martes, 19 de febrero de 2008

El Otello de Toscanini

Por tercera vez en la corta vida de este blog aparece por aquí el Otello de Verdi, una de mis óperas favoritas. En esta ocasión, la excusa para revisitarlo es la reciente re-edición de una de las versiones legendarias de esta ópera, la que dirigió Arturo Toscanini en 1947, en el sello Naxos a un precio tan bajo como viene siendo habitual. El sonido es muy bueno para la época y para tratarse de una copia realizada de una retransmisión radiofónica que incluye la presentación y sinopsis de cada acto a cargo de un locutor de la NBC.

Lo mejor del disco es, sin duda, la vivísima dirección de Toscanini. Joseph Horowitz, biógrafo del director, define esta grabación como "la que mejor captura el impacto revolucionario de Toscanini en el foso", haciendo de ésta la mejor de las óperas que grabó para la NBC. Según Horowitz, Toscanini "aprieta las tuercas implacablemente, trazando un descenso contínuo hacia una desgracia mayor que sus víctimas". Recordemos que Toscanini era el segundo chelo en la orquesta de la Scala de Milán cuando se estrenó Otello y como tal recibió indicaciones del propio Verdi.

En el papel titular tenemos al chileno Ramón Vinay, uno de los más grandes intérpretes del moro y un cantante de peculiar trayectoria. Inició su carrera como barítono en 1931, pero en 1943, después de años de concienzudo estudio con el tenor René Maison, se pasó a la cuerda de tenor, destacando en el rol de Otello y en papeles wagnerianos, lo que le convertiría en un habitual del festival de Bayreuth. A partir de 1962, Vinay volvió a su tesitura inicial de barítono, en la que permanecería hasta su retirada diez años después. ¿Nos encontramos pues ante un tenor o ante un barítono? Lauri-Volpi, en su libro Voces paralelas contesta: "El barítono es barítono y no puede superar la tesitura que exige claridad y squillo sin perjudicar el órgano canoro". Pero mejor escuchemos y formémonos nuestra propia opinión. Aquí está su Dio! Mi potevi scagliar.


En mi opinión, Vinay nunca fue un auténtico tenor, sino un barítono cantando de tenor. Las crónicas de la época nos hablan de una figura de alto voltaje dramático, capaz de hipnotizar al público y superar gracias a su actuación los escollos que la partitura le ponía a su poco adecuada voz. En cualquier caso, fue sin duda el Otello de los años cuarenta y se adueñó del papel hasta que Mario del Monaco tomó el relevo una década más tarde.

Giuseppe Valdengo, cuya muerte lamentábamos el año pasado, canta aquí el papel de Iago. Valdengo fue el barítono que Toscanini eligió no sólo para esta grabación, sino también para Aida y Falstaff. Las razones de Toscanini para elegirle quedan claras en cuanto se le escucha: nos encontramos ante uno de esos raros casos en los que en un cantante se une el buen canto con la intención dramática sin que ninguno de los dos factores sirva para tapar la carencia del otro. Escuchemos su Credo.

El papel de Desdemona es interpretado por la soprano Herva Nelli, nacida en Florencia pero criada en los EEUU, otra colaboradora habitual de Toscanini. Su timbre es relativamente bello y su canto es fluido y elegante, algo especialmente destacable en una soprano que tenía en papeles más pesados, como Aida, su caballo de batalla. Según mis datos nunca cantó en Europa, aunque tuvo una larga carrera en toda América y fue habitual del Metropolitan entre 1953 y 1961. Tras su retirada, se convirtió en una afamada cocinera. Pasemos a escuchar su Ave Maria.

sábado, 16 de febrero de 2008

Sarasate por Sarasate

Qué grande es el youtube. Uno entra buscando cualquier cosa y acaba encontrando un documento sonoro que ni siquiera sabía que existía. Pablo de Sarasate, el famoso violinista navarro cuyo virtuosismo hizo que se le comparara con Paganini, tocando su pieza Aires Gitanos (Zigeunerweisen) en 1904. Por desgracia, falta el movimiento lento, supongo que debido a las limitaciones de la tecnología de grabación de la época. El sonido es débil, pero suficiente para apreciar la genialidad de Sarasate.


Vídeo de aimson
Aquí está la pieza completa interpretada por el gran Itzhak Perlman.


Vídeo de lapetiteTul

miércoles, 13 de febrero de 2008

White Light / White Heat - The Velvet Underground (II)

Un año después de que su primer disco saliera a la venta, The Velvet Underground decide cortar su relación con Andy Warhol, cuyo interés por la banda había decrecido y dejar de contar con Nico como cantante. Ésta inició una carrera en solitario en la que contó con la ayuda de Lou Reed y John Cale. El segundo disco de la banda, grabado y publicado en 1968, es una apuesta por los sonidos más radicales, distorsionados y ruidosos. Las canciones son aún más experimentales que en la primera grabación, incorporando la atonalidad, fragmentos recitados y ruidos de todo tipo. La duración de las canciones era muy extensa, sobre todo teniendo en cuenta que el rock progresivo y los solos de guitarra interminables aún no existían en aquella época. Sister Ray, la canción que cierra el disco, dura más de diecisiete minutos. En directo podía llegar a durar más de media hora. Escuchemos la canción que da título al disco, White Light / White Heat, en la que se describen los efectos de la anfetamina, droga bajo cuyos efectos Reed y Cale se encontraban la mayor parte del tiempo durante la composición y grabación del disco.



