martes, 27 de marzo de 2012

Nocturno: Girondo, Chopin y Arrau

Nocturno

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.

Oliverio Girondo (Buenos Aires 1891-1967)


Vídeo de capetond

miércoles, 14 de marzo de 2012

Heinrich von Herzogenberg: a la sombra de Brahms

Heinrich von Herzogenberg y su esposa Elisabet


Heinrich Picot de Peccaduc, barón de Herzogenberg (1843-1900), fue un compositor y director de orquesta austríaco. Aunque inició sus estudios musicales atraído por su admiración a Wagner y posteriormente se interesó en la obra de J.S. Bach, el compositor que más le influyó, a quien más admiró y, según sus críticos, a quien más imitó fue a Johannes Brahms. Ambos mantuvieron una relación por correspondencia en la que, dicen quienes han leído sus cartas, Herzogenberg se muestra anhelante por obtener el reconocimiento del maestro, pero Brahms siempre se lo niega, llegando incluso a la crítica feroz. Según apuntan algunas fuentes, el motivo de tanta dureza podría ser el hecho de que Herzogenberg se hubiese casado con Elisabet von Stockhausen, una pupila de Brahms hacia la que éste pudo haberse sentido atraído. Sea cierto o no, hubo que esperar a los últimos días de Brahms para que escribiera que "Herzogenberg es capaz de hacer más que cualquier de los demás". Aún así, para crítica y público Herzogenberg nunca dejó de ser un imitador de Brahms. No ha sido hasta los últimos años del siglo XX, cuando muchas de sus partituras que se creían perdidas desde la II Guerra Mundial aparecieron, que la crítica empezó a olvidar la influencia brahmsiana y a apreciar su música por sí misma. Sus obras corales, herederas directas de las de J.S. Bach, son muy apreciadas en la actualidad, así como sus composiciones camerísticas.

En youtube podéis encontrar su primera sinfonía, obra menor y claramente brahmsiana, su segunda sinfonía, más personal y mejor acabada y su primer y segundo tríos de cuerdas, que beben directamente de las fuentes beethovenianas, pero yo he optado por enlazar su Trío con piano nº1 en Do menor, op.25, compuesto en 1876. Sus cuatro movimientos son los siguientes:
I: Allegro
II: Andante (minuto 10:27)
III: Presto (minuto 19:43)
IV: Lento-Allegro (minuto 25:59)

La interpretación corre a cargo del conjunto Atos Trio. Espero que os guste.


Vídeo de GoldieG89

miércoles, 7 de marzo de 2012

Arias para Helga


Según se está comentando últimamente (podéis leerlo en el Blog de Atticus), el cese de Helga Schmidt como Directora Artística e Intendente del Palau de les Arts de Valencia es inminente. Mientras se hace público, aquí tenemos una selección  de arias dedicada a ella, todas cantadas por cantantes prestigiosas y en activo, que nos servirán para ir ambientando la espera. Disfrutadlas.


Vídeo de ArwenUndomiel7


Vídeo de capitalchina


Vídeo de carosaxone


Vídeo de Arashi110


Onegin65


Vídeo de GrandTier

lunes, 27 de febrero de 2012

Canciones encadenadas XXV: Frío

Tom Waits cerró la anterior serie de canciones encadenadas con su Cold Water. En esta ocasión, escucharemos canciones que tengan como protagonista el frío.

Alfredo abre la serie de canciones frías con esta balada de Bruce Sprinsteen titulada Baby I'm So Cold (Turn The Lights Down Low).


Vídeo de eufrosine22

La elección de Allau es 50 Words For Snow, con autohomenaje en la sexta palabra, de Kate Bush, acompañada por Stephen Fry.


Vídeo de vibesinthesky

Kalamar nos trae a unos refrescantes Rolling Stones cantando She's So Cold.


Vídeo de TatteredTongue1962

Tras un lapsus waitsiano, José Luis elige a Dinah Washington con su Cold, Cold Heart.


Vídeo de RoundMidnightTV

Atticus opta por un clásico de las entradas encadenadas: Bob Dylan cantando Cold Irons Bound.


Vídeo de BobDylanVEVO

Glòria combate el frío en San Remo con Nada y su Ma che fredo fa.


Vídeo de andredj81

Maac repite la canción de Glòria, pero en versión flamenco-pop: Hace frío ya, cantada por Las Grecas.


