jueves, 11 de febrero de 2010

Alfred Schnittke: Faust Cantata


Estoy escuchando mucho últimamente un disco de la Orquesta Sinfónica de Malmö dedicado al compositor ruso Alfred Schnittke y al llegar a este espectacular fragmento me decidí a traerlo por aquí porque estoy seguro de que os va a encantar, o como mínimo a inquietar y a seducir de forma diabólica.

Alfred Schinttke (1934-1998), nacido en la antigua URSS en una familia de etnia alemana (los llamados alemanes del Volga), fue el más destacado compositor soviético de su generación, aunque acabó renegando del régimen soviético, trasladándose a Alemania y rechazando el premio Lenin que le fue concedido poco antes de la caída del Muro de Berlín. Entre sus influencias se encuentran Shostakovich y Prokofiev, así como las vanguardias europeas de principios del siglo XX. Su música, muy accesible para todo tipo de públicos, mezcla recursos de diversos estilos y cita obras de diversas épocas sin inscribirse en ninguna corriente artística concreta, aunque hay quien utiliza el término "poliestilística" para definirla.

La pieza que quiero que escuchéis pertenece a la Faust Cantata, obra de 1983 para cantantes solistas, coro y orquesta y se titula Es geschach. Esta obra pone música a la última parte del primer libro publicado sobre el doctor Fausto, Historia von D. Johann Fausten (anónimo, 1587) en la que éste confiesa a sus pupilos el pacto que realizó con Mefistófeles en el pasado y les informa de que está a punto de cumplirse el plazo. Aunque los estudiantes le piden que se arrepienta, Fausto se niega y por fin muere a manos de Mefistófeles durante la noche. Por la mañana, los estudiantes encuentran su cadáver y reflexionan sobre el error cometido por su maestro al ser incapaz de resistir la tentación diabólica. Es geschach, cantada por el propio Mefistófeles con voz de contralto (en otros fragmentos de esta misma obra es un contratenor quien asume el papel), nos narra la escena de la horrible muerte del doctor Fausto y lo hace con un sorprendente pero convincente e inquietante ritmo de tango.

Escuchemos la pieza en la voz de Inger Blom acompañada por la Orquesta Sinfónica de Malmö dirigida por James DePreist.


Vídeo de cuervodka

Podéis encontrar más información y escuchar la Faust Cantata en su totalidad en el blog de Cuervodka.

domingo, 7 de febrero de 2010

Ivan Kozlovski canta Natalka Poltavka, de Lysenko


Hace poco hablamos del tenor ucraniano Ivan Kozlovski, una auténtica leyenda de la ópera. Recientemente han aparecido en youtube una serie de vídeos en los que podemos escuchar a Kozlovski cantando, tan bien como solía hacerlo, fragmentos de una ópera ucraniana cuya existencia era desconocida para mí: Natalka Poltavka, de Mykola Lysenko (1842-1912). Según leo en wikipedia, la ópera de Lysenko (más bien una opera-comique, pues contiene largos fragmentos hablados), es una reelaboración de una obra de teatro anterior que contenía una serie de canciones populares ucranianas, transformándolas en arias y añadiendo una obertura, varios interludios y música incidental para otros fragmentos.

En los vídeos que vamos a ver las imágenes han sido sacadas de una película soviética titulada Noche de mayo cuya ambientación coincide con la de la ópera. Obviamente, no se corresponden con el sonido, aunque por momentos lo parezca.






Todos los vídeos son de viktorkievUA

jueves, 4 de febrero de 2010

Canciones encadenadas IV: Sword


Volvemos con las canciones encadenadas, esta vez con la palabra sword.

Alfredo sugirió la canción Sword of Damocles, de Lou Reed, perteneciente al disco Magic and Loss, quizá el último gran disco de su carrera hasta el momento. Escuchemos una versión en directo.