Vídeo de foreverWHOfan

Pasamos a escuchar Lady Godiva's Operation. La canción empieza con la voz de Cale, pero a medida que avanza, Reed va acabando los versos que él empieza. La unión entre las voces es abrupta, pero en este disco casi todo lo es. Al fin y al cabo, Cale lo definió como "anti-belleza consciente".



Vídeo de VelvetDoor

Si su anterior disco había fracasado en las listas de ventas, con éste la suerte no fue distinta: sólo estuvieron una semana entre los 200 discos más vendidos y fue en el número 199. Tras la grabación de White Light/White Heat, Lou Reed comunicó a la banda que no estaba dispuesto a seguir junto a John Cale y que debían elegir entre uno de los dos. Según se comentó, Reed sentía celos ante los conocimientos musicales de John Cale. Moe Tucker y Sterling Morrison eligieron a Reed y Cale abandonó The Velvet Underground. Con él se fue la experimentación, la viola eléctrica, el atonalismo y el ruido. También se fue gran parte del carisma de la banda, pero los que se quedaron aún fueron capaces de dejarnos otros dos grandes discos.

lunes, 11 de febrero de 2008

Esponsales en el monasterio, una comedia a la rusa

La ópera Esponsales en el monasterio de Sergei Prokofiev se despidió ayer del Palau de les Arts de Valencia con una función muy divertida, bien cantada y con una puesta en escena bella y eficiente. El público, al parecer, prefirió ir al fútbol y el Palau se quedó medio vacío, algo especialmente notable en los pisos superiores y en los laterales, que quedaron totalmente vacíos. En parte lo entiendo, ver ganar al Valencia es algo que pasa muy pocas veces (jijijiji), pero los que decidieron no asistir se perdieron un gran espectáculo, de los más redondos que se han visto en el Palau. Para empezar, la producción de Daniel Slater para el festival de Glyndebourne destaca por lo bien que resuelve los cambios de escena, con unos paneles móviles que nos hacen pasar de un exterior a un interior en apenas unos segundos y por lo acertado de su estética, cláramente bufa pero sin caer en la exageración, colorista sin llegar al empacho y sobre todo muy respetuosa con el movimiento de los cantantes, que parecieron encontrarse muy cómodos en el escenario.

Quien también se preocupó de que los cantantes estuvieran cómodos fue el director Dmitri Jurowski, que controló en todo momento el volumen de la orquesta para que nadie quedase tapado. En todo caso, se podría criticar una falta de brillo, sobre todo comparado con el sonido que suele sacarle Maazel, pero aún así me gustó mucho su dirección. Entre los cantantes, todos ellos correctos en lo vocal y en lo actoral, algo muy importante en una comedia, destacaría a Vladímir Matorin en el papel de Mendoza y a Liubov Petrova como Luisa. Ambos fueron los más aplaudidos y braveados de la noche, junto con Jurowski.


En general una gran oportunidad de escuchar una ópera poco habitual que suele gustar a todo el mundo, tanto por sus bellísimos momentos líricos a cargo de los jóvenes enamorados como por las situaciones cómicas, entre las que destacaría el encuentro entre la dueña y Mendoza que causó la carcajada general en más de una ocasión. De hecho, fue bonito ver como la inicial frialdad del público ante una obra desconocida (y encima en ruso) iba perdiéndose a medida que se sucedían las escenas. Para cuando llegó la divertidísima escena final, el director y los cantantes ya se habían metido al público en el bolsillo.

viernes, 8 de febrero de 2008

Carlos Kleiber

Posiblemente el director más controvertido del siglo XX, Carlos Kleiber (1930-2004) fue tan famoso por sus excentricidades como por su increible talento. Su carrera fue un caso único: Su padre, el famoso director Erich Kleiber, se opuso ferozmente a que se dedicara a la dirección. Tras conseguirlo por su cuenta, rechazó desde muy joven ser director titular de las muchas prestigiosas orquestas que se lo ofrecieron, prefiriendo ser un director freelance. Trabajaba poco, una media de diez compromisos al año. Grabó aún menos, apenas trece discos oficiales, y a lo largo de toda su carrera sólo dirigió ocho óperas: La Bohéme, Otello, Carmen, Tristán e Isolda, Der Freischütz, Elektra, El caballero de la rosa y Wozzeck. Cada aparición suya (cuando aparecía, eran famosas sus rupturas de contratos) era un acontecimiento. Kleiber era un perfeccionista con una habilidad natural para entender la música y para moldear el sonido orquestal, lo que lograba tras largos ensayos, casi siempre a puerta cerrada, en los que se encargaba de pulir hasta el menor aspecto de la partitura sin dejar nada a la improvisación. Sin embargo, no era un dictador, sino que dialogaba con cada miembro de la orquesta hasta conseguir un resultado satisfactorio para todos. Dicen algunos de los músicos a los que dirigió que un ensayo con él era más instructivo que toda una carrera en el conservatorio. En youtube podéis encontrar fragmentos de un ensayo suyo con la Südfunk-Sinfonieorchester como éste de la obertura de El murciélago, de Johann Strauss II:


Vídeo de raychuan

Carlos Kleiber era uno de esos directores a los que el espectador de sus conciertos no podía dejar de mirar. Sus movimientos en el podio forman parte de la leyenda, se dejaba llevar por la música y transmitía su energía a los músicos con apenas un gesto de su mano derecha y una mirada. Una de sus excentricidades era dirigir largos pasajes con la mano izquierda en el bolsillo o apoyada en la barra trasera del podio. Hoy podemos ver también la expresión de su cara en algunos vídeos y comprobar cómo era capaz de vivir la música. Valga como ejemplo esta obertura Coriolano de Beethoven con la Bayerische Staatsorchester:


Vídeo de MahaKrisna

Una de las obras dirigidas por Kleiber que más he disfrutado ha sido el Otello de Verdi con Domingo, Freni y Cappuccilli que inauguró la temporada de la Scala de Milán en 1976. El inicio de la ópera, que veremos a continuación, tiene una fuerza tremenda. En la grabación (pirata) se puede escuchar como, tras el entreacto, un grupo de loggionisti exaltados (y sordos, supongo) recrimina a gritos a Kleiber su falta de estilo. Luego nos quieren vender la moto de que los loggionisti son los guardianes de las esencias operísticas. ¿Pero cómo alguien puede ponerle pegas a ésto?


Vídeo de wagnerianman
Para más información acerca de Carlos Kleiber, os recomiendo este artículo de Pablo Ransanz Martínez en Filomúsica.

martes, 5 de febrero de 2008

The Velvet Underground (I)

The Velvet Underground es para mí y para muchos el mejor grupo de la historia de la música pop, rock o como queráis llamarlo. En él se unió al talento de Lou Reed, quien luego seguiría una interesante carrera en solitario (con altibajos, eso sí) al interés por los experimentos musicales de John Cale, multi-instrumentista galés instalado en Nueva York para convertirse en alumno del compositor John Cage. La primera formación la completaban Sterling Morrison y Moe Tucker. Nunca tuvieron éxito comercial, pero fueron posiblemente el grupo más influyente de su época.

A mediados de los años 60, Reed trabajaba como compositor de hits para la discográfica Pickwick Records. La estrategia de esta compañía era formar grupos con músicos profesionales que tocaran esos hits para luego disolverlos. Fue en una de esas bandas artificiales donde Lou Reed y John Cale se conocieron y decidieron formar un grupo juntos, grupo que tras varios cambios de nombre y formación acabaría siendo The Velvet Underground.



Cuando Andy Warhol decidió que sería una buena idea tener una banda de rock en la Factory, ellos fueron los elegidos. Gracias a Warhol pudieron grabar su primer disco, para el que además diseñó la mítica y escandalosa portada del plátano al que se le podía despegar la piel para ver un interior de color rosa. Eso sí, Warhol les forzó a incluir a la modelo alemana Nico en el grupo como cantante en algunas de las canciones de su primer disco, como por ejemplo en la que pasamos a escuchar, I'll be your mirror:


Vídeo de Hisautumnrain

Nico puso voz a las canciones más melodiosas (Femme Fatale, All Tomorrow's Parties) mientras que Lou Reed se reservaba las más descarnadas (Heroin, I'm Waiting for the Man) o las más vanguardistas (European Son, Black Angel's Death Song). Escuchemos ahora a Lou Reed cantando Venus in Furs:


Vídeo de 2000Intentions

El disco tardó apenas unos días en ser grabado, pero su salida se retrasó más de un año debido a la negativa de las discográficas a comercializarlo. Al final fue Verve, una subsidiaria de MGM la que se atrevió, aunque la promoción fue nula y el disco sólo alcanzó el puesto 171 en las listas de ventas. Hoy en día, los ejemplares originales de este disco son objetos de colección y alcanzan precios muy altos en las subastas.

sábado, 2 de febrero de 2008

Sergei Lemeshev

Sin palabras. Ésto es cantar bien.

MARTA (Flotow) -En ruso

Vídeo de slawa2007

CHE GELIDA MANINA (La Boheme, Puccini) -En ruso

Vídeo de futumodcord

KUDA, KUDA (Eugen Onegin, Chaikovski)

Vídeo de arcloq66