Vídeo de CarmelaDeLasGrecas

La elección de Joaquim es Les Feuilles Mortes, de Yves Montand.


Vídeo de unamisma

Tras un directo de Yves Montand, Barbebleue nos lleva a otro, esta vez de John Lennon y la Plastic Ono Band, en el que escucharemos Cold Turkey.


Vídeo de John LennonHQ

Teresa elige Quan arriba el fred, una de las primeras canciones de Joan Manuel Serrat.


Vídeo de latieta

Y por último, mi elección es Fifteen Feet Of Pure White Snow, de Nick Cave & The Bad Seeds. Además de ser un pedazo de canción, tiene una coreografía propia que os animo a bailar en vuestras casas.


Vídeo de emimusic

Ya que la primera palabra de esta canción es el número quince,  para la siguiente edición de las canciones encadenadas vamos a buscar canciones que tengan números en su título. Como siempre, aceptaremos canciones en cualquier idioma.

domingo, 19 de febrero de 2012

El Anillo de los nibelungos en dos minutos y medio

Últimamente ando un poco mal de tiempo y no actualizo el blog tanto como me gustaría, pero he encontrado este vídeo que, si os encontráis en la misma situación que yo, os puede resultar muy útil. Si tenéis unos mínimos conocimientos de inglés, con este breve resumen podéis seguir el argumento de El anillo de los nibelungos de Richard Wagner, incluyendo los principales leitmotivs, en menos de tres minutos, con lo que os habréis ahorrado unas dieciséis horas respecto a la versión integral.


Vídeo de Ichiji1

Claro que, si nos conformásemos con el resumen, nos perderíamos fragmentos maravillosos como este, el trío de la venganza de El ocaso de los dioses, que escucharemos con unos intérpretes de lujo, Birgit Nilsson, Gottlob Frich y Dietrich Fischer-Dieskau, en las sesiones de grabación del Anillo dirigido por Georg Solti para Decca.


Vídeo de TerminalEpistaxis

miércoles, 8 de febrero de 2012

Peter Seiffert canta Otello

Haciendo una comparación con la prensa diaria, podría decir que de la actualidad operística sólo leo los titulares. Me entero, a través de blogs principalmente, de lo que pasa en el Real y el Liceu, y algunas veces de si el cantante X está triunfando en el Met o si el cantante Y fue abucheado en la Scala, pero poco más. Me da mucha pereza escuchar la mayoría de las grabaciones que se cuelgan por ahí, prefiero buscarme grabaciones referenciales, aunque sean de hace décadas, y así asegurarme la calidad de lo que escucho. Aun así, de vez en cuando hay algo que despierta mi curiosidad, como es el caso de estos vídeos que os traigo hoy.

El pasado mes de junio tuvimos ocasión de ver al tenor alemán Peter Seiffert cantando el papel de Florestán en el Fidelio de Les Arts. Es un cantante por el que siento una gran simpatía y admiración, y al que tengo especial cariño por varias razones, que van desde que es el intérprete que más me gusta cantando "mi" aria Se all'impero, amici Dei hasta que fue el tenor que cantó en el estreno del Palau de les Arts y el Siegmund del anillo furero. Pues bien, poco después, en octubre, tenía previsto debutar el papel de Otello (el de Verdi) en Zurich, aunque una bronquitis le impidió hacerlo y en su lugar cantó, por decir algo, José Cura. No sé si llegó a cantar en alguna de las funciones, pero sí sé que posteriormente, en enero de este mismo año, tuvo otra oportuinidad de enfrentarse con el terrible papel verdiano en la Wiener Staatsoper, y de esa ocasión sí tenemos registros.