Vídeo de johnny576375

Barbebleue optó por Throw Down the Sword, perteciente al álbum Argus de la banda británica Wishbone Ash, famosos en los setenta por el empleo de dos guitarras solistas punteando simultaneamente, algo que los diferenciaba del resto de grupos con una guitarra solista y otra rítmica.


Vídeo de avixz

Atticus se apuntaba al juego con una canción de Bob Dylan, Ballad of a Thin Man, del imprescindible Highway 61 Revisited, en la que Dylan canta "Well, the sword swallower, he comes up to you". Ya es la segunda vez que Dylan aparece por aquí, lo que me parece estupendo.


Vídeo de tomorrettisgay

Allau y yo coincidimos esta vez en nuestra elección: Swordfishtrombones, la canción que da título a uno de los mejores discos de Tom Waits. Además, la portada de este disco siempre me ha parecido maravillosa.


Vídeo de FallingDown08

Los primeros versos de Swordfishtrombones dicen: "Well, he came home from the war / With a party in his head". La palabra con la que seguiremos en la próxima entrega será party, o cualquiera de sus variantes, en el idioma que queráis.

lunes, 1 de febrero de 2010

Lucia di Lammermoor, el belcanto llega a Les Arts a lo grande

La cuarta función de Lucia di Lammermoor llegaba al Palau de les Arts precedida por las excelentes críticas que merecieron las tres funciones anteriores. No sé si la de ayer fue mejor o peor que las que la precedieron, pero desde luego no decepcionó a ninguno de los presentes. Este está siendo el primer título estrictamente belcantista que se representa en la sala principal del Palau de les Arts. Alguien debería avisar a quienes criticaron la ausencia de belcanto en las primeras temporadas del teatro, pues la afluencia de público no está siendo superior a la de otros títulos supuestamente impopulares (siempre según la peculiar vara de medir de quienes clamaban contra unas temporadas "demasiado germanófilas").

Empezaremos hablando de una puesta en escena, obra de Graham Vick, neutra, correcta y tan conocida ya que poco se puede decir sobre ella. Vestuario de época, paneles móviles, un árbol de cartón piedra y una luna sobredimensionada, nada que destacar ni que criticar.

En lo musical, tenía curiosidad por escuchar la dirección de Karel Mark Chichon, cuya contratación algunos han considerado el pago necesario para poder contar con la Carmen de su esposa, Elina Garanca, en el próximo Festival del Mediterrani. Pues bien, es innegable que Chichon sabe lo que es el belcantismo y cómo debe sonar una orquesta en Donizetti, esto es, siempre por debajo de los cantantes, nunca tapando sus voces, ni siquiera compartiendo el protagonismo. La orquesta, como es habitual, sonó estupendamente, pero con un volumen mucho más moderado de lo habitual. Mención especial merecen los solistas de arpa y flauta. Sin embargo, se echó en falta más variedad en el manejo de la dinámica, lo que provocó cierta linealidad, evidente sobre todo en el sexteto y en la escena final de Edgardo, fragmentos muy conocidos que hemos escuchado en mil versiones y sabemos que pueden y suelen sonar con más vida.

También el coro cantó en todas sus intervenciones tan maravillosamente como suelen hacerlo.

Ya que Chichon tuvo el acierto de ceder el protagonismo a los cantantes, es evidente que en ellos recae el mérito del gran éxito obtenido ayer. Nadie destacó en lo negativo, pues el nivel medio fue bueno en los papeles de menor importancia como Arturo (Angelo Antonio Poli), Alisa (Natalia Lunar) y Normanno (Enrico Cosutta).

Diógenes Randes, de quien sólo había escuchado sus Wagners en Bayreuth por la radio, me convenció como Raimondo, plegando su cálida voz, más de barítono que de bajo, a las exigencias de la partitura. También Vladimir Stoyanov estuvo correcto como Enrico, aunque tanto él como Randes, cantando bien como cantaron, juegan en una categoría inferior a la de los dos protagonistas.

