domingo, 29 de junio de 2008

Poker de reyes (de los elfos)


Reyes de los elfos como el que aparece en el célebre lied Erlkönig, compuesto por Franz Schubert sobre un poema de Johann Wolfgang von Goethe.

¿Quién cabalga tan tarde a través del viento y la noche?
Es un padre con su hijo.
Tiene al pequeño un su brazo
Lo lleva seguro en su tibio regazo.

"Hijo mío ¿Por qué escondes tu rostro asustado?"
"¿No ves padre al Rey de los Elfos ?
¿El Rey de los Elfos con corona y manto?"
"Hijo mío es el rastro de la neblina."

"¡Dulce niño ven conmigo!
Jugaré maravillosos juegos contigo;
Muchas encantadoras flores están en la orilla,
Mi madre tiene muchas prendas doradas."

"Padre mío, padre mío ¿no escuchas
Lo que el Rey de los Elfos me promete?"
"Calma, mantén la calma hijo mío;
El viento mueve las hojas secas. "

"¿No vienes conmigo buen niño?
Mis hijas te atenderán bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullaran y bailaran para que duermas."

"Padre mío, padre mío ¿no ves acaso ahí,
A las hijas del Rey de los Elfos en ese lugar oscuro?"
"Hijo mío, hijo mío, claro que lo veo:
Son los árboles de sauce grises."

"Te amo; me encanta tu hermosa figura;
Y si no haces caso usare la fuerza."
"¡Padre mío, padre mío, ahora me toca!
¡El Rey de los Elfos me ha herido!"

El padre tiembla y cabalga mas aprisa,
Lleva al niño que gime en sus brazos,
Llega a la alquería con dificultad y urgencia;
En sus brazos el niño estaba muerto.


El cantante debe demostrar aquí su capacidad expresiva para diferenciar entre los cuatro personajes que aparecen en la canción, el narrador, el niño, el padre y el diabólico Rey de los Elfos. También la música es distinta cuando cada uno de ellos tiene la palabra. Según indica la wikipedia:

El narrador: rango medio en modo menor.
El padre: rango bajo y canta en modo menor y modo mayor.
El hijo: rango alto y modo menor, de esta forma representando el miedo.
El Rey de los Elfos: línea vocal ondulante, va de arriba y abajo con un acompañamiento de arpegio, esto resulta en un marcado contraste y esta en modo mayor. El Rey de los Elfos es generalmente cantado en pianissimo dando un tono de furtiva persuasión.

Escuchemos ahora a cuatro grandes liederistas cantando este lied.

Dietrich Fischer-Dieskau


 
Vídeo de gothware

Marian Anderson




Vídeo de recordholdings

Alexander Kipnis




Vídeo de TheGreatPerformers

Jessye Norman




Vídeo de texmex0303
Existen dos variantes sobre la pieza de Schubert. La primera, que pasamos a escuchar, es una orquestación realizada por Hector Berlioz. Canta Anne Sofie von Otter y dirige Claudio Abbado:




Vídeo de elaine666
La segunda variante es una versión para piano solo que realizó Ferenc Liszt. Se la escucharemos a uno de los alumnos del propio Liszt, el escocés Frederic Lamond.




Vídeo de d60944

viernes, 27 de junio de 2008

You keep it all in - The Beautiful South

Me encanta como el aparentemente inofensivo grupo británico The Beautiful South es capaz de decir las barbaridades más grandes envueltas en melodías tan inocentes que pueden pasar desapercibidas a quien no esté con la oreja preparada. Valga como ejemplo la canción You keep it all in, de su album de debut de 1989.


Vídeo de TimeToEatFood

You know your problem
You keep it all in
You know your problem
You keep it all in

That's right
The conversation we had last night
When all I wanted to do was
Knife you in the heart
I kept it all in

You know your problem
You keep it all in
You know your problem
You keep it all in

Midnight, a husband getting ready to fight
A daughter sleeps alone with the light
Turned on, she bears but
Keeps it all in

Just like that murder in '73
Just like that robbery in '62
With all there things that have happened to me
I kept it all in
Why do you keep on telling me now?

