jueves, 24 de marzo de 2011

Canciones encadenadas XVII: Irlanda


En la última entrega del juego de las canciones encadenadas, The Pogues y The Dubliners nos llevaron de Nueva York a Irlanda con su canción The Irish Rover. En esta, vamos a rodearnos de violines, flautas y pelirrojos borrachos escuchando música irlandesa o relacionada con la verde Irlanda.

Empieza el juego Teresa con The Lass of Aughrim, sacada del film The Dead (Dublineses) de John Huston.


Vídeo de RubDMC01

Atticus también opta por una película de temática irlandesa, la inolvidable The Quiet Man, de John Ford, en cuya banda sonora se escucha la canción The Isle of Innisfree de Richard Farrelly, que escucharemos cantada por Anne Shelton.


Vídeo de ferrarial

Seguimos sin salir del cine: Glòria nos trae Women of Ireland, interpretada por The Chieftains, que podemos escuchar en la banda sonora de Barry Lyndon, que dicho sea de paso, es una de mis películas favoritas.


Vídeo de wiktusix

Barbebleue nos saca de la sala de cine con un clásico barbazúlico, Van Morrison, y su canción Irish Heartbeat.


Vídeo de realvsmith

Alfredo nos trae esta intimista interpretación de Irish Ways and Irish Laws de Sinead O'Connor.


Vídeo de ChagrinGauthier

Xim nos descubre a un grupo irlandés, Villagers, con su canción Becoming a Jackal. Dice que tienen un futuro prometedor, y desde luego esta canción lo demuestra.


Vídeo de DominoRecords

José Luis me da a elegir entre la Irlanda dramática y la Irlanda de taberna, no sé si consciente de que mi primera opción siempre será la taberna, hablemos de Irlanda o de cualquier otro lugar. Pero, para evitar la repetición ya que más adelante escucharemos otra versión de la tabernaria Whiskey in the Jar, voy a hacer un esfuerzo y me quedo con la dramática My Love Is in America, de Dolores Keane con Mick Hanley.


Vídeo de ryerin

Kalamar nos trae una canción emblemática si hablamos de Irlanda, Danny Boy, cantada por Judy Garland. Aunque debo decir que a mí me gusta más esta otra versión.


Vídeo de nimbusmiranda

Assur elige el final de Riverdance, un espectáculo de baile tradicional irlandés (stepdance).


Vídeo de Ka3kay

Y por último, mi elección es la versión de la tabernaria Whiskey in the Jar que hizo el grupo de Castellón Tom Bombadil años ha y que se convirtió en uno de los himnos alcohólicos de mi generación: Whisky en el bar. La escucharemos en el que fue el regreso del grupo a la actividad musical en las fiestas de la Magdalena del 2009. Aunque no se me vea, yo estaba entre el público.


Vídeo de tombombadilcs

Para la siguiente entrada, vamos a pensar canciones relacionadas con el WHISKY, posiblemente el licor al que más música se ha dedicado.

domingo, 13 de marzo de 2011

Ligeti, la vanguardia y la autocrítica


"Respecto de la vanguardia se me ocurre la siguiente imagen: Estoy sentado en un avión, el cielo es azul, veo un paisaje. De pronto el avión se sumerge en una nube y todo se vuelve gris y blanco. Al principio, ese tono de gris parece interesante porque contrasta con el paisaje anterior, pero al poco tiempo resulta monótono. Cuando salimos de la nube, se ve de nuevo el paisaje, que ya no es el mismo de antes, ha cambiado totalmente. Con Schönberg y la Escuela de Viena, después con la generación de posguerra de Darmstadt y Colonia (a la cual más o menos yo también pertenecí), en este siglo hemos traspasado esa nube de alta entropía. En el preciso instante en que salgo de esa nube, veo -y lo digo de manera sumamente crítica- que hemos compuesto una música horrible. Nosotros todos, mi generación (no me excluyo). Esa música horrible fue una consecuencia de la música dodecafónica, del cromatismo total."
György Ligeti

Extracto de un diálogo entre György Ligeti y Manfred Stahnke disponible AQUÍ.