Francesco Meli fue como Edgardo, para mi gusto, el mejor cantante de cuantos se subieron ayer al escenario de Les Arts. Con una voz agradable pero no especialmente destacable frente a las de otros representantes de su cuerda, es en su habilidad para el fraseo y en su inteligencia a la hora de gestionar los recursos de que dispone donde este joven tenor guarda sus bazas. Aún recuerdo su Don Ottavio en el Don Giovanni del pasado 2007 como un prodigio de delicadeza, con un dalla sua pace cantado en un elegante falsete al más puro estilo de la vieja escuela. Ayer combinó el falsete con el que coronó Verrano a te su ll'aure con los ataques a plena voz (espectacular su agudo en el dúo con Enrico del tercer acto), siempre con gran musicalidad y con un excelente y variado fraseo. Arrancó merecidísimos bravos del público al final de su estremecedora aria, a pesar de un agudo un tanto inseguro.


La otra gran triunfadora fue Nino Machaidze en el papel principal. La soprano georgiana está convirtiéndose en un nombre destacado en la lírica actual a pasos agigantados, lo cual está plenamente justificado gracias a funciones como la de ayer. Tanto vocal como dramáticamente, Machaidze estuvo muy bien. Bella voz, técnica resuelta, agilidades nítidas y agudos escrupulosamente afinados, nada se puede echar en falta en su actuación. Su escena de la locura fue muy efectiva, cargando de intención todas su frases, incluso en el dúo apócrifo con la flauta que tanto rechazo causa entre los puristas del belcanto pero que a mí, particularmente, me gusta. Desgraciadamente no dio los sobreagudos, también apócrifos y que tampoco gustan a los puristas, pero que habrían puesto la guinda a su actuación.

No sé cuál será la media de edad de todo el reparto, pero no creo que sea muy superior a los treinta años. Gran noticia para quienes se preocupan por el futuro de la ópera: hay cantantes, y en algunos casos muy buenos. Ahora sólo falta que ocupen el lugar que les corresponde y que muchas veces está ocupado por camelos mediáticos, cuando no fenómenos de feria vocales.

viernes, 29 de enero de 2010

Los troyanos suecos

Joseph Martin Kraus tomándose una cervecita

Aunque parecía que las naves de los troyanos (naves espaciales, según la versión furera) ya se habían alejado de las costas blogueras, hoy vamos a escuchar la obertura de una ópera de tema troyano que, a pesar de ser la obra maestra de su compositor, nunca llegó a estrenarse en vida del mismo, algo parecido a lo que pasó con Les Troyens y Hector Berlioz.

La ópera en cuestión es Aeneas i Cartago, de Joseph Martin Kraus (1756-1792), conocido como "el Mozart sueco", a pesar de ser alemán, porque fue en dicho país donde se desarrolló la mayor parte de su carrera. Como curiosidad, el libreto de la ópera fue escrito por el rey Gustavo III de Suecia, aunque lo arregló y lo acabó firmando un tal Johan Henrik Kellgren. Gustavo III, como sabrán los lectores verdianos, murió asesinado durante un baile de máscaras, lo que reflejó posteriormente Giuseppe Verdi en su ópera Un ballo in maschera, aunque la censura de la época acabó obligándole a cambiar Estocolmo por Boston y al rey Gustavo III por un gobernador británico.

Escuchemos la obertura de Aeneas i Cartago interpretada por la Sinfonia Finlandia Jyväskylä con la dirección de Patrick Gallois.


Vídeo de Meyerbeer1

martes, 26 de enero de 2010

Reflexiones inconexas sobre el Palau de les Arts


Por lo visto, la Lucia di Lammermoor que se ofrece actualmente en el Palau de les Arts no ha llenado ni tiene previsto llenar el teatro en ninguna de sus funciones, a juzgar por las localidades que quedan disponibles. En el Palau de les Arts, a diferencia de lo que pasa en el Liceu o el Real, no hay varios repartos, sólo uno (con posibles cambios puntuales de cantantes de un día a otro) y suele haber entre seis y ocho funciones por título. Quiero decir con esto que, ante la evidencia de que Valencia tiene menos habitantes y por tanto menos público potencial que Madrid o Barcelona, también está la de que este público por fuerza se debe concentrar en las, comparativamente, pocas funciones que se ofrecen. Pero es que ni aun así se llena el teatro. ¿Por qué?

