Vídeos de moti013
viernes, 19 de marzo de 2010
Segundo concierto para piano de Aharon Harlap, con Omer Wellber
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lunes, 15 de marzo de 2010
Charles Ives: The Unanswered Question

Jan Swafford, biógrafo de Ives, la define como "una especie de collage en tres niveles distintos, coordinados ásperamente". Esos tres niveles son un cuarteto de cuerdas, que representan, en palabras del propio Ives "el silencio de los druidas, que no saben, no ven, ni oyen nada"; una trompeta sola que lanza en siete ocasiones "la perenne pregunta de la existencia" y un cuarteto de maderas que buscan "la respuesta invisible", aunque acaban abandonando la búsqueda, de forma que es el silencio quien acaba contestando. Cada uno de los tres niveles tiene su propio tempo y su propia tonalidad. El conjunto resultante fue definido por Ives como "un paisaje cósmico". Es apreciable en esta y otras de sus obras la influencia que sobre Charles Ives tuvieron los trascendentalistas de Nueva Inglaterra, Emerson y Thoreau.
Leonard Bernstein, quien dirigió esta obra en numerosas ocasiones e incluso le dedicó una serie de conferencias en la Universidad de Harvard, dijo sobre ella en 1967:
Ives asigna la «pregunta» a un solo de trompeta que la entona seis veces por separado. Y cada vez que la da, llega una respuesta o una tentativa de respuesta, por parte de un grupo de maderas. La primera respuesta es muy indefinida y lenta; la segunda un poco más rápida, la tercera aún más rápida, y para el momento en que se da la sexta es tan rápida, que parece un salvaje farfullar. Las maderas —que se dice que representan nuestras respuestas humanas— crecen en intensidad, cada vez más impacientes y desesperadas, hasta perder todo su significado. Y durante todo este tiempo, desde el mismo inicio ciertamente, las cuerdas han estado tocando su propia música por separado, infinitamente suave, lenta y sostenida, sin jamás cambiar, sin nunca intensificarse para ser más fuerte o más rápida, sin nunca verse afectada de ningún modo por esa extraña pregunta ni por el diálogo entre la trompeta y las maderas.
Vamos a escuchar The Unanswered Question tal y como la tocó la Filarmónica de La Scala de Milán con la dirección de Gustavo Dudamel. Siguiendo las indicaciones del compositor, la trompeta está separada de las maderas, tan separada que está en un palco. Lástima de los aplaudidores precoces que rompen la magia del silencio final.
Vídeo de gab1279
viernes, 12 de marzo de 2010
Canciones encadenadas VI: Clown
En la última entrada dedicada a las canciones encadenadas acabamos escuchando All tomorrow's parties de The Velvet Underground, donde nos quedamos con el verso "She'll turn once more to Sunday's clown". Seguimos ahora el juego con canciones en las que se haga mención a un payaso, esos extraños seres temidos por los niños y aborrecidos por los adultos.Vídeo de judygarlandmusic
Vídeo de misodread
Vídeo de kblaise
Vídeo de 753jesica357
Vídeo de lee57
Vídeo de frostysnowbro
La canción que Dean Stockwell canta para disfrute de Dennis Hopper es In Dreams, de Roy Orbison, cuyo primer verso dice: "A candy colored clown they call the sandman". Aquí la tenemos completa:
Vídeo de petervee60
Como Roy Orbison canta "I close my eyes", vamos a dedicar el próximo eslabón de la cadena a la palabra eyes.
martes, 9 de marzo de 2010
Ilija Jossifov canta Kuda, kuda

Escuchemos su Kuda, kuda.
Vídeo de amlirco
viernes, 5 de marzo de 2010
Schnittke: (No) el sueño de una noche de verano