Vídeo de ElMiusikman

lunes, 7 de marzo de 2011

Maazel se despide del Palau de les Arts con 1984


Ayer se cerró una etapa de la corta historia del Palau de les Arts con la despedida de quien ha sido el creador y director titular de su excelente orquesta, Lorin Maazel. Se fue demostrando una vez más que es un grandísimo director y que se ha ganado el respeto y la admiración de los miembros de la orquesta, el coro y el público. Desgraciadamente, también ha demostrado que su talento como compositor no es acorde a su buen hacer con la batuta. Y es que su ópera 1984, representada en tan sólo tres ocasiones desde su composición (su estreno en Covent Garden, posteriormente en La Scala y ahora en Les Arts) es un engendro que dificilmente habría visto la luz de no tratarse su autor de quien se trata, si no tuviese las influencias que tiene y si no pudiese imponerla por contrato como todos sospechamos que hizo.

Aunque estaba previsto que esta obra se representase en la segunda temporada de Les Arts, una inundación forzó su retirada del cartel y la pospuso hasta ahora. Creo que a todos nos habría gustado que Maazel se pudiese despedir de su público con una obra de más calado, pero Helga no mandó sus sótanos a luchar contra los elementos y las cosas han venido así. Pese a todo, y como ya dije antes, la escasa entidad de 1984, una mezcolanza de estilos sin demasiado criterio (o peor, con un criterio perverso, lo explicaré a continuación) no ha sido impedimento para que Maazel diese lo mejor de sí mismo sobre el podio e hiciese sonar a la orquesta como sólo él sabe hacerlo.


¿Por qué digo que el criterio a la hora de mezclar estilos de Maazel es perverso? Siguiendo el acertado razonamiento de Fernando López Vargas-Machuca en su crónica de la función del pasado viernes (disponible AQUÍ), Maazel usa la música tonal de inspiración pucciniana (pero sin el talento de Puccini, huelga decirlo) para los momentos de exaltación del amor; el blues, el jazz o el estilo de los musicales de Broadway como recuerdo de una época mejor y como esperanza de un retorno a la felicidad y la música atonal para representar el mundo opresivo del año 1984, la dictadura del Gran Hermano y los tejemanejes de la Policía del Pensamiento. En un momento del segundo acto, cuando Winston escucha a una proletaria cantando una melodía de estilo pseudo-Broadway, dice algo así como: "Los proletarios son el futuro. El Partido grita, los proletarios cantan". Creo que esa es la clave de la obra, y que es una clave perversa. Como bien me dijo maac en el segundo entreacto, si Maazel considera que el Partido grita, podría haberse ahorrado buena parte de los gritos que constituyen el tedioso y excesivamente largo primer acto.

Y es que esa es otra de las razones por las que esta obra no consigue alzar el vuelo: el libreto es excesivamente descriptivo y poco teatral. Insiste una y otra vez en retratar un mundo que el espectador con un poco de cultura literaria ya conoce y hace que los personajes caigan con frecuencia en el monólogo infructuoso, totalmente ajeno a la acción. Los momentos con una música más elaborada, como la intervención de Syme o la clase de gimnasia, ambos en el primer acto, están absolutamente aislados de la trama y no tienen otra función que la de servir de ambientación.


Vocalmente, hay que destacar la actuación del Cor de la Generalitat, con el que Maazel se mostró inmisericorde al enfrentarlos a un volumen orquestal excesivo, y de los coros infantiles (Escola Coral Veus juntes de Quart de Poblet, Escolanía de la Mare de Déu dels Desamparats y Pequeños Cantores de Valencia).

Entre los solistas, me gustó Michael Anthony McGee como Winston Smith, más en lo actoral que en lo puramente vocal (habría que escucharlo en alguna obra más cantable para hacerse una idea de sus posibilidades). Nancy Gustafson (Julia), cuya voz acusa el paso del tiempo, no tiene problemas con un papel hecho a su medida. Lo mismo puede decirse del tenor Richard Margison (O'Brien), otra voz importante pero gastada, que me pareció el mejor cantante de cuantos subieron al escenario ayer. Tanto Silvia Vázquez como Andrew Drost, la primera en su doble papel de monitora y de borracha, el segundo como Syme, se enfrentan a una partitura difícil y la salvan de forma impecable. También Lynton Black (Charrington) y Mary Lloyd-Davies (proletaria) cumplen con corrección en sus breves papeles, así como la soprano Irina Ionescu cuyos sobreagudos se oyen por encima del coro de la primera escena y doblan por momentos a Syme en su primera intervención. Graeme Danby (Parsons) fue el único que no dio la talla y quedó tapado por la orquesta con facilidad.