Podemos hablar de diversos factores. Uno es que el título o el reparto no llaman demasiado la atención. Podría ser, Lucia di Lamermoor no tiene el tirón de Butterfly o Traviata, que sí llenan el teatro, pero lo cierto es que se trata de un título de los tradicionales que si son servidos con un reparto adecuado (y a priori el de Les Arts es más que correcto) y con una buena puesta en escena, debería garantizar la asistencia. Tantas quejas como se escucharon hasta hace nada acerca de la falta de belcantismo en la programación de Les Arts y cuando por fin llega, el público no responde. ¿Seguimos dando credibilidad a los eternos enemigos de cualquier programación que salga de sota, caballo y rey? El caso es que me cuesta creer que cualquier otro teatro de España no se llenaría con este título.

Podemos también hablar de la falta de turistas operísticos que llenen los huecos que deja el público local. Pero ¿cómo pretendemos que vengan turistas cuando no existen las mínimas infraestructuras para recibirlos? Pero es que no hay ni un triste bar donde se puedan comer un pincho de tortilla cuando acaba la función, no digamos ya un buen restaurante donde el turista adinerado pueda dejarse el sueldo. Por no haber, no hay ni un servicio decente de transporte público que conecte la zona con el centro de la ciudad. Si pese a todo, el turisa operístico quiere venir, nos encontramos con otro problema: la temporada de Les Arts se hace pública muy tarde, mucho más tarde que la del resto de teatros con los que compite para atraer al público viajero, con lo que es posible que cuando el turista se entere de la programación ya tenga sus viajes planeados y no esté dispuesto a cambiar sus planes.

Y pasamos de puntillas sobre el hecho de que en Les Arts nos han acostumbrado durante años a que cualquier parecido entre el reparto anunciado y el que acaba cantando sea pura coincidencia, algo que muchos turistas puede haber sufrido y quizá les haya quitado las ganas de repetir. Lo cierto es que, en lo que llevamos de la presente temporada, esto no ha pasado, así que no le demos mayor importancia.

Otro factor, quizá el más decisivo, es que en Valencia no hay una tradición operística (me refiero a la época más reciente), por lo que no existe aún el público consolidado con el que cuentan teatros con una andadura más larga. Cierto es, pero entonces: ¿Por qué se ha construído un teatro monumental, se ha contratado a una gran orquesta y a no uno, sino dos de los directores más caros del mundo? ¿Buscando atraer al turismo? Ya vemos que no lo han conseguido, pero creo que esa es la clave. Un error de bulto, parecido al de la Fórmula 1 o la visita del Papa, eventos cuyo coste es superior a los beneficios que aportan para la ciudad a nivel turístico. Eso sí, nuestros amados líderes pueden lucir sus mejores galas y salir sonrientes en la foto.

Ah, y me dejaba la falta de publicidad, aunque después de la campaña con cantantes en el mercado que tanto éxito ha tenido, al menos en cuanto a comentarios recibidos en youtube, y el folleto en el que se informaba al público de que para ir a la ópera no hacía falta llevar smoking ni pajarita y que la ópera no era sólo para ricos, quizá sería más conveniente hablar de lo poco acertado de la publicidad o de su nula efectividad.