You know your problem
You keep it all in
You know your problem
You keep it all in

That's sweet
That conversation we had last week
When you gagged and bound me up to my seat
You're right, I do
I keep it all in

¿Sabes cuál es tu problema?
Que te lo guardas todo dentro.
¿Sabes cuál es tu problema?
Que te lo guardas todo dentro.

Tienes razón.
La conversación que tuvimos anoche,
cuando todo lo que quería era
clavarte un cuchillo en el corazón,
me lo guardé dentro.

¿Sabes cuál es tu problema?
Que te lo guardas todo dentro.
¿Sabes cuál es tu problema?
Que te lo guardas todo dentro.

Medianoche, un marido se prepara para pelear,
una hija duerme sola con la luz encendida,
aguanta pero
se lo guarda todo dentro.

Como aquel asesinato en el 73,
como aquel atraco en el 62,
todas las cosas que me han pasado,
me las he guardado dentro,
así que ¿por qué insistes con eso ahora?


¿Sabes cuál es tu problema?
Que te lo guardas todo dentro.
¿Sabes cuál es tu problema?
Que te lo guardas todo dentro.

Qué bonito,
la conversación que tuvimos la semana pasada,
cuando me amordazaste y me ataste a la silla,
es verdad, lo hago,
lo guardo todo dentro.

miércoles, 25 de junio de 2008

Cierre de lujo para el wagnerianismo imperante

Hace unos meses enlacé en el blog un vídeo de youtube donde podíamos ver al gran Lauritz Melchior cantando una canción de Grieg, Yie elska die, y entonces prometí que colgaría otro vídeo, sacado de una película al igual que el primero, donde cantaba Winterstürme, de Die Walküre. Pues bien, se me ha ocurrido que, ahora que ha acabado el Siegfried de les Arts y parece que vamos a dejar de hablar de Wagner por un tiempo, qué mejor forma de hacerlo que con este gigante del canto wagneriano.


Vídeo de hvolsvellir

Y eso que ya estaba mayor, ¿eh? Pues más mayor aún estaba en el siguiente vídeo, pero aún así, a ver cuántos tenores jóvenes son capaces de cantar In Fernem Land, de Lohengrin, como Melchior. No hace falta que contestéis, ya sé la respuesta, por desgracia.


Vídeo de Onegin65

lunes, 23 de junio de 2008

Siegfried se despide del Palau de les Arts

A estas alturas, cuando ya todo el mundo ha visto el Siegfried de les Arts y ha opinado sobre él, es difícil decir algo que no se haya dicho. Es lo malo de asistir a la última función, aunque sigo prefiriéndolo así porque, a decir de los que asisten a más de una, suele ser la mejor, supongo que debido al rodaje adquirido en las tres anteriores. Ayer, sin embargo, tenía miedo de que el tenor ruso Leonid Zakhozhaev hubiese forzado la máquina vocal y hubiese llegado a esta función demasiado fatigado. Por suerte, parece que no fue así, aunque aún estando aparentemente fresco, su rendimiento en este papel no acabó de satisfacerme.


Leonid Zakhozhaev tiene una voz lírica y de timbre bonito, pero insuficiente para un papel como Siegfried. Habrá quien preferirá su acercamiento lírico antes que el de un auténtico heldentenor de estilo más brusco y de voz leñosa (heldentenors que no sean bruscos y que tengan un timbre hermoso ya no hay, por desgracia). Yo no, yo hubiese preferido más potencia vocal, aún sacrificando el timbre. Zakhozhaev no cantó de forma tosca, pero se veía forzado a romper la línea de canto cada vez que llegaba un momento comprometido y sus agudos sonaban apagados, como tragados. Su escena de la forja fue claramente insuficiente, y eso que contó con la complicidad de un Zubin Mehta que retuvo el volumen orquestal para no taparle por completo. Su mejor momento llegó en el tercer acto, el más adecuado para el lirismo de su voz. Llegó fatigado, como es lógico, pero con el fuelle suficiente como para acabar la ópera en condiciones.