Así como todas las críticas han coincidido en la mediocridad de la música y el libreto, también hay unanimidad en la buena opinión que merece la puesta en escena de Robert Lepage, basada en una plataforma giratoria que sirve para crear diversos ambientes, ayudada por el uso de proyecciones. La estética está muy lograda, mezclando elementos propios de la dictadura stalinista que inspiró a Orwell con otros que le resultan más cercanos al público actual, como los monos de color naranja de los prisioneros que inmediatamente relacionamos con Guantánamo. Lo mejor, sin embargo, no está en la escenografía ni en el vestuario, ambos muy logrados, sino en la cuidadísima dirección de actores, que consiguió sacar lo mejor de cada intérprete, especialmente del protagonista, al que somete a un gran desgaste físico.


A pesar de que su propia obra no está a su altura como director, Maazel fue braveado y aplaudido efusivamente por el público, más como agradecimiento por su labor durante los últimos años que por su calidad como compositor. Como su despedida coincidió con su 81 aniversario, la orquesta le sorprendió tocando "cumpleaños feliz", que fue coreado por el público y acompañado por el lanzamiento de octavillas y papelitos de colores. Tras largos minutos de aplausos, se cerró el telón y con él la primera etapa del Palau de les Arts. Queda por depejar la incógnita que a todos nos preocupa, si la orquesta superará la marcha de su creador y la escasez presupuestaria de Les Arts sin perder su calidad.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Maazel y el contrabajo más pequeño del mundo

Buscando información sobre la ópera 1984 de Lorin Maazel he dado con este vídeo, que no tiene nada que ver con tal obra sino con tal año, concretamente con el vienés concierto de año nuevo en el que Maazel, director de turno, decidió interpretar una polka de Johann Strauss él mismo con su contrabajo, si hacemos caso del locutor de TVE.


Vídeo de munrraku

sábado, 19 de febrero de 2011

Nixon, Ross, Schoenberg y unas señoritas enseñando cacho


Algunos de los que estáis leyendo esto acudísteis la semana pasada a los cines de vuestra ciudad en los que se proyectaba en directo desde el Met la ópera Nixon in China de John Adams. Otros, como yo, vivimos en el culo del mundo y no tenemos ningún cine cerca al que acudir a ver óperas, lo que no nos impide hablar sobre ello, como demuestran estas líneas, porque como ya he dicho varias veces, si sólo hablásemos de lo que conocemos iba a tener un blog el maestro armero.

Pues bien, me dispongo a hablar de la reciente retransimisión de Nixon in China, ópera de la que sólo he escuchado fragmentos y que me despierta mucha curiosidad (aunque debo decir que he escuchado otros trabajos del mismo autor y nunca han acabado de convencerme) más por lo que tuvo de peculiar su retransmisión que por sus cualidades musicales, ya comentadas ampliamente en otros blogs como In Fernem Land o Calamares en su tinta. Y concretamente, lo que me lleva a escribir sobre esta ópera es el hecho de que una obra de reciente composición forme parte del repertorio, al menos al otro lado del Atlántico, donde se ha venido representando con cierta frecuencia desde su estreno en 1987. De hecho, actualmente está representándose al mismo tiempo en el Met de Nueva York y en el Four Seasons Centre de Toronto, sede de la Canadian Opera Company, y está programada en las temporadas de ópera de Kansas City y San Francisco el próximo año.