De momento la cosa va adelante, pero antes o después, sobre todo en época de crisis, alguien acaba haciendo cuentas y pensando que no compensa, que el gasto es muy grande y no vale la pena porque el público soberano ya ha demostrado que no está por la labor de ir a la ópera, así que se cierra la paraeta. Claro, cerrarla suena a fracaso, así que se matiene abierta, pero cambiando la excepcional orquesta por otra de medio pelo que cueste la cuarta parte, cambiando a Maazel y Mehta por algún batutero que cobre la milésima parte y trayendo cantantes de saldo. Y luego se venden los cambios como un éxito económico de nuestros gestores, que han reducido los gastos considerablemente. Entonces ¿qué nos quedará? ¿Convertirnos en unos abuelos cebolleta prematuros, recordando cuando teníamos una gran orquesta y no uno, sino dos grandes directores? A mí la perspectiva de convertirme en abuelo cebolleta en breve no me parece nada atractiva.

Antes de que tal cosa suceda, recapacitemos: ¿Alguien cree que este modelo de gestión es sostenible? Yo, al menos, tengo claro que no. ¿Cuál es el problema? Principalmente, que buscando dotar a Valencia de una referencia cultural-turística de primer nivel, se empezó la casa por el tejado y ha quedado un tejado muy bonito, mejor incluso que el de otros teatros españoles, pero debajo de ese tejado no hay ni paredes, ni cimientos, ni nada. Los cimientos cuestan de crear y lucen poco, pero son los que sostienen la casa. Ciudades como Bilbao, Oviedo o Jerez tienen cimientos, siguiendo con el símil arquitectónico; Valencia sólo tiene tejado.

Yo también disfruto como el que más con Maazel, con Mehta, con la orquesta y el coro y con muchos de los cantantes que han pasado por aquí, pero aun con todo eso, cambiaría gustosamente tanto relumbrón por otro modelo de gestión que propiciase menos gasto, menos déficit y que garantizase que vamos a tener ópera de calidad, aunque puede que no de tanta calidad, durante muchos años, tanto en épocas de bonanza como en épocas de crisis. Aunque no incluyese a Maazel y Mehta, ya que, seamos sinceros, si Madrid o Barcelona no se pueden permitir directores de tal caché, ¿no ha sido lo de traerlos a los dos a Valencia una machada?

Aún estamos a tiempo para cambiar de modelo, para intentar construir unos cimientos y unas paredes para nuestro tejado, aunque creo que nadie está por la labor.

Y no he mencionado a Helga ni una sola vez, para que no digáis.

sábado, 23 de enero de 2010

Morley, Shakespeare y James Laing


En la entrada anterior escuchamos la canción de Gerald Finzi It was a lover and his lass, con texto de William Shakespeare sacado de su obra As You Like It (Como gustéis).

Como apuntó Glòria con su comentario, no es esta la única versión musical que se conoce de este texto, y entre ellas destaca la de Thomas Morley. As You Like It es una comedia pastoral en la que se incluyen numerosas canciones, que originalmente cantaban los actores, aunque no sabemos con qué melodías. Sin embargo, podemos hacer una deducción.

Thomas Morley (1157-1602) fue un compositor y organista, máximo representante de la escuela de madrigalistas ingleses y el único contemporáneo de Shakespeare cuya música para uno de sus textos ha sobrevivido. Morley y Shakespeare coincidieron en Londres, donde ambos habían ido para probar suerte con sus respectivos talentos artísticos, consiguiendo los dos un éxito considerable. Es más, coincidieron en la misma parroquia (St. Helen's, Bishopgate), por lo que es de suponer que ambos se conocerían. No está probado, pero si Shakespeare escribió una comedia llena de canciones y se conserva una partitura de Morley para una de esas canciones, no es descabellado pensar que hubo una colaboración entre los dos artistas y que, por lo tanto, la melodía que se cantó en el estreno de As You Like It fue la que vamos a escuchar a continuación en la voz del contratenor James Laing, con David Sanz a la guitarra.


Vídeo de LiceuOperaBarcelona


Escucharemos también una versión más teatral, perteneciente a una película de 1978 basada en la obra de Shakespeare y protagonizada por Helen Mirren. Los niños que la cantan, miembros del coro de la Catedral de St. Paul, son Paul Phoenix (actualmente en los King's Singers) y Barry Holden.


Vídeo de paracletelux