! Psitt!, Prélude canin...), inventó la música de mobiliario, cuya finalidad era no ser escuchada. Fue sin duda un genio de la música, incomprendido en su día, apreciado sólo por los amantes de las vanguardias artísticas.

Durante toda su vida compuso mucha música para cabaret o café cantante, lo cual fue visto por muchos como algo deshonroso o como una constatación de que era un músico sin talento, pues de otra forma se habría dedicado a componer conciertos, sonatas, sinfonías u operas. Pero hoy podemos comprobar que Satie era capaz de alcanzar la belleza con una simple melodía para ser interpretada en un café cantante. Cuántos respetables sinfonistas darían lo que fuera por poder llegar a momentos de inspiración como por ejemplo este vals titulado Je te veux:


Vídeo de rubenmsk

martes, 8 de diciembre de 2009

Jenufa (segundo reparto) en el Teatro Real

Como ya os informaron mis robots, he disfrutado de unas breves vacaciones en las que he podido asistir a un concierto de la ONE y a una función de la ópera Jenufa. Por un error de programación, el segundo robot os informó de la representación de Jenufa un día después de que tuviera lugar. Programar no es lo mío.


Muchas veces, tras escuchar una función de ópera, comentamos que sólo por escuchar a tal o cual cantante, por la dirección, por la escenografía o por lo que sea ya ha valido la pena haber asistido. Otras veces decimos que los puntos negros acabaron pesando más que los aciertos y salimos decepcionados o con la sensación de haber perdido el tiempo y el dinero. Muy pocas veces salimos del teatro sin haber encontrado ningún factor especialmente atractivo por sí solo pero conmovidos por la excelente unión de todos ellos y eso fue lo que pasó el pasado domingo en el Teatro Real de Madrid, donde tuvo lugar la segunda función de la ópera Jenufa de Leos Janacek, primera con el segundo reparto.

El primer acierto de estas representaciones es la puesta en escena de Stéphane Braunschweig, sencilla, neososa, pero muy efectiva. Utiliza muy pocos elementos pero siempre lo hace con sentido, sin efectismos pero también sin aburrir en ningún momento, sin caer en simbolismos absurdos o en caprichos inexplicables, cuidando los detalles y el movimiento de los solistas y el coro. Mención aparte merece la estupenda iluminación de Marion Hewlett, encargada de delimitar espacios en el escenario, creando distintas zonas de luz y sombra que actuán en ocasiones a modo de paredes.

Otro gran acierto fue la dirección de Ivor Bolton, que supo extraer todo el dramatismo de la partitura y mantener la línea sin altibajos. Cierto que fue un Janacek de brocha gorda, sin demasiadas sutilezas ni explosiones de exaltación orquestal, pero teniendo en cuenta cómo suele sonar la orquesta con su titular y cómo sonó con Bolton, no se puede más que alabar su trabajo. Bien el coro Intermezzo, mejor la parte masculina que la femenina, demasiado heterogénea.


De entre los cantantes, ninguno especialmente brillante pero todos correctos. Andrea Danková en el papel titular dio todas las notas en su sitio y cumplió adecuadamente, pero no destacó ni por timbre (oscuro, pero no especialmente atractivo), ni por volumen, ni por técnica, ni por emotividad. Tampoco lo hizo Gordon Gietz como Steva, de quien se podría decir lo mismo. Mejor estuvo Jorma Silvasti como Laca, muy implicado en el papel y valiente en lo vocal, pese a no ser el suyo un instrumento muy llamativo. El resto de personajes estuvieron dentro de la corrección, al igual que los solistas, sin que ninguno de ellos llamara especialmente la atención.