Vídeo de musicvideoing

Independientemente de mi opinión sobre la obra, aún no formada, o sobre mi parecer sobre la música de John Adams en general, debo decir que me alegro de que una obra actual haya conseguido entrar a formar parte de un repertorio que parecía inmutable y que corría el riesgo de apolillarse o de expandirse sólo gracias al redescubrimiento de partituras olvidadas del pasado. Siempre he defendido que cada época necesita de unos artistas que hablen de temas que interesen a su público y lo haga en un lenguaje propio de la época, y me parece antinatural que haya quien, en el siglo XXI, sienta más afinidad con las historias románticas de Walter Scott o Victor Hugo musicadas por Donizetti o Verdi que con los temas de los que tratan las óperas de John Adams. Ojo, estoy hablando de temática, que no de calidad musical. Yo soy el primero que disfruta como un enano con Lucia di Lammermoor o Ernani, pero reconozco que esas óperas tratan temas que interesaban al público en la época de sus estrenos y ahora han quedado como piezas de museo, al igual que las obras literarias en las que se basaban.

Supongo que aquí es donde saltará más de uno diciendo que más vale malo conocido que bueno por conocer, que el público sigue prefiriendo las obras de toda la vida antes que estas moderneces y que siempre tendrá más éxito una buena Tosca que un Nixon in China. Bueno, pues no es así, o al menos no lo es a todos los niveles. A raiz de la retransimisión de Nixon in China se ha visto un movimiento en las redes sociales, concretamente en Twitter, que nunca antes se había producido. Y este movimiento, este interés de un público joven por comentar sus impresiones acerca de una ópera, a veces incluso en directo, no se ha producido con una Tosca, ni con una Traviata, ni con una Valquiria, sino con Nixon in China. Como comentan algunos tweets (podéis leerlos AQUÍ), es el primer hashtag con temática operística que recibe un seguimiento masivo desde que existe Twitter. El crítico musical Alex Ross, autor del célebre libro sobre música contemporánea The Rest is Noise (traducido pésimamente al castellano por culpa de Luis Gago como El ruido eterno) comentó, también a través de Twitter: "It's very fun—actually kind of thrilling—to read the twitterwide reaction to #nixoninchina. Is this prophetic?" (Es muy divertido -en realidad algo excitante-leer la reacción en twitter a #nixoninchina. ¿Es esto profético?). Pues posiblemente la respuesta sea sí.

En nuestro país también se está a punto de producir una conjunción de obras contemporáneas, pues al reciente estreno de La página en blanco de Pilar Jurado en el Tetro Real de Madrid se une la inminente aparición de 1984 de Lorin Maazel en la cartelera del Palau de les Arts. Quienes han asistido al estreno de la primera comentan que tiene ciertos aspectos positivos, aunque no consigue superar el lastre que le supone un pésimo libreto, lo que parece augurarle una corta vida. Tampoco 1984, que servirá como despedida de su autor como director titular del Palau de les Arts, parece que vaya a sobrevivirle, pues hasta ahora su programación en los teatros ha ido unida a su presencia como director y no sería descabellado pensar que el propio Maazel la ha impuesto como condición ineludible al firmar su contrato. En cualquier caso, el hecho de que se estrenen obras nuevas, sean mejores o peores, es siempre una señal de que el género sigue vivo.


Vídeo de elnim

Me dejo para el final una reflrexión que no es mía, sino del ya mencionado Alex Ross en el ya mencionado libro The Rest is Noise. Es bastante habitual escuchar voces entre el público que acusan a los autores contemporáneos de no estar interesados en agradar al público, de sentirse superiores y componer música extremadamente difícil, cuando no directamente experimental, sin tener en cuenta que a quienes asisten a los teatros les gusta la melodía tradicional, sin atonalismos, sin dodecafonismos, sin minimalismos, sin rarezas de esas. Es también habitual, desgraciadamente, escuchar que la ópera murió con Puccini o como mucho con Strauss y la culpa es de los compositores que, a partir de entonces, se olvidaron del público. Pues bien, eso no es así, no fueron los compositores quienes dieron la espalda al público sino el público quien dió la espalda a los compositores. Y si hay un caso en el que este cambio de actitud queda patente, ese es el de Arnold Schoenberg.