Seiffert afronta el reto de encarnar al moro de Venecia a los 58 años, tras una larga carrera cantando papeles temibles de heldentenor wagneriano con una voz más lírica que heróica, por lo que es comprensible que su interpretación carezca de la vitalidad y la garra que otros intérpretes más jóvenes o con voces de mayor fuste han sabido darle al papel. Pero a pesar del desgaste de la voz (que tampoco es la de un cantante acabado, ni mucho menos: en directo, sólo el vibrato delata su edad) y de ciertas vacilaciones o desajustes, me ha parecido la suya una buena interpretación, que va más allá del simple capricho de incorporar a su repertorio un rol mítico antes de retirarse. Frente a otros intérpretes provenientes del ámbito germánico, sorprende su aceptable dicción y su adecuación estilística. En el cómputo global, no creo que haya muchas más opciones hoy en día para escuchar un buen Otello, con dificultades en las partes de bravura, sí, pero también con matices y detalles de calidad en los pasajes más líricos, así que mi valoración sube por la exclusividad que supone. Sólo lamento que haya tardado tanto en dar este paso, pues se nota que es un papel del que puede sacar más partido con la práctica, pero las mejoras que logre en su interpretación irán unidas al deterioro de la voz debido a la edad del que nadie puede escapar, así que nunca sabremos cómo sería su Otello si hubiese llegado a madurar el papel en su período de mayor esplendor vocal.

Veamos los siguientes vídeos, en los que le acompañan Krasimira Stoyanova como Desdemona y Franz Grundheber como Jago, dirigidos por Dan Ettinger. Fueron grabados en la función del pasado 18 de enero de 2012.

Già nella notte densa


Ora e per sempre, addio - Sì, pel ciel marmoreo giuro!


Niun mi tema

Vídeos de dolchev

sábado, 28 de enero de 2012

Don Giovanni sin chispa en Les Arts

Los aficionados a la ópera somos un público peculiar si nos comparamos con quienes prefieren la música instrumental o los conciertos en los que no está presente el aspecto teatral, tanto en lo escénico como en lo argumental y en lo musical, que sí está presente en las obras pensadas para la escena. Comparativamente somos más apasionados, más vehementes, buscamos que surja esa chispa que nos inflame el espíritu y no nos conformamos con la simple corrección, antes disfrutamos con una interpretación imperfecta pero que en algún momento llegue a conectar con nosotros en un plano más emocional que intelectual. Pues bien, nada de eso sucedió ayer en el estreno de Don Giovanni, con una excepción puntual.

Los encargados de que no surgiera la chispa en ningún momento fueron, principalmente, un Zubin Mehta que se mueve entre el pentagrama mozartiano como un esquimal en el Sahara y un Jonathan Miller cuya labor se resume en una sola palabra: nada. Los cantantes, con la excepción del Don Ottavio de Korchak, tampoco ayudaron a levantar la función.

Zubin Mehta es un director extraordinario, qué duda cabe, y ayer dio prueba de ello consiguiendo sacar unas sonoridiades bellísimas de la orquesta y diseccionando la partitura como sólo un maestro puede hacerlo. Pero la música de Mozart es mucho más: es ritmo, es brío, es ligereza, es alegría, es ganas de vivir. Zubin Mehta no transmitió nada de eso. Además, su falta de visión de conjunto hizo que se echase en falta cierta coherencia entre números, pues la mayoría sonaron demasiado lentos (lo cual es una opción respetable, admirable incluso en manos de directores como Maazel), pero algunos no lo sonaron tanto e incluso otros sufrían de una excesiva aceleración sin que quedara claro por qué. Los cantantes sufrieron estos tempi caprichosos y se produjeron un buen número de desajustes entre el foso y las voces.


Jonathan Miller, por su parte, nos demostró que a veces menos es más: su versión de hace seis años, reducida a causa de un accidente que inutilizó gran parte del escenario, resultó más efectiva de lo que ha demostrado ser al completo. Tres paredes negras, dos bancos de madera en los extremos del escenario, donde contínuamente se sientan los cantantes (lo cual es una falta de respeto al público de los laterales, con visión parcial), un nulo trabajo de iluminación y una inexistente dirección de actores son los elementos que forman esta puesta en escena que hace parecer a la Carmen de Saura buena en comparación. Lo que en 2006 nos pareció una solución de emergencia resultó ser todo lo que había. O sea, nada. Muy merecidamente, Jonathan Miller recibió abucheos por parte de un público que, al menos en parte, demostró no ir sólo a la ópera a lucir visones, como él mismo dijo, sino también a abuchear a farsantes sin talento cuando tiene la oportunidad.