Vídeos de Wellesz
(K)ein Sommernachtstraum (No basada en Shakespeare), para orquesta.
“La pieza debería interpretarse en el marco de un concierto shakespeariano, aunque no haya en ella una conexión directa con Shakespeare. Sin embargo no es esa la razón por la que se titula (K)ein Sommernachtstraum (“(No) El sueño de una noche de verano”). Y eso es todo lo que cabe decir sobre mi rondó con aires de Mozart-Schubert”.
Uno tiene que querer a un compositor que habla sobre su música de forma tan enmarañada, llevándose la contraria a si mismo, especialmente si habla de una pieza tan provocativa –hay quien dice odiosa- como (K)ein Sommernachtstraum. Sin embargo Schnittke a menudo compone igual que escribe –como una serie de negaciones que se van cancelando unas a otras. El material se desarrolla a partir del combate y la inversión, de los aterradores agujeros de entre medio del propio material, del mensaje ambiguo que se lee entre líneas.
Este “mensaje ambiguo” en (K)ein Sommernachtstraum está inspirado, como dijo Schnittke más arriba, por Mozart y Schubert –pero no del todo. Schnittke añade: “Me gustaría aclarar que no robé todas las “antigüedades” de esta pieza. Las falsifiqué.” Este falso clasicismo vienés flota libremente por sus obras de finales de los 70 y los 80. Algunas obras llevan la marca de los falsos Mozart-Schubert como una herida letal, por ejemplo el Concierto para violín nº4 y el Concierto para viola y orquesta; otras obras, como su famoso Trio para cuerdas, se instalan completamente en el complejo Mozart-Schubert como un okupa en un edificio en ruinas.
En el caso de (K)ein Sommernachtstraum, Schnittke había compuesto la estructura principal un año antes, como un Gratulationsrondo (Rondó de felicitación) para violín y piano, con motivo del quincuagésimo cumpleaños de su amigo el violinista Mark Lubotsky. Esta pequeña obra de cámara puede pasar casi perfectamente como un movimiento sonata-rondó de la década de 1870, con unos pegadizos temas primario y secundario, un desarrollo, modulaciones “ideales” y una recapitulación completa.
Sin embargo no todo encaja: bajo la superficie del rondó, Schnittke marca esta obra como una falsificación, con quintas paralelas, líneas de bajos congestionadas, extraños cambios de tonalidades mayores y menores y otros recursos. Y son estas señas de lo falsificado las que fermentan y forman el cóctel Molotov de (K)ein Sommernachtstraum. Con la ayuda de una gran orquesta, Schnittke magnifica las grietas de su máscara clasicista; las pequeñas fisuras se convierten en grandes agujeros, rellenados con disonancias de lo más estridente e inapropiado y con agobiantes aglomeraciones de temas y motivos. Las sólidas melodías del siglo XVIII viran hacia obscenas y maliciosas marchas circenses; los solos provienen de solistas nunca vistos; las modulaciones ocurren en cinco tonalidades simultáneamente. El conjunto apesta a carnaval y al intento del carnaval de poner el mundo literalmente patas arriba.
Pero los carnavales son también muy divertidos, y Schnittke consigue caminar sobre la línea que separa el horror y el humor. La atmósfera le trae a uno recuerdos de El aprendiz de brujo –no la obra del compositor Paul Dukas, sino la animación que Disney realizó sobre ella para su película Fantasía, en la que una escoba cobra vida, se multiplica sin control y pasa de ser una simpática criatura a una monstruosa amenaza creciente.
Inevitablemente, todo desemboca en un desastre –debes pagar por la diversión- y (K)ein Sommernachtstraum alcanza su clímax con un desagradable manchurrón de acordes en clúster y cascabeles, tras lo cual la melodía inicial vuelve, trayendo consigo un profundo trauma. El efecto de esta pieza (su “qué”) está tan claro como una señal de stop, y ciertamente explica hasta cierto punto la popularidad de Schnittke. Pero entender el “por qué” de una pieza como esta no es tan simple; Schnittke ha confesado repetidas veces que le gusta la música que parodia, especialmente ese sonido “Mozart-Schubert”. Quizás su protesta no vaya dirigida contra la música en sí misma, sino contra el mundo que la utiliza, un mundo mucho más dañino que los propios pastiches atrevidos de Schnittke.
lunes, 1 de marzo de 2010
La novia vendida en el Palau de les Arts: Correcta, entretenida y ¿comunista?

En general, una obra entretenida, ejecutada con corrección, que permite al público pasar un buen rato a pesar de una puesta en escena que no le hace ningún favor.
viernes, 26 de febrero de 2010
Omer Meir Wellber y Gianandrea Noseda: el futuro del Palau de les Arts

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