Schoenberg, de origen humilde, tuvo que luchar y esforzarse para poder estudiar música primero y para llegar a estrenar sus composiciones después. Heredero de la tradición romántica de Brahms, Wagner y Mahler, sus primeras composiciones suponen una evolución, nunca una ruptura, del estilo imperante en la época, una vuelta de tuerca a la música de Mahler, Strauss, Zemlinsky... Quien escucha piezas tempranas como el sexteto de cuerdas Verklärte Nacht o los Gurre-lieder esperando encontrarse con algo árido y escabroso, al estilo de las composiciones serialistas del Schoenberg maduro, suele sorprenderse porque son mucho más fáciles de lo que creía, el hilo que las une con grandes favoritos del público como los mencionados Mahler y Wagner es evidente. Podemos decir, y diremos bien, que Schoenberg tuvo en cuenta los gustos del público cuando las compuso, limitándose a dar un paso más en la evolución musical. Sin embargo...

...los compositores sí tenían una buena razón para revelarse contra el gusto burgués: el culto del pasado imperante amenazaba su propio sustento. Viena estaba realmente obsesionada con la música, pero estaba obsesionada con la vieja música, con las obras de Mozart y Beethoven y el ya fallecido doctor Brahms. Estaba moldeándose un canon y las obras contemporáneas estaban empezando a desaparecer de los programas de concierto. A finales del siglo XVIII, el 84 por ciento del repertorio de la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig estaba integrado por música de compositores vivos. En 1855, la cifra había descendido al 38 por ciento, en 1870 al 24 por ciento. Entretanto, el gran público estaba enamorándose del cakewalk y de otras novedades populares. El razonamiento de Schoenberg era el siguiente: si el público burgués estaba perdiendo interés por la nueva música, y si el emergente público masivo no tenía apetito de música clásica, nueva o vieja, el artista serio debería dejar de agitar sus brazos en un intento de llamar la atención y retirarse, en cambio, a una soledad en compañía de sus propios principios.
extracto de The Rest is Noise, de Alex Ross

Schoenberg, por lo tanto, no dió la espalda al público, sino que, tras ver como el público le daba la espalda, decidió concentrarse en sus experimentos, ajeno a la recepción que estos tenían entre una audiencia cerrada a cualquier novedad. De estos experimentos con la atonalidad surgió el serialismo, que supuso otro paso adelante en la evolución de la música occidental y gracias al cual podemos disfrutar de auténticas maravillas como su ópera Moses und Aron o Wozzeck y Lulu, de su discípulo Alban Berg. Sin embargo, Schoenberg siempre lamentó en su fuero interno esta desconexión con el público. En otro capítulo del libro de Alex Ross, Ronald Schoenberg, hijo del compositor, recuerda como una vez, cuando la familia se había trasladado e Estados Unidos huyendo del Tercer Reich, entraron en un bar de zumos en la Autopista 1 y la radio estaba emitiendo Verklärte Nacht. "Jamás lo vi tan contento", dice.

Así pues, si fue el público quien cerró las puertas a los músicos contemporáneos, obligándoles a iniciar la travesía del desierto, también debe ser el público quien salga al encuentro de los compositores, interesándose por sus creaciones, apoyando las que crean mejores y perdiendo de una vez por todas ese miedo a lo moderno y esa obsesión acomodaticia que hace que muchos se cierren en banda ante cualquier cosa que no sea su enésima Tosca o su enésima Traviata. Que hay vida después de Puccini.

Y para acabar, os dejo con el vídeo marciano de la semana, recién encontrado en Youtube. Una mezcla de imágenes de bellas señoritas de senos turgentes con Verklärte Nacht como fondo musical con el inquietante título "Tetas y Schoenberg, no necesitas nada más". Una combinación que nunca se me habría ocurrido y que de buen seguro habrá atraído a más de uno hacia la música de Schoenberg. No me preguntéis quién lo ha colgado ni qué pretendía con ello, que yo soy el primer sorprendido.


Vídeo de darkmoma

martes, 8 de febrero de 2011

Canciones encadenadas XVI: New York


La última edición del juego de las palabras encadenadas la cerró Lou Reed con su Romeo Had Juliette, sacado de su álbum New York. En esta nueva edición vamos a escuchar canciones inspiradas por esta ciudad norteamericana.