El papel de Mime fue interpretado en esta función por Ulrich Ress, quien no me hizo añorar en ningún momento el magnifico Mime que cantó Gerhard Siegel el año pasado y que, no sé por qué, sólo ha cantado en dos funciones de este Siegfried. Ress se mostró como un charaktertenor solvente, sin ser excesivamente ridículo en su caracterización del herrero nibelungo. Además tiene un volumen importante que puso en más de un apuro a Zakhozhaev por el agravio comparativo.

Franz-Josef Kapellmann estuvo correcto como Alberich, Olga Peretiatko muy bien como pájaro del bosque y Stephen Milling más que bien como Fafner. La Erda de Catherine Wyn-Rogers destacó en los graves majestuosos y falló ligeramente en el agudo, aunque en conjunto me gustó.

Esperaba ansiosamente la llegada del tercer acto para volver a escuchar la Brünnhilde de Jennifer Wilson que tanto me gustó el año pasado en Die Walküre. No me decepcionó, cantó con clase y dominando un instrumento de una potencia apabullante. Brünnhilde es un papel que se presta al grito, es un lujo haber encontrado una valquiria que canta, y encima que canta bien, en vez de gritar, y que además clava las notas con una precisión pasmosa. Bravo por ella.

Igual de bien que Jennifer Wilson estuvo Juha Uusitalo como Caminante. El suyo es un Wotan muy humano, sabe transmitir con su canto la complicada psicología del personaje, lo que compensa con creces su punto flaco, la falta de una severidad que quizá sí tendría si sus graves fuesen más rotundos. Quizá con los años acabará ganando en el grave, pero aunque no fuese así estamos ante un Wotan de primer nivel, por potencia vocal y por la extraordinaria expresividad de su canto.

Zubin Mehta siguió en la línea que empezó el año pasado con el prólogo y la primera jornada del Anillo, un Wagner de sonidos limpios y claros, sin brusquedades, explorando todos los matices que sólo una orquesta de tanta calidad como la Orquestra de la Comunitat Valenciana puede expresar. Cierto es que la escena de la forja fue demasiado suave, aunque puede que fuese mejor esto que dar rienda suelta a la potencia orquestal y tapar por completo al pobre Zakhozhaiev, pero hubo dos momentos en los que me pareció sublime: los murmullos del bosque y el preludio del tercer acto. En todo el resto de la obra me gustó mucho su dirección. Es de destacar que en las cuatro horas de música sólo escuché una ligera desafinación en el viento metal. Puede que hubiese más y yo no fuese capaz de detectarlas, pero me parece elogiable la calidad de los músicos de la orquesta ante una obra tan extensa y complicada.

Sobre la puesta en escena de La Fura dels Baus, con Carlus Padrissa a la cabeza, no me voy a extender. Su Das Rheingold me pareció maravilloso, en Die Walküre mantuvieron el nivel, si bien el libreto les daba menos oportunidades para lucirse. En esta obra continúan en un nivel alto, sobre todo en un primer acto muy bien resuelto. Es fascinante ver como, cuando Mime le hace las tres preguntas al Caminante, la escena se transforma en cuestión de segundos en el Nibelheim que pudimos ver el año pasado en Das Rheingold, ese híbrido entre matadero y cadena de montaje que tanto me impresionó, para después dar entrada a los gigantes Fasolt y Fafner y por último a Wotan cantando desde las alturas, literalmente sobre el foso de la orquesta, mientras la luz del Walhalla inundaba todo el teatro. El segundo acto me gustó menos, quizá mis expectativas respecto al dragón eran demasiado altas, y en el tercer acto me gustó la intoducción, con ese vuelo vertiginoso sobre la cima de las montañas y con la salida de Erda del centro de la Tierra, pero no me gustó la reaparición de la paella donde reposa Brünnhilde (aunque era inevitable, en aras de la unidad dramática) ni las imágenes de líquidos durante el dúo final.