Me dejo para el final la Kostelnicka de Anja Silja, a quien el publico premió con una merecida ovación y que supo destacar en una función en la que nadie sobre el escenario pudo hacerle sombra. Cierto es que sus facultades vocales son las que son, o sea, las de una mujer de 69 años que encima se ha pasado su juventud cantando papeles que excedían su capacidad. Lleva muchos años cantando la Kostelnicka, primero de forma notable en todos los aspectos, después supliendo con su fantástica capacidad dramática sus carencias vocales y últimamente confiando casi exclusicamente en lo actoral, pero aún así es innegable que desde que hace su entrada en el primer acto todos los ojos se centran en ella y allí siguen a lo largo de toda la función. Su carisma hace que acabemos rindiéndonos ante su interpretación, sin olvidar su vibrato, sus agudos potentes pero de afinación aleatoria y su pobreza en los registros medio y grave. Pero nada de eso importa, no al menos en una ópera como esta donde la emotividad está a flor de piel, donde el cantante no se debe limitar a dar una serie de notas determinadas (en cuyo caso su elección para el papel sería impensable) sino a transmitir al público toda la carga dramática implícita en la partitura. Una grande de la escena a la que me alegro mucho de haber podido disfrutar en vivo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Entrada robot: Jenufa, de Leos Janacek


Saludos, terrícolas. Soy otro robot programado por Titus antes de irse de vacaciones. Si todo va bien, en estos momentos Titus está escuchando esto:


Vídeo de Onegin65

sábado, 5 de diciembre de 2009

Entrada robot: Sinfonía 40 de Mozart




Hola humanos.

Soy un robot programado por Titus antes de irse de vacaciones. Si todo ha salido según lo previsto, en este momento Titus está escuchando esto:


Vídeo de osmontes

martes, 1 de diciembre de 2009

Density 21.5, de Edgar Varèse


La obra más conocida del revolucionario compositor franco-estadounidense Edgar Varèse es Density 21.5, una breve pieza para flauta travesera sola. Varèse la compuso en enero de 1936 por encargo del virtuoso de la flauta Georges Barrère, quien la usó para estrenar en público su nueva flauta fabricada en platino, material cuya densidad es de aproximadamente 21.5. En 1946, antes de ser publicada, la partitura fue retocada por su autor.

Hay un antes y un después de Density 21.5 en la técnica flautística. Varèse, que solía explorar los límites de la sonoridad de los instrumentos, llegando a incorporar el ruido como parte de la música, introduce en esta pieza el golpe de llave como refuerzo del modo de atacar una nota. Podemos decir que esta pieza marca el inicio de la exploración de nuevos recursos tímbricos y técnicos en el instrumento, un camino que seguirán muchos otros autores a partir de los años 50 y 60.

Dos breves líneas melódicas sirven de base a esta pieza. La primera, que abre y cierra la obra, es modal y sigue un ritmo binario. La segunda es atonal, sigue un ritmo ternario y se desarrolla a partir de breves evoluciones que siguen a las repeticiones de la primera idea. Ambas líneas, de similar duración, están separadas por un intervalo en el que se utilizan los golpes de llave arriba mencionados para generar un efecto de percusión. Como ya hacía Bach en sus piezas para violín solo (me remito a una entrada reciente en el castillo de Barbebleue), para violonchelo solo y también para flauta sola, Varèse crea un efecto polifónico, si bien su método para hacerlo se basa en la exploración de nuevas sonoridades y en el contraste entre diversos registros.

El uso de ciclos interválicos, tritonos, acordes de séptima disminuída y otras muchas palabrejas cuyo significado desconozco sitúa a Varèse, según el musicólogo George Perle, a la misma altura que Scriabin y el círculo de Schoenberg entre los compositores revolucionarios que renovaron la tradición musical en el siglo XX.

A estas alturas puede que a algún lector se le haya despertado la curiosidad, pero seguro que a más de uno lo que se le han despertado son las ganas de salir corriendo. No lo hagáis, dadle una oportunidad, vale la pena. Escuchemos Density 21.5 en la interpretación de Laura Pou.


Vídeo de ConjuntXXI