Abre el juego Alfredo con Chelsea Hotel, la canción que Leonard Cohen le dedicó a Janis Joplin.


Vídeo de ark80

Xim rescata a Nina Hagen del punk de los 80 con New York New York.

Vídeo de Zekitcha2

Allau opta por el Manhattan de Rodgers & Hart en la voz de Ella Fitzgerald.


Vídeo de phalenopsis1

Glòria se acuerda de No hay marcha en Nueva York de Mecano. Con versos tan gloriosos como "No hay marcha en Nueva York / y los jamones son de York".


Vídeo de Mecano7

José Luis prefiere la versión de estudio de New York's Not My Home de Jim Croce, pero como el usuario que la colgó en youtube ha cerrado su cuenta, nos conformaremos con este directo, que también está muy bien.


Vídeo de ppmcsk

Barbebleue vuelve a uno de sus clásicos: Jefferson Airplane, esta vez filmados por Jean-Luc Godard en una azotea neoyorquina.


Vídeo de dustasdu

Kalamar elige el corto PIXELS, de Patrick Jean, en el que los videojuegos invaden la gran manzana.


Vídeo de onemoreprod

Assur pide la escena del museo de historia natural de Un día en Nueva York cantada por Ann Miller. ¿Es esta, por un casual?



Atticus sigue a Assur en su elección hollywoodiense y elige Puttin' On the Ritz, de Irving Berlin, en la interpretación de Fred Astaire en la película Blue Skies. Yo prefierto la de Gene Wilder y Peter Boyle en El jovencito Frankenstein, pero vaya, esta tampoco está mal.


Video de inonemus

Baltolkien me daba a elegir entre dos canciones y la ganadora ha sido New York City Boys de Pet Shop Boys.


Vídeo de Parlophone

Joaquim también extrae su elección de una película, concretamente de New York, New York, de Martin Scorsese, en la que Liza Minelli canta el tema homónimo de Kander & Ebb.


Vídeo de Nimopota

Y seguimos en el cine con la elección de Teresa, la emocionantísima Innocent When You Dream de Tom Waits, sacada de la película Smoke de Wayne Wang.


Vídeo de badhill

Ya solo queda mi elección, que en este caso es The Irish Rover, interpretada por The Dubliners y The Pogues, que cuenta la historia de un barco que salió del puerto de Cork con un cargamento de ladrillos para construir el ayuntamiento de Nueva York. ¿Acaso no podían fabricar ladrillos en América?


Vídeo de whiteSM05

Para la siguiente entrada, siguiendo el título de este último tema, pensaremos en canciones que guarden algún tipo de relación con Irlanda o los irlandeses. Espero vuestras propuestas mientras me bebo una (o varias) Guiness a vuestra salud.

lunes, 31 de enero de 2011

Dmitri Korchak, un tenor con futuro


Todos los comentarios que he leído acerca del Eugene Oneguin del Palau de les Arts coinciden en recalcar la excelente labor del joven tenor ruso Dmitri Korchak como Lenski. Ciertamente, en un reparto en el que nadie más destaca para bien ni para mal, Korchak es el único que consigue traspasar la barrera que separa la interpretación mecánica de la partitura del auténtico arte que transmite sentimientos, y lo hace mediante el uso de reguladores y el juego de dinámicas, con unos bellos pianísimos en la segunda estrofa de su aria Kuda, kuda que causan la admiración del público en cada función.

La primera vez que escuche a Dmitri Korchak no fue en directo, sino en un DVD editado en el año 2007, una grabación de una ópera que permanecía sin estrenar pero que es muy recomendable: Il dissoluto punito, ossia Don Giovanni Tenorio, de Ramón Carnicer. Si compré el DVD fue por la curiosidad que me producía escuchar este título, no por el reparto, ya que apenas conocía uno o dos nombres (exceptuando al director, el gran Alberto Zedda) y tampoco me decían gran cosa, pero lo cierto es que quedé muy contento con el resultado y especialmente con el rendimiento de Korchak, que interpreta a Don Giovanni. Vamos a verlo luciendo músculos en un aria de dicha grabación.