Nota curiosa: Hubo deserciones al final del primer acto, supongo que debido a que muchos preferirían irse a ver el España-Italia por la tele. Eso me permitió cambiar mi localidad lateral por una un poco más centrada por todo el morro. Al final, fue Zubin Mehta, durante los aplausos, quien mandó parar al público para anunciar que España había ganado. Por cierto, el de ayer fue un público muy caluroso, aplaudió y braveó con ganas, sobre todo cuando los músicos subieron al escenario junto con Mehta.

sábado, 21 de junio de 2008

Giulio Cesare: vino, vio y venció.

Muchas veces uno lee por ahí que la ópera barroca es aburrida y que es mejor representarla en versión concierto porque apenas se presta a la dramaturgia. El primer argumento, no nos andemos con tonterías, es falso. Habrá quien se aburrirá porque tiene que haber gente para todo, pero la ópera barroca no es objetivamente aburrida, o por lo menos no más que cualquier otra corriente musical. El segundo argumento también es falso y eso se pudo comprobar ayer en una gran velada musical que hubiese sido apoteósica de haberse representado en un teatro pero que quedó en cierta medida lastrada por la falta de dramaturgia.

No hubo ayer escenografía, ni vestuario, pero sí hubo actuación. Lawrence Zazzo (Giulio Cesare) se movió por todo el escenario, gesticuló, corrió, abrazó a Cleopatra, le ofreció una diadema que sólo existía en su imaginación y en el libreto. La primera vez que pude verlo ya noté que le costaba mucho permanecer quieto y cantar sin actuar, y eso que entonces cantaba el Mesías y poca actuación puede haber en esa obra. Ayer volví a comprobar que está mucho más cómodo actuando que cantando sin más. Pero no penséis los que no pudisteis venir que Zazzo es un caso de hiperactividad a lo Villazón, nada más lejos de la realidad. No resultó histriónico ni se movió más de lo natural, simplemente actuó como si de una ópera representada se tratara, lo que fue de agradecer porque al fin y al cabo, por mucha versión concierto que fuese, lo que estábamos escuchando era una ópera. Vocalmente me gustó mucho, sin tener el instrumento privilegiado y la inteligencia musical de un Jaroussky es capaz de mantener una línea de canto muy natural y de alcanzar unos sonidos de gran belleza. Hubo un momento, durante un recitativo, en el que mantuvo un pianissimo durante varios segundos (con la complicidad del director, obviamente) y me dejó con la boca abierta, es uno de los sonidos más bellos que he escuchado en mi vida. Desgraciadamente, uno de sus principales momentos de lucimiento, el aria Va tacito, se vió perjudicada por las desafinaciones en la trompa, aunque el da capo fue perfecto, pero pudo resarcirse cantando un Se in fiorito ameno prato de antología.

Sandrine Piau (Cleopatra) no estaba muy por la labor de actuar, pero sí por la de cantar estupendamente. Aunque empezó con corrección pero algo falta de chispa, acabó conquistando al público en una emocionante Se pietà di me non senti. Sólo por escucharla en esa aria ya valió la pena asistir al concierto de ayer.

El resto de los cantantes estuvieron correctos, pero poco más. No me acabaron de convencer las dos mezzos suecas Kristina Hammarström (Cornelia) y Malena Ernman (Sesto), ni el bajo-barítono Nicolas Rivenq (Aquilla).