En cuanto a los cantantes, tanto el Don Giovanni de Nicola Ulivieri como el Leporello de David Bizic fueron correctos pero aburridos. Ninguno de los dos destacó por su fraseo, por sus dotes como actor o por poseer una voz extraordinaria. En todo caso, Bizic me pareció algo más interesante, pero entre un Mehta lentísimo y un Miller que le obligó a cantar el aria del catálogo sentado y casi sin poder moverse le impidieron brillar en su momento de mayor lucimiento, el aria del catálogo, que se convirtió en un catálogo de desajustes y entradas a destiempo. Sabemos, porque hace una semana pudimos verle en un vídeo de youtube, que es capaz de mucho más. Sobre Ulivieri, aburridísimo como actor (¿culpa suya o de Miller?) y poco interesante como voz, sólo diré que gracias a él ahora aprecio mucho más el trabajo de Erwin Schrott como Don Giovanni hace seis años.

Zerlina y Masetto fueron interpreados por Rosa Feola y Simon Lim respectivamente. Bien ambos, correctos ambos (mejor ella), pero sigue sin saltar la chispa, seguimos sin salir del gris monótono.
Saldremos, pero para peor, con la Donna Elvira de Sonia Ganassi, una cantante que ha hecho cosas interesantes en el pasado pero que ayer nos mostró una voz deteriorada y un fiato corto que le impedía mantener la línea de canto. Graves forzados y desimpostados (y por tanto, apenas audibles), agudos estridentes, cambios de color en la voz... Mejor, en mi opinión, fue la Donna Anna de la rusa Anna Samuil, aunque creo que muchos no compartirán este punto de vista, a juzgar por los comentarios que se oían durante el entreacto. Su voz no es especialmente grande ni especialmente bonita, pero resulta suficiente en ambos aspectos, algo que no afea un vibrato bastante notorio. Por arriba resulta algo estridente, como Ganassi, y en las agilidades no va muy sobrada, pero acaba sacando el papel adelante y lo hace con algo más de incisividad que todos los comentados anteriormente.


Finalmente, hubos dos cantantes que sí me convencieron del todo: Alexánder Tsymbalyuk, cuyo vozarrón de auténtico bajo ya había sonado anteriormente en Les Arts, causando siempre una buena impresión, y Dmitri Korchak, un tenor que me ha gustado siempre que lo he escuchado y que ayer cantó un Dalla sua pace magnífico, delicado, dominando las medias voces y sacando partido de su belleza tímbrica. Aquí sí, por fin, saltó la chispa, y sólo por eso y porque la música de Mozart es tan sublime que salva cualquier dificultad, valió la pena asistir anoche a este Don Giovanni.

Mención especial para el breve texto incluido en el programa de mano (ya era hora de que se incluyera algo que no fuera la sinopsis de la ópera y las biografías de los cantantes) en el que Helga Schmidt nos informa de que en el Palau de les Arts son ajenos a la "moda" (sic) de añadir florituras y adornos a las interpretaciones de Mozart y pretenden "mantener la pureza de la música de Mozart, respetando escrupulosamente la partitura". Dice que su intención es seguir la línea de maestros mozartianos como Furtwängler, Böhm y Karajan, lo que es una forma de decir que se pasan a Gardiner, Harnoncourt y Jacobs, entre otros, por el arco del triunfo. A mí me gusta mucho el Mozart de estos tres últimos, tanto que hasta soporto las voces imposibles que suele buscarse Jacobs para elaborar sus repartos, así que esta vuelta al pasado de doña Helga no me convence pero tampoco me extraña, teniendo en cuenta sus últimas declaraciones en las que defiende volver al repertorio más trillado para sortear la crisis. Lo que sí me sorprende es que intente vendernos ese retorno al Mozart decimonónico vienés como una lectura depurada y respetuosa de la partitura, cuando lo cierto es que para ser de verdad respetuoso al cien por cien haría falta contar con instrumentos originales y ofrecer una de las dos versiones de la partitura que se estrenaron en tiempos de Mozart, la de Praga (sin las arias Dalla sua pace y Mi tradì quell'alma ingrata) o la de Viena (sin Il mio tesoro y con el añadido del dúo entre Leporello y Zerlina Per queste tue manine). Jacobs, sin ir más lejos, ofrece la versión de Praga en sus grabaciones en CD y DVD. No es que me parezca mal fundirlas, es más, me parece muy bien porque prefiero tener las dos arias de Don Ottavio y prescindir del dúo Per queste tue manine, pero entonces la tan cacareada pureza y el respeto a la partitura ya no existen, diga Helga lo que diga, y lo que se interpreta es una versión manipulada del original mozartiano.