Vídeo de hotazzoperastud

Por lo que he podido saber, Korchak lleva cantando desde al menos el año 2002, cuando graba su primer DVD, precisamente un Eugene Oneguin, con la compañía del teatro Novaya Opera de Moscú. Su lanzamiento internacional, sin embargo, llega en el año 2004 cuando gana el concurso Francisco Viñas y obtiene dos premios en Operalia.

Tras verle como Don Giovanni, volví a encontrarme con Korchak, esta vez en directo, cuando su nombre apareció en el cartel de L'Arbore di Diana de Martín y Soler, ópera con la se estrenó en el año 2008 la sala del Palau de les Arts que lleva el nombre del compositor valenciano. Korchak estuvo muy bien, destacando por encima del resto de papeles masculinos, aunque en esta ópera son las mujeres las que de verdad se llevan el gato al agua. Escuchémosle en una de estas funciones valencianas.


Vídeo de cygankvao

Hasta ahora, su carrera se ha basado sobre todo en el belcanto de Rossini, Bellini y Donizetti y en Mozart, aunque la aparición de papeles como Werther de Massenet o Alfredo de La Traviata de Verdi, así como la reciente escucha de su Lenski y la constatación del ensanchamiento que está experimentando su voz, hace presagiar que en el futuro se irá acercando a papeles cada vez más propios de un tenor lírico y menos de un ligero. Según su página web, en la actualidad tiene estos papeles en repertorio (sin contar misas, oratorios y demás):

Bellini V. – La Sonnambula (Elvino)
Bellini V. – I Puritani (Arturo)
Bizet G. – Les Pecheurs de perles (Nadir)
Carnicer R. – Il Dissoluto punito (Don Giovanni)
Donizetti G. – L’Elisir d’amore (Nemorino)
Donizetti G. – Don Pasqualle (Ernesto)
Donizetti G. – Dom Sebastien (Dom Sebastien)
Donizetti G. – La fille du regiment (Tonio)
Donizetti G. – La Favorita (Fernando)
Ibert J. – Persee et Andromede (Persee)
Jomelli N. – Demofoonte (Demofoonte)
Lehar F. – Die Luestige Witwe (Camille de Rossilion)
Martin y Soler V. – L’arbore di Diana (Endimeone)
Massenet J. – Werther (Werther)
Mozart W.-A. – Die Entführung aus dem Seral (Belmonte)
Mozart W.-A. – Cosi fan tutte (Ferrando)
Mozart W.-A. – Die Zauberflöte (Tamino)
Mozart W.-A. – Don Giovanni (Don Ottavio)
Musorgski M. – Boris Godunov (Jurodivy)
Ravel M. – L’Enfant et les sortileges (Thierry, Rainette)
Ricci F.– Corrado d’Altamura (Roggero)
Rimski-Korsakov N.A. – The Snow Maiden (Tsar Berendey)
Rimski-Korsakov N.A. – Mozart & Salieri (Mozart)
Rossini G. – La Gazza Ladra (Gianetto)
Rossini G. – L'equivoco Stravagante (Ermano)
Rossini G. – Il barbiere di Siviglia (Il Conte Almaviva)
Rossini G. – Il viaggio a Reims (Lebenshof)
Straus R. – Der Rosenkavalier (Italian tenor)
Tchaikovsky P. – Evgeny Onegin (Lensky)
Verdi G. – La Traviata (Alfred)
Verdi G. – Falstaff (Fenton)

Como buen belcantista y buen rossiniano, ha sido un asíduo al festival de Pesaro. Vamos a escucharle cantando el aria Vieni fra queste braccia de la ópera La gazza ladra en el festival del 2008.


Vídeo de cygankvao

Y ahora cantando, muy adecuadamente, el himno ruso de Il viaggio a Reims en el 2009 en la Scala de Milán, con la famosa puesta en escena de Luca Ronconi.


Vídeo de signorinaermione

Pero como no sólo de Rossini vive el hombre, terminaremos escuchándole en un concierto de hace sólo tres meses en el que cantó Ella mi fu rapita... Parmi veder le lagrime, la difícil aria del duque de Mantua en Rigoletto.


Vídeo de cygankvao