Lo mejor fue, como esperaba, la Orquesta Barroca de Friburgo y su director René Jacobs. Sólo la conjunción entre un director tan expresivo y una orquesta que es como una maquina de precisión puede contar con una gama tan amplia de dinámicas y matices. En manos de Jacobs, una partitura que se ha interpretado miles de veces cobra un nuevo sentido, es capaz de hacer que hasta las piezas más conocidas de la obra suenen de una forma nueva y diferente. Con Jacobs, incluso los recitativos más rutinarios adquieren un brillo especial, lo que hace que el espectador esté enganchado al conjunto de la obra más que a arias sueltas. Un director como la copa de un pino que parece tener una querencia especial por el Auditorio de Castellón, lo que es un motivo de alegría para mí.

jueves, 19 de junio de 2008

Va tacito x3

Vamos a acabar el repaso al Giulio Cesare de mañana en el Auditorio de Castellón escuchando una de las arias más célebres de la obra, Va tacito, en tres versiones diferentes. Lo primero que me llama la atención es la similitud entre sus puestas en escena, las tres recalcan la diferencia entre el exotismo del intrigante rey Ptolomeo y la civilización occidental representada por Julio César. Nada nuevo. Eso sí, cada puesta en escena sitúa la acción en una época (o en una mezcla de épocas) y en ningún caso es la época que dicta el libreto de la obra. Tampoco esto es nuevo.

"Va tacito e nascosto
quand'avido è di preda
l'astuto cacciator.
E chi è mal far disposto,
non brama che si veda
l'inganno del suo cor."

Esto es lo que canta Julio César cuando se encuentra con Ptolomeo, rey de Egipto. Aunque en principio es un encuentro amistoso, César sabe que Ptolomeo es poco fiable y que no tardará en traicionarle como ya hizo con Pompeyo, a quien mandó decapitar.

Empecemos con la que me parece mejor lograda, tanto vocal y musicalmente como escénicamente, con un divertido juego de tronos que se elevan que recuerda a El gran dictador de Chaplin. La dirección de escena es de Francisco Negrín, cuyo Orlando vimos recientemente en Les Arts. Canta Andreas Scholl.



Vídeo de Baroquefever

Seguimos con una puesta en escena de David McVicar para el festival de Glyndebourne ambientada en el siglo XIX, durante la ocupación británica de Egipto. Musicalmente la encuentro demasiado lenta y en la introducción el trompista deja mucho que desear. En este caso es una mezzo, Sarah Connolly, quien canta el papel de Julio César. Como curiosidad, el papel de Ptolomeo lo interpreta Cristophe Dumaux, a quien podremos escuchar mañana en el mismo rol.

Vídeo de mariandelochs

Y por último, la puesta en escena más bien fea de Peter Sellars. Jeffrey Gall como Julio César y Drew Minter como Ptolomeo.


Vídeo de alcina69

martes, 17 de junio de 2008

Y ahora, nuestro Giulio Cesare: Lawrence Zazzo


Tras escuchar hace unos días a Sandrine Piau, la Cleopatra de este viernes en el Auditorio de Castellón, le toca ahora el turno al contratenor estadounidense Lawrence Zazzo. Como dije hace poco, Zazzo ya cantó en Castellón hace dos temporadas, en el que fue mi primer encuentro con un contratenor en vivo y del que salí encantado. Tengo ganas de volverle a escuchar ahora que he adquirido más experiencia contratenorística, sobre todo tras las recientes escuchas de Bejun Mehta y Philippe Jaroussky en Valencia.

De la voz de Zazzo me atrae especialmente su timbre aterciopelado, cálido y natural. Su Giulio Cesare se me antoja, a priori, muy alejado del de Andreas Scholl (el que he estado escuchando estos días), cuyo voz tiene una incisividad que no encontramos en Zazzo. Además, sabe resolver las agilidades con corrección y sin que se resienta la belleza tímbrica.

Escuchemos a Lawrence Zazzo cantando el aria de David Oh Lord Whose Mercies Numberless del oratorio Saul de G.F. Haendel, perteneciente a la grabación dirigida por René Jacobs.

Pincha aquí para escuchar 'Oh Lord Whose Mercies Numberless'

Y ahora escuchémosle superando las agilidades del aria All'orror delle procelle, de la ópera Riccardo Primo del mismo compositor.




Vídeo de armycasa